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jueves, 31 de agosto de 2017

CUSCO.



CUZCO (CUSCO).

DATOS DE INTERÉS

FUE DECLARADA LA CIUDAD PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD EN 1983. ESTÁ UBICADA CUSCO EN EL VALLE DEL RÍO HUATAYANAY. ES MAGNÍFICA SU PLAZA DE ARMAS O “HAUKAYPATA”, DEL QUECHUA: “LUGAR DE LLANTO”.




Una ciudad realmente interesante, bonita, plagada de acicates, donde puedo derrochar sin temor epítetos encomiásticos (elogiosos). Cusco merece una amplia visita. A través de estas líneas trataré de prestigiar lo más prominente (destacable). He venido distraído por el camino reparando en unas formaciones líticas, o sea, de piedra, que surgen colocadas sobre algunas cimas de colinas, oteros, montes bajos. Son las llamadas “Apachetas”, y si están ahí es porque la elevación en cuestión, esa montaña, es sagrada. Al igual que en Lima vuelvo a sumergirme en una jungla metálica de cláxones furibundos y tráfico denso, como un océano de “carros”, como ellos dicen, vehículos, coches. Mis primeros pasos se dirigen a la Avenida del Sol. 


 Es una delicia callejear por aquí, explorar la Plazoleta del Espinar, la Calle Marqués o la Plaza de San Francisco. Esta última en cuestión formó parte de la explanada de Cusipata. En los años 70 se consolidaría como verdadero eje de unión entre el casco histórico y el mercado de San Pedro. Ahí mismo está el añoso pero interesante convento de Santa Clara, pero yo, movido por aspiraciones más mundanas que espirituales en esta ocasión, paso de largo para acercarme hasta el mercado antes mencionado. Autóctono y laberíntico, es un placer moverse por este entorno comercial y observar un día como otro cualquiera en la vida de los cusqueños. Como está cubierto, los rigores del verano no afectan al visitante con calores de desierto asiático. Hay toda suerte de género a la venta: textiles, comida, cientos de puestos que venden de todo. La cosa prosigue por esta senda consumista en las calles Nueva y Trinitarias. Caminando por esas calles cusqueñas contemplo en la acera de enfrente un maravilloso mural de pura temática inca con predominio de dibujos e imágenes que hablan de batallas campales. Si el visitante aún no ha llegado a la frontera conocida del hartazgo comercial, puede prolongar tal actividad en el Centro Artesanal de Qoricancha (“Recinto de oro”), un macro-mercado de artesanía de productos locales. 



 Cerca de mi hotel me llama la atención un precioso edificio blanco que no alcanzo a colegir qué diantres pueda ser. Una persona sentada en una escalinata frente al edificio me dice que se trata del Palacio de Justicia.

Ahí mismo reparo después en un precioso mural mosaico con el plano de la ciudad. 


Ahora sí es tiempo ya de ponernos espirituales. Por ello me acerco hasta la iglesia de Santo Domingo, construida en estilo inca imperial. La entrada vale 15 soles, pero merece la pena. La oscura muralla que sustenta el convento es una maravilla como construcción o concepción en sí misma. Exuda por cada poro sus orígenes incas. 


 


Queda espacialmente manifiesto en ese claustro fantástico que me recibe, con esos muros eternos de piedras perfectamente encajadas sin apoyo de argamasa. Tres estilos conviven en feliz armonía: colonial, moderno e inca. Por los resquicios de esas moles no entra ni una aguja. Los incas los construían para honrar y venerar a sus deidades: el Sol, la Luna, el rayo y el arco iris. Para finalizar la visita, sube al alucinante mirador. Desde allí disfrutarás de unas vistas panorámicas excelentes.


Mi siguiente parada me llevará hasta el parque arqueológico de Saqsaywaman. Más de 30 puntos calientes de temática arqueológica, centros que respiran por cada poro un pedacito de historia vetusta. Espacioso y hermoso, interesante y mágico como un “cocedero” telúrico. La explanada donde me hallo está dispuesta en terrazas sobre someras colinas. En este espacio tan generoso en amplitud se celebra anualmente la fiesta del Sol, que convoca a unos 20000 visitantes. La ceremonia dura unas dos horas y se representan bailes, pases, desfiles, etc, todo enmarcado bajo el prisma de la tradición, trajes tradicionales y respeto al acervo cultural.




Las piedras que conforman los muros de estas ruinas son titánicas; me cuesta deglutir sin queja alguna la épica teoría de los forzudos hombres que tiraban de ellas, cada una pesa unas 50 toneladas, y que las encajaban unas sobre otras con precisión milimétrica. 

  


A día de hoy harían falta las mejores grúas de marchamo alemán para semejante proeza. Están colocadas en zigzag y a tres niveles: el superior o mundo de lo espiritual, los cielos del cóndor, el nivel medio, donde se mueve el puma, y por último el inferior, el reino de la serpiente. En la misma línea dos centros arqueológicos de análogas características. 

DATOS DE INTERÉS 

TAMBOMACHAY, DEL QUECHUA, TAMPU (ALOJAMIENTO COLECTIVO) Y MA´CHAI (LUGAR DE DESCANSO). OTRAS REFERENCIAS APUNTAN QUE LA PALABRA MACHAY HACE ALUSIÓN A LAS "CAVERNAS", TÉRMINO QUE PARECE CIRCUNSCRIBIRSE CON MAYOR FIDELIDAD A ESTE ENTORNO ROCOSO DONDE SEGÚN LAS TRADICIONES INDÍGENAS SE PRACTICABAN RITUALES RELIGIOSOS O MÁGICOS Y QUE ADEMÁS ERAN LUGAR DE CULTO, REUNIÓN Y VENERACIÓN. TAMBOMACHAY FUE EL BALNEARIO DEL INCA YUPANQUI Y EN AQUELLA ÉPOCA SUPUSO UNO DE LOS PRINCIPALES BALUARTES DEFENSIVOS DEL VALLE DEL CUSCO.

El templo de Tambomachay, un recinto concebido para el descanso de quienes emprendían el camino del inca hacia el Machu Picchu. El agua que mana de este lugar jamás merma en caudal ni volumen. Unas puertas gemelas representan la dualidad y en el nivel superior están impresos los cuatro elementos esenciales: tierra, aire, agua y fuego.



 Concluyo con mi visita al Quenqo o “túnel, laberinto en zigzag”. Magnífico mirador el que me sale al paso de esta cámara subterránea, concebida para sacrificios rituales de niños para la Pachamama o “Madre Tierra”. Niños, pues estos simbolizan la pureza. Se accede al altar, después de esperar durante muchos minutos a que lo haga la marabunta turística, a través de una grieta u oquedad en la roca y un pasadizo. La oscuridad me circuye y es difícil vislumbrar el ara o altar de sacrificios.







jueves, 24 de agosto de 2017

PUNO



PUNO

DATOS DE INTERÉS

PLAZA DE ARMAS DE PUNO. 1668. EL CONDE DE LEMOS FUNDA LA VILLA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN Y SAN CARLOS DE PUNO. EN ÉPOCA PREHISTÓRICA ESTE LUGAR O ENCLAVE SERÍA DENOMINADO "PUÑUY" O "PARAJE DE ENSUEÑO". EN EL CENTRO DE LA PLAZA PODEMOS VER AL HÉROE PERUANO EN LA BATALLA DE ARICA, FRANCESCO BOLOGNESI, QUIEN LUCHÓ EN LA CONTIENDA CONTRA EL EJÉRCITO DE CHILE. LA PLAZA ES OBRA DEL ARQUITECTO SIMÓN DE ASTO. ES CONSIDERADA PUERTA DE ENTRADA AL LAGO TITICACA Y DENOMINADA "CAPITAL DEL FOLCLORE".




Llego a una villa con bastante animación y tinturas evidentes de trazado turístico. Fundada en 1668, Puno está a unos 3827 metros sobre el nivel del mar, a orillas del Titicaca, en la meseta del Collao. Con la mirada busco la presencia inevitable del lago titicaca y esas curiosas embarcaciones turísticas, un tanto extravagantes, que se fabrican con totora. Me recibe jubilosa la Plaza de armas, donde destaca la catedral del año 1747 erigida por el arquitecto Simón de Asto. Aunque la luz parece reacia a colarse por sus muros añosos, parte de su esplendor parece querer quedarse alojado y residente en su fachada, así como en los altares, que reclaman mi atención. Puno es coqueto y bonito, sin aspiraciones épicas. De ello son testigos la plaza y el palacio de justicia de portada carmesí. Bonita, discreta en su belleza, sin traza alguna de vanidad. Sobre un púlpito con sueños de grandeza adheridos a su ornamentación dorada, se erige muy fatuo el héroe Francisco Bolognesi. Una marea humana se dirige errática hacia la calle Lima, donde proliferan las tiendas y locales para la manduca (comer). Un aspecto de esta ciudad, que no es exclusiva, que descubro a cada momento como si fueran las pústulas de una epidemia, es el estado deplorable de algunas viviendas inacabadas. Les faltan los techos, recubrimientos en fachadas, etc… No se trata de un despiste imperdonable ni de una guarnición de albañiles muy gandumbas (vagos, perezosos) que hayan descuidado sus labores. La explicación es bien diferente. Presuntamente son casas en estado de construcción, sin habitar, sin registrar, futuros hogares con clanes familiares que han de llegar. Esa es la “leyenda”. La realidad nos cuenta que quienes viven ahí prefieren dejar sus moradas inacabadas para así evitar
el pago de impuestos. La imagen en sí misma me recuerda un poco a los escenarios post apocalípticos de la mítica película “Mad Max”. Nos rodea una turba humana que se dirige a alguna parte, como hormigas en un banquete nupcial. También las motos-taxi, que son “cajas de cerillas” por liliputienses (enanas), o sea, transportes públicos donde uno puede moverse por la ciudad como si fuese una sardina enlatada.


Singular también son unas inscripciones enormes en las cumbres montañosas. Después de conjeturas dispares la exégesis o explicación sale a la luz muy cristalina y esclarecedora. Los lemas allí expuestos no son otra cosa que propaganda de colegios,
institutos, nada que ver con proclamas ni salmos bíblicos ni temas de trascendencia social o ecuménica (mundial).

Un cambio de rumbo radical me asoma ya a los balcones naturales de La Raya (4335 metros sobre el mar). Paisajes de póster con cumbres albinas cubiertas de nieves eternas. 



Puedo imaginar la edad de estas montañas observando sus cicatrices y arrugas rojizas y pardas. A lo lejos nos observan los “apus” o cordilleras sagradas y la cumbre del Chimboya. Acaso en esta parte del viaje tiene más sentido experimentar en todos los poros de tu piel la idea de la “Pachamama” o “madre tierra”. 



 Antes hablaba de las casas inacabadas, que son una pauta rutinaria en el paisaje, así como las pequeñas estatuas de toros en los tejados, simbolismo de la fortaleza, el trabajo duro y la cooperación o solidaridad, reciprocidad en las labores más arduas, un poco la idea de: “Hoy por ti, mañana por mí”. Y para concluir la jornada, una travesía por carretera un tanto alocada que puso en cuestión el manual de normas obligatorias de circulación, quienes viajaron conmigo ese día sabrán a que me refiero, para llegar “in extremis” a la maravillosa e imprescindible “Capilla Sixtina” andina, la iglesia parroquial de Andahuaylillas, (1618).

Una huelga de profesores nos retuvo en carretera una hora aproximadamente. Esto se me antoja incluso peor que los soroches o “males de altura”. No avanzamos, la huelga es legítima y hasta estoy de acuerdo con ellos, pero mientras debaten y unos policías retiran del camino unas rocas monumentales, yo rezo para que nuestro periplo siga adelante sin más demoras. Estamos detenidos en Sicuani, una población muy destartalada donde las casas sin terminar y la precariedad son el “dialecto” más común a la vista.


IGLESIA DE SAN PEDRO EN ANDAHUAYLILLAS




Dedicada a Santiago apóstol, es una maravilla barroca y mudéjar, espectacular, difícil de describir en ornamentos y colorido. Por todas partes descubro parábolas celestiales e infernales. Huele a madera inveterada que adquiere vestiduras policromadas en el techo. Rezuma en sí misma la iglesia influencia española del siglo XVII. Madera policromada en la techumbre magistral. En los cuadros, laminados con pan de oro, descubro a San Pedro, verdadera inspiración de este prodigio colorista. Las pinturas son vanidosas y egocentristas, quieren consumir el espacio con sus colores y no dejan resquicio al espacio desnudo. Me anega la retina el barroco, el mudéjar y el sincretismo, esa ideología andina tan esperpéntica que viste a Cristo con faldones de colores o coloca en el cuadro de “La última Cena” un cuy como plato principal.

 La madera de cedro deja sin embargo una parcela existencial a la plata laminada, pretendiendo colarse en ese mar colosal del artesonado mudéjar.

El sincretismo que antes mencionaba nos rodea, así como imágenes gemelas de “Pachamama” o “Madre tierra”, simbolismo de fecundidad, fertilidad.

Ahora que cavilo sobre ello, me resulta inconcebible, en cierto modo me alegro, pues soy detractor del turismo masivo que embute mil turistas en un metro cuadrado, inconcebible, decía, que esta iglesia no sea mundialmente famosa y conocida por propios y extraños. Una experiencia visual y espiritual alucinante que alea (mezcla) ideología cristiana y andina. Al frente de la parroquia pondrán al filósofo, pensador y maestro evangelizador Juan Pérez de Bocanegra. En cuanto a los murales, tanto del interior como del exterior, pintados al temple, se le adjudicaron a Luis de Riaño. Inicialmente la iglesia estaba cubierta de pan de oro, un derroche ornamental a la altura de este “templo” de oración mayestático. Las pinturas, que son una gloriosa experiencia visual, nos muestran en la parte más alta de estos muros escenas de la vida del apóstol San Pedro. Mucha profusión de barroco mestizo en escenas pictóricas sublimes como: “San Pedro y San Juan curando al tullido” o “La decapitación de San Juan Bautista”, tema tan horripilante como luctuoso. Siguiendo esta estela de ensimismamiento colectivo que nos sobrecoge al grupo no dejo de admirar los increíbles retablos, como el de la Virgen del Carmen, tras el altar, o los retablos laterales al prebisterio, si tengo que decantarme por alguno. Contemplados en el CD que nos han suministrado al ingresar en la iglesia, me hacen evocar las impresiones prístinas de aquel día único en Andahuaylillas. Si clavas la vista en ese techo colorista puedes quedar allí atrapado, entre ornatos mudéjares y de temática natural, floral o frutal. Como colofón de oro y lentejuelas, Asunción, integrante de nuestro grupo, nos sorprende con un canto litúrgico de coro celestial que nos hace acariciar por un instante la divinidad, trascendemos como seres etéreos hipnotizados con su voz angelical.







miércoles, 23 de agosto de 2017

LAGO TITICACA



LAGO TITICACA


CÉSAR, UN HOMBRE LOCUAZ Y DIVERTIDO QUE HIZO DE NUESTRA TRAVESÍA UN DELEITE CON SU AMENA CHÁCHARA.


Cogemos un barco con destino a las islas flotantes de los Uros, que nada tienen que ver con aquellos bisontes ya extinguidos en el siglo XVII y que poblaban regiones enteras de Eurasia. El trayecto es de lo más agradable por el lago navegable más alto del mundo, el Titicaca o “Puma de piedra”. Aquí la actividad más extendida es la pesca y la recolección de huevos de pato. Observando un mapa muy explícito, a todo color, con fotografías de la fauna que habita este entorno acuático, busco sin el menor éxito trazas existenciales de patos, garzas, flamencos, cormoranes, aguiluchos, ibis, colibríes; bajo el barco nadan tranquilos los pejerreyes, bogas, carachis…

A bordo de estos barcos de Puma Tours, por cortesía de la muy recomendable agencia turística Viajes Pacífico, navegamos como Simbad “El marino” a 3800 metros, en pos de aquellos primigenios uros de época inca que muy probablemente huyeron de la hegemonía del imperio para zafarse de la fastidiosa obligatoriedad de las tasas, los impuestos de turno que todo “cristiano” tiene que apoquinar ya casi hasta por respirar.


DATOS DE INTERÉS
Para saludar, la fórmula de bienvenida es Kamisaraki Waliki, de la lengua Aimara. A la entrada de los pueblos siempre hay un arco que simboliza la bienvenida, el recibimiento cordial al visitante.


 ISLA DE LOS UROS.


Pasamos un rato muy agradable en compañía de los uros. Son gente muy hospitalaria y simpática, con quienes puedes conversar y de paso comprarles algún souvenir. 




Sus islas flotantes se construyen artesanalmente con una especie de juncos denominados totora. Las islas, como se van desplazando, se pueden trasladar a modo de hogares flotantes móviles. Todos los años se designa un presidente de la comunidad. El que hoy nos recibe tienen grandes dotes de oratoria, amén de un encomiable sentido del humor. Embarcaciones curiosísimas, decoradas, talladas, preciosas, surcan el lago, así como las pequeñas barcas que son el medio de transporte y de vida de esta gente aislada en medio de la gran masa de agua azul. 


 
 

Es extraña la sensación de estar caminando sobre el agua, sobre las frágiles totoras. Ellos van descalzos, parecen tan adaptados al medio como las garzas y patos que aquí habitan. Nos marchamos ya hacia la isla de Amantani. Saludando en la distancia a la frontera boliviana, ésta nos regala una preciosa estampa de la cordillera Real andina, encumbrada con un penacho albo (blanco) de nieves perpetuas

DATOS DE INTERÉS
La isla de Amantani cuenta con unos 4000 habitantes, mayormente de origen quechua. Poco a poco se van integrando al turismo y reciben a visitantes para invitarles a que pasen con ellos una noche, “ensamblados” en el núcleo de una familia como miembros de la misma. En la isla de Taquile, de origen quechua, viven básicamente de la pesca y la agricultura. Se caracterizan por el colorido de sus vestimentas y el arraigo inveterado (antiguo, arraigado) por su acervo histórico-cultural. Merece la pena recorrer Taquile, con sus calles escarpadas y esas terrazas agrícolas de tiempos de los incas.






AMANTANI.
La población de Amantani se compone de 4000 almas nada menos, frente a las 3000 de la isla de Taquile, a la cual rendirle pleitesía muy pronto. Al grupo lo distribuyen las familias de Amantani para formar parte de su rebaño durante un tiempo tan entrañable como fugaz. Familiares de acogida somos, como náufragos vomitados por el lago Titicaca, integrados en el clan de una familia postiza que nos acoge con cariño y amabilidad. Para ir cogiendo forma física, después del marasmo (inactividad) dentro del barco, subimos una escarpadura nada desdeñable de 4000 metros para observar Amantani cuando el día se marcha para ser sustituido por el atardecer que se entrega a los brazos de la noche. Merece la pena el esfuerzo. Los colores del día que se esfuma son una maravilla cuando quedan reemplazados por los rojos rosados y esos azules que se deslizan por tonalidades añiles y oscuras. La población es preciosa y acogedora, un respiro necesario cuando uno viene ya contaminado con la ponzoña (veneno) propia de las grandes ciudades angustiadas por la premura del tiempo, que nunca es suficiente, que nos hace vivir como trenes a punto de descarrilar. 



Tranquilidad, silencio, un paisaje maravilloso frente al lago y de regalo, por la noche, un cielo estrellado que parece artificial, irreal, con todos esos puntitos luminosos que titilan en la distancia como si fuesen los guardianes del universo. Si sales por la noche lo apropiado es llevar una linterna, pues los caminos se pierden
en los “bolsillos” de la noche opaca. Mi familia está compuesta por esa madre “todoterreno” que lo hace todo bien y que jamás pierde la sonrisa; Gladys, presidenta de esta comunidad este año. Franklin, su hijo, es muy timorato (tímido), callado, respetuoso y agradable. 

 
Le coges afecto a los pocos minutos de estrechar su mano. Evelyn es un encanto de niña, bastante más pizpireta, pero también envuelta en ese halo de serenidad que viste las almas de todos los moradores de Amantani. Una sorpresa inesperada, a la par que genial, nos somete a un torbellino de algarabía, risas, bailes y disfraces antes de alcanzar el camastro y soñar con cosas buenas. Ataviados como lugareños somos protagonistas involuntarios de un sarao de lo más alegre. Formar parte de esta familia, compartir momentos únicos con la gente de mi grupo, eso es algo ya que forma parte de la recolección de momentos impagables de mi vida, tesoros que me llevo a Madrid para mimar y conservar siempre.

Nos despedimos de Amantani al día siguiente para navegar hacia la vecina Taquile o Intika en lengua quechua. Muy interesante esta isla de orígenes incas, una de las últimas en capitular allá por el siglo XVI antes de que irrumpiera en escena Carlos V para recaer después en manos de Pedro González de Taquila, de quien adopta el nombre la isla. Su modo de subsistencia se basa en la agricultura y la pesca. Por aquí hay un lema de lo más interesante que reza: “No robarás, no mentirás ni serás perezoso”, o lo que viene a ser lo mismo en lengua quechua “Ama sua, ama llulla”. 

 DATOS DE INTERÉS

TAQUILE ESTÁ RECONOCIDA POR LA UNESCO DESDE 2005 COMO OBRA MAESTRA DEL PATRIMONIO ORAL E INMATERIAL DE LA HUMANIDAD, POR LA CALIDAD DE SUS RECONOCIDOS TEXTILES, SU VALOR ARTÍSTICO, CULTURAL, ANTROPOLÓGICO E HISTÓRICO DE LOS TEJIDOS QUE AQUÍ CONFECCIONAN.

 
Es muy bonita Taquile, turística, acaso tengan mucho que ver sus paisajes frente al lago y la gran calidad de sus vívidos tejidos de colores. Pero yo me quedo más con la hospitalidad de esta gente sin máculas en el alma, gente sencilla que vive de lo que le otorga la naturaleza.

CURIOSIDADES
Los hombres que llevan un sombrero de color rojo son aquellos que están casados. Los de los solteros son blancos, acaso una descripción de su pureza. 

También hay taquileños que encumbran su testa con sombreros de color negro: en este caso estamos ante un miembro de la justicia, un cargo de autoridad. Por medio de un proceso artesanal de lo más sencillo, en cuestión de minutos, los taquileños fabrican un magnífico champú con una planta local llamada “roque”. Taquile alberga en su seno diversos acicates, como su reputada artesanía, reconocida por la Unesco desde 2005. Contemplada desde un altozano (promontorio) Taquile se me antoja una isla de bucaneros (piratas), o sea, filibusteros que esconden allí sus mercancías robadas, tal vez en las profundidades de una caverna frente al lago. Bonita, recóndita, sibilina (misteriosa) me dirijo a la plaza principal. Todo el mundo parece entusiasmado saliendo o entrando de un enorme edificio rojo no especialmente destacable. Es la sede de la Asociación artesanal de exposiciones textiles y danzas autóctonas. El género que encuentro allí no me satisface tanto como para dilapidar mis soles sin orden ni concierto. Asciendo a la primera planta para observar las vistas panorámicas, que eso es siempre un nutriente para mi corazón viajero. Siguiente parada: PUNO.