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viernes, 7 de octubre de 2016

NANORTALIK I







Es el turno para visitar el "lugar donde viven los osos" 🐻, o Nanortalik, la ciudad más meridional del país y más populosa del sur de Groenlandia. Ni que decir tiene que prosigue el festival colorista de casas 🏡 de madera pintadas de colores.



 He descubierto que para comprar souvenirs, si nos tienta esta sana adicción a veces compulsiva, un buen lugar es la Oficina de turismo, aunque el bolsillo se verá menoscabado en cuanto elijas un par de artículos. Tienes llaveros, libros, prendas, un pequeño séquito de tupilaks, esos horrendos "vehículos" para desear el mal ajeno tallados en espantosas figuritas antropomorfas. Atienden bastante bien 👌 y si quieres beneficiarte de la wifi tienes que desembuchar 50 coronas. Utilizarla me ha robado un buen rato y sin abandonar en ningún momento este punto de información y tienda de enseres de recuerdo. En mis paseos me he topado con los mercados ya habituales: BRUGSENI Y PILERSUISOQ. 

Pero mis pies se han arrastrado solos hasta una bonita iglesia blanca de madera, donde nadie reza ni atiende sermón alguno. El interior es un trasunto del cielo 🌌 azul. 



Es una población tranquila, adormecida, que acarrea como las otras anteriores un aura contagiosa, 😷 entre fantasmal y encantador. Cruzarte con viandantes, turistas, lugareños, es un asunto bastante inusitado y cuando lo haces, la sensación que predomina es la de saludar a uno de los últimos supervivientes del planeta tras un holocausto mundial. Al fondo del pueblo casi "deslumbra" una cabaña de color verde que llama la atención, tanto como si apareciera una farola en medio del océano 🌊

Es el café 44, un local de lo más curioso, interesante, coqueto, una cucada, vaya. En esta zona que me hallo también están La Oficina de correos y la Casa Comunal, que está pintada, como una gran parte de las casas de por aquí, de rojo carmesí. Me ha parecido muy interesante el museo de Nanortalik, dedicado a propalar la idiosincrasia cultural de los innuits. 


Este es mi primer contacto con las prendas que utilizan los innuits, cosidas con órganos de animales, todo muy artesanal y preparado para ahuyentar a los fríos que se dan por aquí. Más de lo mismo, bolsos preciosos y complementos fabricados con los cinco tipos de focas groenlandesas. 


Por supuesto, tampoco faltan los mal encarados y deformes tupilaks.
Pero más sorprendente me ha parecido la historia del navío  Hans Hedtoft. Al igual que al Titanic, ni la furia de Vulcano habría sido capaz de sumergirlo. 


Sin embargo sabemos que un iceberg se encargó de convertir aquella preponderante soberbia en una de las tragedias navieras más afamadas de la historia. También en este caso una montaña de hielo, el 30 de Enero de 1959, fue la causa de que este barco indestructible acabase sus días allá donde los rayos del sol no llegan jamás y los peces más extraños habitan en el abismo oceánico. El Hedtoft nunca apareció, se lo tragó el mar en el Cabo Farewell, que paradójicamente se traduciría como "cabo del adiós o de la despedida".

A poca distancia hay un edificio anexo para conocer un poco la historia de los kayaks. 



Algunos, los originales, tienen más de un siglo. Se fabricaban a mano con las maderas a la deriva que "vomitaba" el mar. En unos paneles me he "estudiado" a fondo las técnicas de caza de los primigenios innuits, hace unos 4500 años. Cuesta un poco digerir la información acerca de sus métodos alimenticios, a base de deglutir carne 🍖 cruda de ballena 🐳 y de foca. Todo un majar para ellos y su manual de supervivencia en unas condiciones de vida durísimas. Llegarían a estas tierras expediciones mucho más exquisitas en sus hábitos a la mesa. Cocinaban la carne de ballena y foca para que al paladar le pareciera el trago mucho más llevadero. Pero al hacer esto le restaban al alimento su potente cargamento de vitamina C y enfermaban de escorbuto.





Antes hablaba de los Kayaks, imprescindibles para viajar por el mar 🌊. Pero estas embarcaciones casi me parecen de juguete, puras maquetas, comparadas con las colosales umiaks. Mucho más grandes, se salen del museo con su desmesura. Llevo ya un buen rato en este interesante museo, no se puede ver a la carrera, como si nos persiguiese la noche para llevarnos a la piltra. Me he quedado leyendo la interesante historia de la piedra tugtupita, o lo que viene a ser lo mismo, aún a riesgo de ponerme truculento, "sangre de caribú". Dice una historia preciosa, de esas que conforman leyendas, fábulas y sagas inmortales, que cuando la hembra del caribú dio a luz a su
retoño la sangre de la placenta cayó sobre la roca, tiñéndola del característico color bermellón de la tugtupita.


NANORTALIK I: FIN DE LA PRIMERA PARTE



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