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jueves, 11 de mayo de 2017

MORELLA






No apto para quienes padecen de vértigo y detractores de acantilados es el precioso Barranco de la Bota. Un paisaje muy montañoso que va ganando altura se aproxima por la curvilínea carretera al pintoresco pueblo de Morella. A lo lejos, en lo alto de una colina, dejando atrás ya ese paisaje "leonés", se insinúa la silueta de un castillo protegido por una gran muralla. 



Irrumpo en la ciudad a través de la Puerta de San Miguel (siglo XIV), flanqueada por dos imponentes torreones que parecen almas gemelas. Al igual que en Peñíscola, aquí también existe una reseña muy ufana que proclama a esta villa de calles medievales y empedradas como uno de los pueblos más bonitos del país. Mi primera parada la hago en el ayuntamiento. Allí hay unos centinelas gigantescos que se asemejan a los monstruos terribles que veía yo en mis sueños infantiles. Son los gigantes cabezudos que salen por estas calles en procesión. 
 
Me detengo poco rato en este lugar de trámites burocráticos para perderme por las calles escarpadas y angostas, repletas de tiendas y lugares con encanto para manducar (comer). En seguida llego a las conocidas como "Las cinco esquinas". Aquí se concentra la gente como si repartieran boletos premiados de la lotería. Tiendas, restaurantes, una zona porticada de la villa que engatusa al más pintado. Pero para autóctona y romántica, coqueta y preciosa la calle principal: Blasco de Alagón, conocida como "La Plaça". 
 
Esta zona de soportales fue desde siempre ubicación primigenia del mercado medieval. Merece la pena ver la Basílica de Santa María La Mayor
y su órgano barroco construido por Turull. Es gótica-renacentista. En la fachada te dan la bienvenida la Virgen y los 12 apóstoles. 

Es una entrada de lo más asombrosa por la calidad de las imágenes cinceladas en la piedra. Por poco que te gusten las iglesias, te gustará la escalera del siglo XV con preciosos bajorrelieves de alabastro; una representación de la genealogía de Cristo, así como el espectacular y abigarrado altar barroco.

Un personaje aquí imprescindible es Blasco de Alagón. Verás una entrada, la Puerta Ferrisa, por la cual irrumpiría con sus tropas victoriosas en el año 1231 para culminar los "detalles" de la rendición de las huestes musulmanas que se habían hecho con el control de la ciudad. Es momento ya de pasar al castillo. 
 

Por 3'50 visitas la fortaleza y el convento de San Francisco (1272). En el claustro gótico, fundado por Jaime I, se detiene la gente para hacer fotos. 


Es bonito y amplio. Yo en seguida me pierdo en dirección a la Sala Profundis. ¿A qué se debe tal nombre? Cuando perecía un monje joven era aquí "instalado" hasta el momento de su entierro. La congregación entonaba una serie de salmos en oficio litúrgico denominados De Profundis. Ahora la encuentro bastante deteriorada, un tanto lúgubre, como los frescos desvaídos de las paredes donde se adivinan colores. 


 Bueno, hay una escarpadura para ascender a la fortaleza que te llevará unos cuarenta minutos. Estamos a 1070 metros sobre el nivel del mar. El guía que me acompaña está hablando de unos restos neolíticos que aquí se hallaron. Es un castillo muy interesante que pide a gritos que lo explores. Data de los años 950-960 en época de Abderramán III, si bien ha sufrido muchas transformaciones a lo largo de los siglos. Hasta el año 1911 aún tenía funciones militares. 




 Explorando descubro la "malograda" Torre Zeloquia que fuera destruida por el general francés Elio durante la Guerra de la Independencia. Puedes seguir explicaciones de todo leyendo los textos en cada sala. Te aclarará cuanto codicie tu sed de conocimientos la Sala del Gobernador.



La crónica de hoy concluye en el embarcadero de Sant Jaume D' Enveja en el delta del Ebro. Paisajes hortícolas me llevan hasta este páramo acuífero en vías de extinción... Lo encuentro bastante anodino; una planicie de unos 320 kms de arrozales que surcan lanchas rápidas, barcas modestas y "navíos" turísticos como en el que yo viajo ahora, pendiente de las explicaciones del capitán, que se me asemeja a un fogueado pirata de los mares. Serrallo, que es el singular y obsceno nombre del barco, cubre trayectos de hora y media por una tarifa de 11 euros. Si te va la velocidad, tu embarcación se llama "La Bestia". Una lancha rápida que te "arrastra" por el lineal humedal durante una hora por sólo 13 euros. En la ribera, junto a lánguidos juncales, hay unas pasarelas de madera
donde se encaraman los pescadores para atrapar por las noches a las angulas, que son las crías de las anguilas. En estas aguas se pescan además lubinas, doradas, lenguados, sepias...



 En este barco, que navega sin la menor prisa, te venden productos autóctonos y arroz de estos cultivos. Debido al gran nivel de salinidad poco a poco va decreciendo la densidad arbórea de la ribera. Estamos ya de regreso y el capitán ha puesto música a todo volumen de la época de Mocedades y Los Brincos. Yo, que soy más de Vanilla Ninja, Den Harrow y Samantha Fox prefiero concentrarme en el humedal que poco a poco va devorando el mar.


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