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domingo, 11 de septiembre de 2016

GROENLANDIA "EL ESPÍRITU DEL CARIIBÚ"




Concluidas ya mis placenteras y cómodas travesías por el escenario de belleza armoniosa y pulcritud de Estocolmo, casi arrumbadas (almacenadas, guardadas) en el desván de la memoria las callejuelas medievales de Lithuania, Letonia y Estonia, me enfrento ahora a una nueva aventura que nada tiene que ver con la despreocupación casi holgazana de aquellas regiones. En honor a Unai, quien acuñó el término, este proemio (preámbulo) lo he bautizado "EL ESPÍRITU DEL CARIBÚ".





PANORÁMICAS DESDE EL AVIÓN.

AEROPUERTO

Para todos aquellos lectores ajenos a la expedición española que anduvimos por Groenlandia como un reducto humano descubriendo un planeta deshabitado e ignoto (desconocido), Unai es un tipo polifacético, imprescindible en ese colectivo heterogéneo, que lo mismo te alumbra sobre aneurismas y enfisemas que acerca de cómo preparar un buen cabracho. En esta ocasión me he incorporado como digo a un grupo de excursionistas liderados por una guía de montaña inefable, Carmen (TIERRAS POLARES).


Juntos y en buena sintonía recorreremos durante dos semanas una Groenlandia que pocos columbran (ven, intuyen) más allá de los casquetes polares y un frío inexplicable. Así he observado caras de estupefacción al relatar paisajes florales, valles verdes e incluso bucólicos pueblos con casas de madera que se asoman a puertos pesqueros y fiordos. Es menester aclarar algo para futuros viajeros, lectores ocasionales, curiosos...

Groenlandia no es un país apto para todo tipo de viajero. Aseverar algo así sería como pretender hacer creer que España y Estados Unidos están separados por el río Ebro. No es Groenlandia el típico destino que recomendaría a cualquiera. Veamos. Si bien la experiencia es inolvidable, maravillosa, irrepetible, una vivencia "cuasi" espiritual, algo que se te clava en el alma y te hechiza desde el minuto uno, tienes que tener claro que viajar a Groenlandia conllevará incomodidades por doquier. Supongamos que decides seguir mi ejemplo y te unes a Tierras Polares. ¿Eres una persona tolerante? ¿Qué tal llevas convivir con otros en condiciones de comodidad exiguas? Caminatas, dormir en tiendas de campaña, estar en buena forma es esencial, colaborar con las tareas de grupo para comidas, recoger y montar campamentos, acarrear fardos y material colectivo, lavar, fregar, aislamiento y carestía en ocasiones de baños, duchas, compartir letrinas y baños comunes con otros grupos... ¿Es éste el tipo de viaje que te atrae? En ese caso bienvenido. Te propongo un viaje fascinante a la par que intenso, totalmente desaconsejado para quienes se soliviantan cuando descubren motas de polvo en la moqueta del hotel de cinco estrellas de la playa de turno.


GROENLANDIA

ESTE PRIMER REGISTRO DE VIAJE ESTÁ DEDICADO A MIS COMPIS: UNAI, AINHOA, VERENA, IKER, LUIS, TERESA, MARI CRUZ, ADOLFO, MARÍA, LUCAS, CARMEN, GILES, JULIÀ, A QUIEN ADOPTAMOS GUSTOSOS PARA RESCATARLE DE UN GRUPO
DE EXTRANJEROS NO ESPECIALMENTE ENCANTADORES, Y AL PERSONAL DE TIERRAS POLARES. SI ME HE OLVIDADO DE ALGUIEN, QUE ME DSICULPE. NO SE ACABA EL MUNDO Y NO HUBO MALA INTENCIÓN.







La llegada a uno de los aeropuertos más peligrosos del mundo, eso dicen, es a la par alucinante y un poco, no demasiado, escalofriante. La pista de aterrizaje, el aeropuerto, el avión en el que llego, abusando de la hipérbole (exageración), caben en un bolsillo.

No puedo dejar de hacer fotos. Ya veo las ruedas del avión desplegadas para tomar tierra y también me percato de la cercanía del hielo, el mar y las montañas. Me pregunto dónde diantres está la pista. Se me antoja a primera vista muy similar a la Islandia de mis amores. Pronto descubriré que la belleza apoteósica de Groenlandia es tan prodigiosa como monótona. Es la única pega, por buscar una, que le encuentro al entorno. Me sucede, como me ocurriera ya en Canadá, que pasados los 7 u ocho días, el efecto sorpresa y la pasión emocional del niño ante los juguetes que traen los Reyes Magos, ya se desvanecía después de tanto bosque y lagos idénticos. Al final, la letanía rezaba: "otro bosque, otro lagoooo"...

Maravilloso, claro, pero adiós a la novedad. Es lo que tienen las fotocopias. Incluso el mismo Vaticano, si lo visitas cada día, acabas por aborrecerlo, con permiso de la Santa Madre Iglesia.
Desde la ventanilla columbro montañas, colorido brutal, el agua del mar quieta, reluciente como un espejo bruñido. Esto sí, como en Islandia, paisajes de acuarela: rojos, verdes, amarillos, negros y blancos, aliados en una fiesta de policromía gratuita. La primera noche será en el alojamiento Leif Eriksson, pero está abarrotado, por lo cual nos derivan a la comodísima casa del célebre expedicionario Ramón Larramendi, que tiene allí su morada ocasional. El traslado supondrá mi primera experiencia en las barcas Zodiac, una actividad de pura adrenalina donde vamos apilados como inmigrantes de patera, dando tumbos por el agua, si tenemos mal día, y pasando un frío de tumba si no vas bien abrigado. Con los días acabas disfrutando de estas embarcaciones, pero si los trayectos son largos la sensación puede revertirse bastante. Ir bien abrigado será la clave para no acabar tan helado como los icebergs flotantes que se irán descubriendo con recurrencia. Algunos apuntes más sobre estas "balsas" de plástico... Antes de embarcar hay que hacer una cadena humana para subir todos los macutos y material colectivo. Algunos de ellos parecen pesar como si dentro viajase un cadáver. Estamos en plataformas de madera inestables sobre el mar, así que el ejercicio muscular está garantizado. Vestidos como cebollas, portamos abrigos, gorros, bufandas, guantes, chalecos salvavidas...




 Mi primera toma de contacto con el campamento en Qassiarsuq me hace preguntarme dónde diantres están las 50 familias que viven aquí. La sensación de aislamiento y soledad son inherentes a mí persona ya. Algunos datos de complemento me llevan a descubrir la Bratahlid de aquel personaje célebre, Erik el Rojo, de quien se sabe que llegó a América mucho antes que Cristobal Colón, año 1104 e incluso tenía rutas comerciales establecidas.
Los pobladores autóctonos eran muy hostiles y los  enfrentamientos eran constantes. Ello fue determinante para que Erik decidiera poner fin a sus visitas y estancias en la América que muchos años después daría por recién bautizada Colón. El nombre de este vikingo insigne va a permanecer muy vigente durante todo el viaje. Justo homenaje para el navegante que arribara a Groenlandia en el año 985, o lo que es lo mismo, a los orígenes de la Tierra, los albores geológicos del planeta, una mirada retrospectiva de varios millones de años, da vértigo...

 EXTERIORES CAMPAMENTO LEIF ERIKSSON HOSTEL




El campamento Leif Eriksson, al que debo acudir más pronto que tarde, descubriré que es de lo más cómodo y agradable, comparado con lo que queda por llegar. Un gentío como de manifestación se aglutina en las duchas, comedor, las horas del desayuno. A la entrada una legión de botas y macutos para las expediciones. Hay que descalzarse para entrar, costumbre ésta muy nórdica y saludable, por cierto. La caminata de bienvenida me lleva a través de paisajes plagados de minúsculos sauces y abedules. En Groenlandia no crece nada o apenas levanta un palmo. No hay tierra, sustrato, con tanta roca y hielo es imposible. Los senderos son una pasada, así como las vistas del fiordo Sermilik y Tunulliarfik. Debido a la complejidad de estos nombres, es probable que alguno quede algo deformado, incorrecto o mal escrito, disculpas. Aquí concluye este primer balbuceo groenlandés hasta mi próxima jornada por el valle de las mil flores. Nos esperan muchos glaciares maravillosos, y ¡¡ATENCIÓN!! , unos mosquitos "caníbales" que son legión, que son más pesados que el plomo y que tienen un tamaño bastante espectacular. Mosquitos que dejan en ridículo a los que encontrase en Costa Rica y Sudáfrica. A estos llegas a odiarlos desde el minuto cero.


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