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jueves, 11 de agosto de 2016

RIGA II




Mi siguiente parada me lleva hasta la catedral católica de San Jacobo, (siglos XIII-XVI). Me sorprende la altiva torre gótica y su austeridad, rematada en ladrillo. Curiosamente, no es una de esas catedrales grandes ni suntuarias que tanto gustan en Italia o Francia, solo por citar algunos buenos ejemplos europeos. 

La campana, llamada "de los pobres pecadores",debe tal asignación a la historia antigua de cuando ésta sonaba para invocar a las gentes para que acudieran al ayuntamiento a presenciar las ejecuciones. Ahora me dirijo a Meistaru iela 10. Aquí hay un precioso edificio amarillo que realza el esplendor del art nouveau. Pero es mucho más conocido por esos gatos negros en los techos apuntados, cada uno mirando desdeñoso en dirección contraria, renegando del otro. De hecho hay toda una leyenda de escarnio y desprecio entre gremios que queda patente en esta postura gatuna intencionadamente despreciativa.







Ahora es el turno de la torre de la pólvora, siglo XVI, lo que me trae al recuerdo otra de idéntica nomenclatura en la bellísima ciudad de Praga. Como aquella, aunque mucho más anodina, también se utilizaba para almacenar pólvora. Anteriormente se denominaba torre de arena, en los tiempos de la primigenia muralla. 




Un poco de relax y sana distensión esperan a quien se acerque hasta el bonito parque del bastión. Aquí mismo, a los pies, verás el monumento de la libertad. Cada media hora dos soldados hacen guardia. En el monumento en cuestión hay varias estatuas que hablan de la gente obrera, también aquellos de mayor alcurnia y en la cúspide misma, una mujer de color verde muy estilizada se erige sobre un púlpito con los brazos extendidos hacia el cielo cerúleo. 


Por supuesto simboliza la libertad, la independencia. Es una delicia pasear por esta ciudad, cuyo tercio lo domina  el modernismo. Sigue la estela de este estilo arquitectónico en Raina Bulvaris y las aledañas, con esos bulevares tan románticos y bellos. Si no tienes suficiente, continúa por Elizabetes iela y adyacentes. Son increíbles esos bustos, cariátides, cenefas,molduras, baño de barroco y rococó entre caras deformes o monstruosas, animales mitológicos y medallones. Los edificios más oscuros, por cierto, son anteriores a la época de la independencia. Como su tonalidad sobria, pertenecen a tiempos más aciagos. Más casas hermosas en Pulkveza Brieza y Strelnieku, e incluso mejor todavía en los ornamentados edificios de Alberta iela. Algunas sugerencias que tienen más que ver con la manduca: la preciosa y legendaria Cafeteria pastelería V.KUZE.




Deliciosos manjares, un lugar romántico y con solera, coqueto y pequeño, agradable y con sabor añejo a épocas pasadas. Desde 1910 están ahí, con ese café excelente que sirven y ese atavío que luce el local de años 30-40.

Iglesias por doquier, como la ortodoxa de la Natividad, siglo XIX. Esta moderna catedral bizantina es preciosa, vestida de pinturas ocres y granates, pintada sin recato y sembrada de iconos. 








Mientras la observo pienso cuan estrafalario me resulta que por aquí moren habitualmente castores y jabalíes, acaso escondidos en las numerosas y exuberantes zonas verdes.



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