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miércoles, 26 de julio de 2017

TASHKENT FINAL CRÓNICAS ASIÁTICAS




Mi corazón viajero, que apenas ha aprendido a esperar con paciencia nuevas aventuras, ya tiene la mirada clavada en la remota Perú. Mi tinta ya se desliza parsimoniosa hacia los renglones que compondrán mis próximas crónicas nómadas. Concluyo aquí mi paso por Asia Central, que ha sido deleitable como bien adivinan quienes han viajado conmigo en persona o a través de mis palabras narradas. El mercado Chorsu o “mercado del cruce, donde cruzan los caminos”, es mi primera parada. Tienen algo especial, vernáculo, endémico, propio de la esencia de un país o una región concreta los mercados populares. Éste es muy espacioso y bonito. Auténtico como pocos, me muevo entre la multitud y los pasillos laberínticos, flanqueados por los puestos donde se vende de todo. Por algún motivo que no alcanzo a comprender no se permite aquí hacer fotos. Cosas que pasan, que todo sea eso…

 
Una nueva madrasa, en esta ocasión es la de Kukeldash o “Hermano de leche”. Muy próxima al mercado que acabo de dejar atrás, es del siglo XVI y su magnífico portal tiene una altura de 25 metros. En esta ocasión, una singular excepción, ésta sí está en funcionamiento y de hecho veo gente joven saliendo y entrando, en vez de los típicos mercaderes que te miran con la esperanza de que les compres un bolso tejido a mano o algún recuerdo trabajado en madera o telas de colores. En esta parte de la ciudad se respira un murmullo animado, casi febril, juvenil, gente que ocupa las calles y jardines. La madrasa data de la época de los Shaybsnidas y su reconstrucción fue impecable tras los terremotos en 1866 y 1886. 

 
Enseguida me planto en la Broadway Ave, que poco tiene que ver con la afamada calle norteamericana. También es amplia, generosa en dimensiones y jardines, locales para comer y mucha vida al aire libre. Como viene siendo ya habitual, el calor no da tregua y llegó casi “disecado” a la bonita plaza de Amir Temur, con monumento incluido del caudillo mongol. 

 
Ahí mismo se puede visitar también el museo del Tamerlan. Junto al precioso y fotogénico río anxhor es una delicia pasear sin prisas y de paso, quedarte a comer en alguno de los preciosos restaurantes que salen al paso. 




Veo gente nadando, gente que se me acerca para preguntar de dónde diantres viene “este turista con aspecto tan poco autóctono “. 

 
La gente es encantadora, cercana, afable, así da gusto viajar y conocer otros mundos. Concluyo este relato viajero añadiendo unas fotos de uno de los platos más típicos y recomendables de estas tierras, el famoso plov. Existen más de 1200 variedades, eso he leído por ahí, pero básicamente llevan como ingredientes carne de cordero, cebolla, arroz, legumbres, garbanzos zanahoria, pasas y especias como el comino.


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