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martes, 30 de agosto de 2016

ESTOCOLMO II





El edificio que me sale al paso es el Palacio Municipal, sobrio, oscuro. Antiguamente se utilizaba para el comercio con los vikingos que provenían de Birka. Pero me interesa mucho más, tan pronto como la veo, la bonita estación central. A diferencia de la funesta tristeza del anterior edificio, esta construcción blanca es renacentista del año 1871. Tienen mucho encanto los rincones de la ciudad que voy descubriendo: animación y muchas tiendas en Vasagatan y Kungsgatan o calle del rey. 




ESTATUA DE CARLOS XIII. ESCULPIDA POR ERIK GUSTAF GÖTHE. EL ANCLA QUE SUJETA HACE REFERENCIA A SU HISTORIA NAVAL. CUATRO LEONES RODEAN LA EFIGIE. ESTOS, AÑADIDOS EN EL AÑO 1824, SOPORTAN UNA ESFERA BAJO LAS GARRAS. CADA UNA DE ELLAS PORTA EL ESCUDO DE ARMAS DE SUECIA Y NORUEGA, YA QUE EL MONARCA FUE REGENTE EN ESTAS NACIONES DESDE 1814.

Es un buen sitio para comer. Las bicis eternas que recorren Estocolmo me rodean como un enjambre. Me acerco hasta Sergels 5 Torg para conocer el centro de visitantes de información turística, donde me atienden muy bien. Al pasar por delante de Hammgatan reparo en la fachada blanqui-dorada del teatro dramático. 

TEATRO DE ARTE DRAMÁTICO

Columnas fornidas, estatuas áureas, una entrada palaciega. Así es Estocolmo, belleza dispersa que conforma un lienzo de elegante majestuosidad. Pero esta faz incluso cobra un cariz más rimbombante en Stradvagen, un bulevar donde el boato y la magnificencia son el emblema de estos edificios nobles. Enseguida llego al popular y cuasi imprescindible museo de Abba, aquel inolvidable cuarteto sueco de música pop que gestara éxitos ecuménicos (universales) como "Chiquitita", "Waterloo", "One of us", "The winner takes it all" o "Fernando". Agnetha Falkstog, la guapa vocalista rubia, es toda una institución y también conoció las mieles del éxito cantando en solitario. Por aquí, avizorar turistas es algo tan "connatural" como las piñas en Costa Rica. El museo Abba pone su granito de arena, y también el de Skansen (300.000 metros cuadrados) donde se puede conocer cómo vivía por aquí la gente. Es el museo al aire libre más antiguo del mundo y lo fundó en 1891 Arthur Hazelius. Muy interesante para ahondar en los albores prístinos del país, de los orígenes, época a época, un repaso cronológico excepcional.

Si eres menos de cultura y más de emociones fuertes, el tranvía número 7 llega hasta aquí para apearte en el Parque de atracciones Gröna Lund. 


Y hablando de esa belleza diseminada, otra parada para deleitarme ante el puente mitológico de los dioses paganos nórdicos en Djurgardsbrom. Como de cuadro costumbrista, para reposar el espíritu inquieto, es idóneo el parque con barquitos y jardines y una fuente nada desdeñable en Karlaplan. El chorro de agua se alza varios metros. Un batallón dispar se adentra en las aguas para refrescarse. Voy ahora saltando de bálsamo de serenidad al siguiente.

Otro parque, el de Humlegarden, es de dimensiones extensas, repoblado de arbolado y jardines. Este es un buen lugar para practicar deporte, pasear o contemplar cómo la tarde se va desvaneciendo sin prisa. Antes de retornar a la febril actividad turística de Riddarholmen, dejo atrás la exclusividad prepotente de la zona de Birger Jarlsgattan. Casi sin pretenderlo he retornado a las inmediaciones del Palacio Real para plantarme ante la torre gótica dé Riddarholmen, la única del medievo que pervive hogaño (hoy en día).

Parece que es día de fiesta para las gaviotas que revolotean sobre el lago Mälaren. Esta estampa es innegablemente estival. Bicicletas, barcos, terrazas llenas, turistas que se han puesto de acuerdo para "convocarse" en la zona de Götgatan y Küngstradgardgstan.




Callejeando he llegado hasta el ayuntamiento tomando la calle Stortorget. En esta plaza diáfana me espera el Museo Nobel. No me acaba de convencer la demoníaca fuente central, tan poco hospitalaria, casi como elemento decorativo de una novela de Stephen King. Nos atiende un chico la mar de simpático procedente de Zaragoza. Y con sus amables explicaciones me adentro en este museo que repasa de manera cronológica los premios Nobel concedidos en las diferentes materias. El edificio en sí es amplio, enormes pilares blancos como "columnas vertebrales", información prolija sobre la figura de los eximios ganadores de tan preeminente distinción. Tal vez, sin embargo, una de las joyas de Estocolmo sea el imprescindible museo Vasa, uno de los más visitados del país por méritos propios.



MUSEO VASA


RECONSTRUCCIÓN FACIAL DE LOS PASAJEROS QUE PERECIERON EN EL BUQUE VASA. PARECEN HUMANOS, PARECEN REALES.



El edificio en sí no es de los que le dejan a uno abobado, como me sucede cuando le echo un buen vistazo a las joyas arquitectónicas de las fachadas aristocráticas de los pisos que se construyeron en el siglo XIX. Rojizo y anodino, la belleza del museo Vasa está en el interior. Nada más franquear el umbral insignificante ya "me doy de bruces" con el navío descomunal que se fue a pique en el año 1628 en su primera travesía, por llamarlo de alguna manera, pues a flote no rebasó los veinte minutos. Después de tres largos siglos bajo el agua salada se "repescó" el buque Vasa en el año 1961. El 98% de la estructura de este galeón espectacular, que me deja sin aliento, es totalmente original. La debacle es un claro ejemplo de arrogancia y estulticia supinas, para desdicha de la infausta tripulación, que ninguna culpa tuvo de la prepotencia y soberbia de Gustavo II, quien decidió fletar el barco pese a que ya se anticipaba la tragedia. Y es que las prisas no son buenas. 



Un barco gigante e inestable, no muy bien construido y con sobrepeso de cañones, sobrepeso en general, estaba obviamente sentenciado al hundimiento. Gustavo II estaba impaciente por pavonearse y enseñarle al mundo este galeón imponente. Pero un mal diseño puede echar por tierra las empresas más ambiciosas. Una maqueta nos muestra cuán precioso era el Vasa. Todo decorado con motivos mitológicos impactantes, titanes, sirenas, guerreros, deidades, policromía prolija...



Pero lo que te deja pánfilo perdido, y acaso espeluznado, es la reconstrucción magnífica de los rostros de algunos de los marineros que perdieron la vida. Más tétrico es el bagaje de huesos recopilados. Más amable es la recopilación de enseres rescatados. Te hará falta un buen rato para visitar las seis plantas. Las visitas guiadas, en varios idiomas, son esenciales, así como el vídeo documental explicativo.









martes, 23 de agosto de 2016

ESTOCOLMO. SUECIA


 

Nuevamente en marcha, cambio de país, cambio de ruta, para rendir pleitesía a la merecidamente afamada Estocolmo, una de las indiscutibles joyas europeas, por su belleza sin parangón y una innumerable ristra de características que hechizan al más pintado con embrujos de amor a primera vista y promesas de retorno. En este punto, un saludo cordial y mi sincero agradecimiento a Gina, del departamento de información turística:

Stockholm Visitor Center
Visit Stockholm AB
+46 (0) 8 508 28 508
PO. Box 16282
SE-103 25 Stockholm Sweden
Visiting address: Sergels torg 5, Kulturhuset

 quién me ayudó con gran eficiencia y celeridad a resolver algunas dudas para completar el rompecabezas de mi crónica viajera. En encontré gente muy agradable y dispuesta a echar una mano en cualquier aspecto concerniente a mi viaje por Suecia, y más concretamente, a mi estancia en Estocolmo, esa ciudad maravillosa, hospitalaria e inolvidable bañada por las aguas del Báltico y del lago Mälaren.

Gracias a gente como ellos, y a tantos otros que conocí a lo largo de mi viaje, mi valoración sobre Estocolmo, y en general sobre Suecia, no puede ser más óptima. Ese regusto a placer sostenido en el alma, que luego se cuela en tus recuerdos y permanece ahí como una sensación cálida y amiga a la vez, sólo es posible cuando se alían diversos factores, tales como la belleza propia del país, la sincera y familiar acogida, la amabilidad, a fin de cuentas, de ese pueblo extranjero que te hace sentir bienvenido nada más llegar...

Para poder desenvolverme con cierta tranquilidad, y temiendo un poco el alto nivel de vida sueco, he sacado la tarjeta "mágica" Stockholm Pass que me da acceso a un sinfín de atracciones de lo más variopintas y fascinantes.

Ya desde el barco, alucinante, sumamente recomendado (TALLINK SILJA LINE), puedo atisbar un paisaje plagado de islas y pequeñas poblaciones atrapadas en una densidad boscosa voraz. El barco es estable como una balsa, y además de bonito tiene una variedad de atracciones que hacen de tu travesía un deleite continuado: Casino, restaurantes, espectáculos de gran calidad, tiendas...





En los próximos días iré narrando mis devenires (sucesos que están por llegar) por un dispar conglomerado isleño. En todas partes me recibió gente agradable, atenta, dispuesta a ofrecer lo mejor de sí, pese a la aparente frialdad inicial que tanto dista del desparpajo




escandaloso propio de los que venimos de países mediterráneos. Hablan bajito, despacio, con unos modales casi recatados y sometidos a una dulzura como de arrullo (modo de hablar tranquilo por suave y calmado). Frases cortas, recorte expresivo, todo comedido, en su justa medida. Este comportamiento parece seguir a rajatabla las normas esenciales de la discreción y el silencio. Tras ese cortinaje, como digo, encontré una nación avanzada y civilizada, educada, digna de encomio en muchos aspectos, admirable. Gente que vive con total autonomía y que arrima el hombro cuando es menester, funcionando entonces como un organismo metódico y perfecto. La unión hace la fuerza, y de eso saben mucho por aquí, o esa es la impresión positiva que pude sacar a mi marcha de Suecia. Pulcritud, elegancia, seguridad absoluta en las calles, mucho turismo. Ya fuera del barco tengo la opción de llegar al centro tanto en el autobús 76 como en el metro (cuatro estaciones). Mi primera parada, después de anunciar mi llegada en el maravilloso First Hotel Reisen, será en el fascinante Palacio Real (1695), en la isla de precioso nombre, Riddarholmen. El horario de visitas es de 10-17h.



Me gusta mucho la estética dorada mate, en consonancia con el resto de los edificios adyacentes. Para subir la escalinata de órdago que conduce a este palacio de 600 habitaciones, debo arrostrar una escarpadura de adoquines no apta para pies fatigados. No puedes evitar reparar en la grandeza de un monolito sobre el cual queda enhiesto y soberano Gustavo III, denominado "monarca cultural" por su gran afición a la música, entre otras artes supremas.

 

PALACIO REAL. (150 CORONAS EL TICKET)

La entrada es bastante majestuosa, con unas estatuas en techo y paredes, muy al gusto greco-romano. La soberbia edificación del año 1695, barroca residencia de la Casa Real sueca, es obra de Nicodemus Tessin el Joven. Una vez en las fauces de este gran monstruo de piedra suntuosa penetro en la grandiosa Capilla Real (1752). Me quedo casi descoyuntado al observar ese techo tremendo que nos habla de su "linaje" barroco. 


ARQUITECTO DE LA CAPILLA CARL HARLEMAN, SIGLO XVIII

CAPILLA REAL, CONSAGRADA EN 1754, UN DÍA DESPUÉS DE QUE LA FAMILIA REAL SE TRASLADARA A VIVIR A ESTAS DEPENDENCIAS. LA CONSTRUCCIÓN DE ESTE PALACIO LLEVÓ 60 AÑOS, TRAS LA DESTRUCCIÓN DEL ANTERIOR, LLAMADO "TRES CORONAS", DEVASTADO POR UN INCENDIO EN 1697.

Pinturas, molduras doradas y blancas, mármol verde, blanco y dorado completan el relleno ornamental destinado a las exclamaciones de alabanza más supremas. La sala del tesoro no se queda atrás y reivindica su importancia con las coronas de la realeza, que emanan un boato contraindicado para las envidias más malsanas y las economías precarias.

Piedras preciosas incrustadas, joyas y oro esmaltado... El sueño de Ali Babá y su caterva de maleantes. Muy en esta línea de dejar epatado (embobado) al más pintado es la pila bautismal de Carlos XI, toda plateada, una llave dorada enorme y el cetro de oro de Erik XIV; lo que decía, las ensoñaciones con que deliraba Ali Babá. Más estatuas en el salón del estado, del arquitecto Carl Harlemann y si te gusta la heráldica, entonces debes admirar la sala de escudos de caballería, que queda casi ahogada entre tanto rococó. Esta sección se abrió al público en 1993.

Las escaleras que me llevan a plantas superiores no descuidan los pertrechos estatuarios, mármol a granel y tapices. Los techos pintados, muchos cuadros en esta "región" del palacio. Acaso una de las joyas estelares de entre todas las salas pueda ser la galería de Carlos XI, una gozada visual en barroco sueco tardío. Pinturas, tapices áureos, arañas, molduras, todo un conglomerado de matices ornamentales que dejan ahíto de asombro y placer. Hay una mesa increíble diseñada para acoger a 170 comensales. La decoración está inspirada en la famosa sala de los espejos de Versalles.




Esencia barroca e italiana como un océano artístico. Alucinantes también las salas de la reina Lovisa Ulrika, donde poder admirar precisamente pinturas espectaculares del país que viera nacer a eximios personajes como Dante Alighieri, Claudio de Lorena o Botticelli.






Un guiño español en la sala de tapices recoge escenas de nuestro más famoso caballero andante, Don Quijote de la Mancha. Para concluir esta visita, que deja el espíritu como si le hubiesen dado una somanta de palos emocional, me dirijo al anexo museo de antigüedades y me veo conminado a descender a un trasunto (algo similar a) de mazmorra. Luz austera y melancólica, por no decir muerta de angustia, Arcos de ladrillo visto, cimientos originales que parecen contar los días por eternidades. Interesante.

Después de tanto tráfago (tráfico, trasiego) palaciego se me ha abierto el apetito y me dirijo a comer algo a una especie de chiringuito llamado The Huset. Por 130-140 coronas hay
algo de manduca (alimentos) decente frente al Palacio Real. Estoy en Torg 9 Kungstradgarden, algo casi impronunciable. El parque, pequeño, casi de juguete, es el lugar donde han plantado este kiosco bar de madera para solaz de un buen puñado de turistas, hacinados en las mesas junto a unos jardines donde han buscado ya alojamiento manadas de pájaros y gaviotas ante la mirada apática de Carlos XII desde su púlpito de piedra. Después, para pasear, nada más recomendable que la calle animadísima y bellísima de Skeppsbron (siglo XVII), junto al lago Mälaren, donde nadan a sus anchas los cisnes y atracan grandes barcos en el puerto. En este punto de mi trayecto caminado es casi imposible escapar de la ensoñación. Es tan bonito Estocolmo que parece producto de un hechizo. Esta zona tan laudable (loable) parece una telaraña de fantasía, tejida para atrapar a los foráneos que, como yo, buscan nuevas emociones. 


Aquí moraban en aquella época pretérita las grandes personalidades de la aristocracia financiera. Muy peculiar el pequeño parque de atracciones, frente a este remanso de paz de agua azulada surcada por barcos turísticos y de otros menesteres. Un último apunte me lleva a observar los bonitos alrededores que jalonan la zona de la ópera, siglo XVIII. El sobrio edificio marrón del Palacio de la Ópera no es el actual. Es fácil distinguirlo por sus estatuas y columnas a la entrada. Si quieres pasar ya directamente a la caza de souvenirs, dirígete a Jakobsgstan.



viernes, 19 de agosto de 2016

TALLIN CAMINO DE LA HISTORIA




NOTA DE AGRADECIMIENTO ESPECIAL PARA MERLEN ARINGO, DE LA OFICINA DE INFORMACIÓN TURÍSTICA EN TALLIN, QUIENES MUY AMABLEMENTE ME AYUDARON A RECOPILAR INFORMACIÓN PARA COMPLETAR MI CRÓNICA VIAJERA. MUCHAS GRACIAS. THANK YOU SOOOO MUCH!!!!!!!

VÍCTOR VIRGÓS.

Merlen Aringo
Information Specialist
Tallinn Tourist Information Centre
Niguliste 2
10146 Tallinn, Estonia
Phone +372 645 7777
visit@tallinn.ee
http://www.visittallinn.ee



He regresado ya de Helsinky, dejando a la Havis Amanda de Vallgren sobre la fuente mitológica que observa el mar que la reclama, pese a la indiferencia coqueta de la mujer desnuda de piel de bronce. Para celebrar mi vuelta a Tallin, me doy un homenaje en el restaurante Maikrahv. Es de estilo medieval, bastante austero y espacioso, como uno de esos hoteles que alquilan salones para banquetes nupciales. Aquí se come bien, el servicio es correcto, aunque la estética se me antoja un poco como de refectorio de monasterio. Es una buena opción en todo caso, pues está en pleno casco viejo y si te animan el almuerzo con música en vivo, mucho más deleitable. 




Ya con las " alforjas" llenas me marcho hacia el bonito edificio de la ópera (1911-13). Fachada amarilla y molduras blancas lo hacen ante mis ojos elegante y distinguible. El entorno, floral y ajardinado, es muy agradable. Enfrente está cerrada la puerta del museo del banco de Estonia. Una lastima, se queda mi curiosidad atribulada y airada. El edificio, muy medieval, destaca por los puntiagudos capirotes negros y los escudos que luce en la fachada. He llegado un domingo y un cartel me explica que hoy no habrá manera de visitar el museo. Mis pies me arrastran pues hasta la plaza de la libertad, que cuenta con jardines y una diafanidad envolvente de lo más agradable. Pero lo que más destaca en este entorno abierto es la gran cruz en la cima de una escalinata. 



Es un monumento dedicado a la guerra de la independencia Estonia allá por los años 1918-20. Ya que estás por aquí, puedes pasar a visitar el museo Kiek in de Kok (1475), un bastión medieval con pasadizos para conocer la historia de las fortificaciones de Tallin. El nombre de este museo significa literalmente "mira en la cocina". Y es que los guardias que custodiaban la torre cuando Tallin era conocida como Reval podían observar desde esa posición cómo cocinaban las damas en sus hogares.






Ahí mismo está el museo del frente popular estonio. Éste sí me recibe generoso, aunque sea domingo. Es gratuito y muy interesante si quieres familiarizarte un poco con el movimiento libertario que se produjo entre 1987-90 para desasirse del yugo ruso. También se conoce a tal levantamiento como "revolución cantada", término acuñado por el activista estonio Heinz Valk. Durante cuatro años de manifestaciones exigían cantando, algo que el gobierno ruso tenía totalmente prohibido, la independencia de Estonia.



Es curioso de ver el llamado camino de la historia. Siguiendo por la calle Lai o torciendo por Hobusepen llegas a este singular callejón, en cuyo suelo unas losas como lápidas narran la historia del país en modo cronológico. Sucesos desde la Edad del hielo incluidos.




La interesante calle Pikk, por donde veo pasar al tren turístico cada dos por tres, me lleva de nuevo a la calle del pan o Saiankang. Es bonita esta zona. No me acucian las prisas por abandonarla. Pero aún me queda por rendir pleitesía a la zona baja, con sus murallas defensivas, Cuesta imaginar este lugar entonces, con sus 60 torres, una muralla de cuatro kilómetros, cinco metros de altura por 24 de diámetro y varios metros de grosor. Coloquialmente, debido a este espesor pétreo, se conoce la muralla como Margarita la gorda. Su construcción se llevó a cabo en 1510 y su función era preservar a la ciudad de los asedios marítimos. En la actualidad, la torre es la Sede del Museo Marítimo. Tal denominación, "Margarita la gorda" tiene también su origen o explicación en honor a la reina Margarita Sambiria, reina consorte de Christopher I de Dinamarca, promotor de las murallas defensivas de Tallin en 1265. En todo caso, no hay referencias de que esta reina adoleciese de obesidad. El modo de definir a la gran muralla tiene mucho más que ver con su espesor, en comparación con el resto.

Y aquí concluye mi estancia en las repúblicas Bálticas. Me espera ya en el horizonte una de las joyas europeas por antonomasia: Estocolmo.


WWW.EL-REINO-DE-VERBANIA.BLOGSPOT.COM

jueves, 18 de agosto de 2016

HELSINKY

 DATOS. HELSINKY QUEDÓ PRÁCTICAMENTE DESTRUIDA EN EL AÑO 1808 A CAUSA DE UN TERRIBLE INCENDIO. EN EL AÑO 1812 SE INICIA UN PLAN URBANÍSTICO QUE DIVIDIRÍA LA PRIMIGENIA ZONA DE VIVIENDAS DE MADERA Y LA NUEVA, QUE UTILIZARÍA PIEDRA. LLEVÓ A CABO TAL PROYECTO EL ARQUITECTO CARL ENGEL. EL ASPECTO ACTUAL DE LA MARAVILLOSA PLAZA DE LA ESPLANADA DATA DEL AÑO 1840.



Me he puesto la capa de explorador y me he propuesto conquistar nuevas tierras allende los mares (más allá de los mares). Rumbo a Helsinky voy en barco a presentarle mis afectos a la capital finlandesa. Nada más arribar al puerto, que es precioso y tiene unas vistas soberbias desde la cubierta del barco, con la cámara de fotos ya echando humo, me apeo para encontrarme con una ciudad elegante, cara, bonita y diáfana, con espacios abiertos que animan mi espíritu de caminante incansable. 




Me rodean los puestos callejeros en el atracadero. Souvenirs endémicos (de esa región) que tienen un precio como para cortarse las venas.


Sin embargo, para comer, aparte de una delicia visual, es económico y el pescado está como para chuparse los dedos. Por aquí anduvieron los suecos antes de la hegemonía rusa, desde el año 1811. Neoclásico precioso que poco revela ya de un pasado dominado por la inestable y combustible madera. De aquellas reconstrucciones y lavado de cara se hizo cargo Aleksandr II.


Caminando por el puerto, esquivando a esos torpedos a dos ruedas (bicicletas) que pasan raudas a mi vera, observo esos cruceros repletos de turistas que han pagado, con cena incluida, para visitar las islas aledañas. Gente de todas las naciones sube a los autobuses turísticos y a los tranvías para pasar un día inolvidable en la coqueta y elegante Helsinky.

Me habían hablado de esta ciudad como de algo desdeñable y anodino. Las comparaciones son odiosas, la verdad. Cierto es que Helsinky no es Estocolmo, ni Praga ni tampoco Viena o la selva negra alemana. Pero tiene sus acicates y bien valen la pena para pasar un día estupendo y memorable.

No tengo que quemar demasiada suela para llegar ya a una de las partes más descollantes (destacables) de la ciudad. Estoy en Norra Esplanaden y ya veo una madeja humana arremolinada en torno a la "Sirenita" autóctona:



Havis Amanda es su nombre, una escultura de bronce del año 1908 creada por Ville Vallgren como producto de su etapa parisina. La efigie en cuestión es una mujer desnuda que surge entre las algas marinas y, entre peces y lobos, mira hacia atrás como si se despidiese de su hogar marino. El autor quiso plasmar con esta obra el renacimiento de la ciudad. La fuente donde la beldad (mujer bella) se iza tiene 5 metros de altura desde el pedestal. Vallgren se inspiró para su creación en una joven parisina de nombre Marcelle Delquini. Pese a que me cueste abandonar esta zona tan animada, es momento de moverse. La plaza del Senado bien lo merece. Desde un púlpito magnífico nos observa Alexander II. Me espera más allá la fabulosa catedral luterana de Ludwig Engel, construida entre 1822-52. 





Es una maravilla esa fachada imponente de color blanco, ornamentada con verdes cúpulas y estrellas doradas, típica estampa de marchamo ortodoxo. Tus piernas querrán quedarse atrás cuando enfilen la descomunal escalinata que lleva al templo, pero bien vale la pena el ejercicio. La plaza, obra del propio Engel, es un concilio de gaviotas al más puro estilo Plaza de San Marcos de Venecia. Cuando entras a la iglesia, después de traspasar los formidables pilares verticales (columnas), reparas en la simpleza casi baldía de la catedral que se construyera como tributo a Nicolás II. Y ya que estamos religiosos, otra iglesia: la de Uspensky o Uspenifo, que significa "dormición" (1868). Esta es realmente hermosa, toda roja en ladrillo, engalanada con doce cúpulas y capirotes verdes. Dedicada a la advocación de la dormición de la Virgen María, es una mole enorme perfectamente visible cuando llegas en barco. Esta iglesia ortodoxa es la más grande de Europa Occidental y la construyó Aleksei Gornostajev.





Si buscas información de Helsinky, no dudes en pasarte por la oficina de Unionsgatan, pero si el cuerpo te pide refrigerio, entonces regresa a la zona del puerto. Sin darme cuenta he regresado a Norra Esplanaden, que es una parte de la ciudad donde la ostentación y la holgura económica son evidentes. Si te pierdes por las aledañas descubrirás preciosos ejemplos de art nouveau. Hay un monumento interesante en la avenida de Mannerheim, dedicado a este héroe finés de la Segunda Guerra Mundial.





Militar y político, salvó al país de la ocupación soviética. Prosigue mi periplo finlandés hacia la recta final de este día para detenerme ante la singular iglesia subterránea de Timo y Tuomo Suomalainen. La iglesia de la Roca, año 1969, ubicada en Luthergatan, efectivamente se sumerge en el subsuelo para conducirnos hasta un peculiar diseño teológico de madera de abedul y cobre. Tienes que verla, no se parece a nada que hayas visto antes. Sobre todo teniendo en cuenta que esta iglesia queda sumida en las entrañas terráqueas como si de una caverna se tratase. Dispone de baños de pago, un euro. 




El interior, circular, acaba en una cúpula de cobre y las paredes son roca desnuda. Como digo impresiona, es bonita, diferente, espaciosa. Ya al aire libre, mis pulmones parecen agradecer la visita al parque de Sibelius. Grande, idílico, bonito, todo el mundo se hace fotos ante el monumento al eximio compositor finlandés. Este pulmón urbano esta habitado por gaviotas y otras aves que no dudan en aproximarse para arrebatarte el bocadillo.



Verás mucho turista, autocares que vomitan pasajeros estacionales, gente arremolinada en torno a un picnic de fin de semana...

Finlandia queda ya atrás. Es tiempo ya de retornar a Tallin.