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lunes, 19 de septiembre de 2016

ISLANDIA Y KAYAKS -GROENLANDIA-


 
PRIMER ALOJAMIENTO EN ISLANDIA, JUNTO AL AEROPUERTO DE KEFLAVIK

Antes de que el recuerdo de mi llegada a la gran isla helada despliegue su sombra hacia regiones más distantes, es menester añadirle a este caldo de narración viajera una pizca anecdótica y una mención aparte al sesgado contingente madrileño, antes de nuestro feliz ensamblaje con el grueso del grupo una soleada tarde frente a unas aguas cristalinas y unas barcas angostas como palillos llamadas Kayaks.

La Islandia de mis amores, idolatrada en mis recuerdos como paraíso escénico y lugar donde mis pensamientos podían flotar en calma como cisnes en un estanque, se ha convertido a mi llegada al aeropuerto de Keflavik en una especie de macro-zoco egipcio, donde los pasajeros, hacinados como hormigas, revolotean atolondrados en busca de maletas, puntos de embarque y facturación. Tengo la impresión de hallarme en un aeropuerto secundario de Mali o Botswana. Los islandeses, acostumbrados a su vida tranquila entre sagas, elfos y noches eternas que no conocen la luz del día, parecen aturdidos con tanto viajero. Quienes venimos de Madrid: Alfonso, Mari Cruz, Luis, Teresa, Rosa y yo mismo, andamos a contrarreloj pidiendo explicaciones sobre nuestras maletas desaparecidas, con la incertidumbre y el temor de llegar a Groenlandia con lo puesto. Las gestiones de Luis, inmejorables, eficientes y raudas, acaban con final feliz y más tensión que alguna de aquellas famosas películas de Alfred Hitchcock. A nuestro regreso a Madrid sucederá exactamente lo mismo. Nuestras maletas siguen viajando a su aire, acaso arrumbadas en alguna sala de recogida de equipaje de Nueva York, Nueva Delhi, París, Roma o Bucarest... es lo mismo, por segunda vez se repitió la historia.


ALEX GUESTHOUSE, KEFLAVIK, JUNTO AL AEROPUERTO. SE DORMÍA DE MARAVILLA AQUÍ.


CATEDRAL DE REYKJAVIK




Nuestro efímero paso por la bella Reykjavik dejó momentos como los que aderezo con material fotográfico y un neceser de emergencia para pasar nuestra primera noche sin maletas y un vuelo a Groenlandia inminente, pertrechados de manera paupérrima (muy pobre) como polizones sin oficio ni beneficio.


EN EL PUERTO DE REYKJAVIK



Reykjavik me deja un sabor un poco agridulce, la verdad. En mis recuerdos islandeses había una calma y placidez como de pueblo perdido que no desea que lo encuentren. La realidad me cuenta que ese deseo no ha sido concedido, que Islandia se parece ya más a Florencia que a aquella isla recóndita donde mis pasos sonaban nuevos y desconocidos entre aquellas gentes rubias de ojos de un tono azul verdoso inexplicable.

REYKJAVIK -ESTANQUE-



 PLATOS QUE CONSUMIMOS EN EL FANTÁSTICO RESTAURANTE SAETA SVINID GASTROPUB

SAETA SVINID GASTROPUB






El diezmado contingente madrileño partimos a descubrir los secretos de Groenlandia, con la promesa de ampliar nuestras filas con la llegada esperada de "fichajes" que transforman en seguida esta cuadrilla mínima en una comunidad multi- regional y sobre todo muy bien avenida.

EXCURSIÓN PREVIA A LOS KAYAKS








Soy persona que gusta más de la tierra que del agua. Sin ser yo hidrofóbico, prefiero quedarme en tierra cuando los demás se embarcan en esos kayaks tan minúsculos que parecen casi de juguete. La magnífica y profusa explicación de nuestra guía, Carmen, a cerca de las posibles calamidades si la barca vuelca, me hacen aferrarme aún más a mi firme propósito de que el agua y yo sigamos caminando por senderos separados muchos años. 

Ahí va una lluvia meteórica de fotos para describir mejor lo que mis palabras ya no cuentan.




KAYAKS Y FORMACIÓN DE GRUPO






Hay un ambiente fabuloso en el grupo y así, de esta guisa, continuará en los días sucesivos. 

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