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viernes, 6 de mayo de 2016

BUITRAGO II








Merodeando por la diáfana amplitud desdentada del castillo de la familia Mendoza se me va un rato largo, pese a que esta gran morada, así, a primera vista, se me antoje tan depauperada y siembre en mi ánimo hueras expectativas. Si asciendes a esas almenas huérfanas podrás observar un paisaje nada desdeñable. La fortaleza derruida data de los siglos XIV-XV y en días de mejor fisonomía contó hasta con siete torreones altaneros. Los
restos de ladrillo y otros detalles arquitectónicos delatan su génesis mudéjar. La opulenta residencia del Marqués de Santillana dio cobijo entre sus muros a Juana de Portugal y a su hija, Juana La Beltraneja.

Los Mendoza gozaban de gran prestigio entonces y llegaron a ocupar cargos sobresalientes en la corte de Juan I. Salgo ahora para recorrer la calle Mártires, por donde es una delicia pasear junto a la pasarela que se asoma al río Lozoya, sin perder de vista la muralla omnímoda. Es un buen momento para sacar la cámara y fotografiar los dos puentes de piedra que se asoman en la lontananza. 






Aquí todo está bien conservado, como si hubiesen sometido a Buitrago de Lozoya a una sesión intensiva de estiramiento de piel y cincelado. Las casas tienen buen gusto; casas serranas sólidas que no tiraría un tornado.



Este pequeño refugio, a menos de 100 kilómetros de la capital, es también cónclave de amantes del tapeo, almorzar fuera, salir a tomar algo en buena compañía. La calle Real y la Plaza de Picasso cumplirán con creces ese anhelo de puro recreo.

Otra parada interesante puede ser el Museo Picasso, que además es gratis. Antes de bajar las escaleras verás la impresionante Cruz Procesional renacentista del año 1574, obra de Iván Franci. Perteneció a la cofradía de la Vera de la cruz. Para que se ilumine y vaya rotando debes desprenderte de una moneda de cincuenta céntimos. Ya una vez en la planta inferior nos esperan algunas de las obras que Picasso regaló a su gran amigo
Eugenio Arias (1909-2008), quien fuera el barbero del eximio pintor. Es interesante ver el vídeo documental, grabado para TVE en el año 1984, donde Arias habla con emoción sincera de su viejo camarada.






Para concluir estas crónicas de un día, mencionar que aquí en Buitrago es un sano ejercicio emprender alguna ruta de senderos fáciles, practicar piragüismo o incluso equitación. Merece la pena, por ejemplo, la ruta agropecuaria hasta el puente de Calicanto.






Son solo 4 kilómetros. Te pueden quedar unas fotos bastante memorables en el puente sobre el río. La caminata concluye en la espadaña de la Trinidad, único resto enhiesto de la ermita, que queda sobre la tierra como un colmillo podrido que se negara a caer vencido por el cansancio y la enfermedad.

jueves, 5 de mayo de 2016

BUITRAGO DE LOZOYA

BUITRAGO DE LOZOYA


A 75 kilómetros del tráfago madrileño se halla esta bella y tranquila localidad serrana, cuyo casco histórico, merecidamente, es poseedor del reconocimiento como Bien de Interés Cultural desde 1993. Y es que paseando por esas calles medievales, tan pulcras, tan bien cuidadas, uno no puede por menos que elogiar el buen gusto que destilan las fachadas de
piedra de las casonas o la limpieza del pavimento. Las primeras referencias históricas nos retrotraen hasta el siglo XI de Alfonso VI, cuando el Islam estaba a un paso de abandonar la península por la puerta de atrás y no precisamente por voluntad propia.



Lo más destacable aquí acaso sea esa maravilla de muralla construida entre los siglos XI y XII, Monumento Nacional desde 1931. Las calles vetustas me llevan de la mano hasta la coqueta plaza de la Constitución, muy buena opción para buscar solaz en los locales de turno que sirven comidas y refrigerios varios. Un poco más allá, aquí las distancias no son titánicas, se encuentra la popular calle Real, totalmente recomendable si uno quiere congregarse con el vulgo más que aislarse en cualquiera de los recovecos medievales que te salen al paso. Desde la calle mencionada, llegas enseguida al Ayuntamiento, casi embutido en un plaza pequeña, como de llavero. La mañana arranca con una subida a las murallas. Por dos euros de nada.



  



gozas de buenas panorámicas y además conoces algunos artefactos bélicos de los que se usaban en el medievo, aquí denominados maquinas de asedio. Visita obligada es la preciosa iglesia de Santa María del Castillo, siglo XIV. Iza la mirada para recrearte con ese artesonado neomudéjar plagado de escudos de armas. Como viene siendo habitual cuando repasamos la biografía de uno de estos templos sagrados, éste tampoco se salvó de arder como una pira funeraria en 1936. El techo magnífico que vemos lleva ahí desde principios de los años 80. No te vayas sin admirar la recoleta capilla de Sta María del castillo. Son preciosos los iconos, los ornamentos mudéjares.







Si te apetece subir a la torre del reloj puedes hacerlo en horario de 12 a 14 y los domingos de 13 a 14.


Si andas dando vueltas con el coche y no encuentras donde aparcar, una opción puede ser junto a la muralla en la plaza del Belén viviente. Sigamos buscando rincones para disfrutar visualmente. Así llegó yo hasta el mirador que se asoma al río Lozoya y que discurre junto a la muralla. Recorre su perímetro magnífico por la calle Coracha. Es un lugar para detenerse y poner a trabajar la cámara cuando arribas a la plaza del castillo.