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martes, 30 de agosto de 2016

ESTOCOLMO II





El edificio que me sale al paso es el Palacio Municipal, sobrio, oscuro. Antiguamente se utilizaba para el comercio con los vikingos que provenían de Birka. Pero me interesa mucho más, tan pronto como la veo, la bonita estación central. A diferencia de la funesta tristeza del anterior edificio, esta construcción blanca es renacentista del año 1871. Tienen mucho encanto los rincones de la ciudad que voy descubriendo: animación y muchas tiendas en Vasagatan y Kungsgatan o calle del rey. 




ESTATUA DE CARLOS XIII. ESCULPIDA POR ERIK GUSTAF GÖTHE. EL ANCLA QUE SUJETA HACE REFERENCIA A SU HISTORIA NAVAL. CUATRO LEONES RODEAN LA EFIGIE. ESTOS, AÑADIDOS EN EL AÑO 1824, SOPORTAN UNA ESFERA BAJO LAS GARRAS. CADA UNA DE ELLAS PORTA EL ESCUDO DE ARMAS DE SUECIA Y NORUEGA, YA QUE EL MONARCA FUE REGENTE EN ESTAS NACIONES DESDE 1814.

Es un buen sitio para comer. Las bicis eternas que recorren Estocolmo me rodean como un enjambre. Me acerco hasta Sergels 5 Torg para conocer el centro de visitantes de información turística, donde me atienden muy bien. Al pasar por delante de Hammgatan reparo en la fachada blanqui-dorada del teatro dramático. 

TEATRO DE ARTE DRAMÁTICO

Columnas fornidas, estatuas áureas, una entrada palaciega. Así es Estocolmo, belleza dispersa que conforma un lienzo de elegante majestuosidad. Pero esta faz incluso cobra un cariz más rimbombante en Stradvagen, un bulevar donde el boato y la magnificencia son el emblema de estos edificios nobles. Enseguida llego al popular y cuasi imprescindible museo de Abba, aquel inolvidable cuarteto sueco de música pop que gestara éxitos ecuménicos (universales) como "Chiquitita", "Waterloo", "One of us", "The winner takes it all" o "Fernando". Agnetha Falkstog, la guapa vocalista rubia, es toda una institución y también conoció las mieles del éxito cantando en solitario. Por aquí, avizorar turistas es algo tan "connatural" como las piñas en Costa Rica. El museo Abba pone su granito de arena, y también el de Skansen (300.000 metros cuadrados) donde se puede conocer cómo vivía por aquí la gente. Es el museo al aire libre más antiguo del mundo y lo fundó en 1891 Arthur Hazelius. Muy interesante para ahondar en los albores prístinos del país, de los orígenes, época a época, un repaso cronológico excepcional.

Si eres menos de cultura y más de emociones fuertes, el tranvía número 7 llega hasta aquí para apearte en el Parque de atracciones Gröna Lund. 


Y hablando de esa belleza diseminada, otra parada para deleitarme ante el puente mitológico de los dioses paganos nórdicos en Djurgardsbrom. Como de cuadro costumbrista, para reposar el espíritu inquieto, es idóneo el parque con barquitos y jardines y una fuente nada desdeñable en Karlaplan. El chorro de agua se alza varios metros. Un batallón dispar se adentra en las aguas para refrescarse. Voy ahora saltando de bálsamo de serenidad al siguiente.

Otro parque, el de Humlegarden, es de dimensiones extensas, repoblado de arbolado y jardines. Este es un buen lugar para practicar deporte, pasear o contemplar cómo la tarde se va desvaneciendo sin prisa. Antes de retornar a la febril actividad turística de Riddarholmen, dejo atrás la exclusividad prepotente de la zona de Birger Jarlsgattan. Casi sin pretenderlo he retornado a las inmediaciones del Palacio Real para plantarme ante la torre gótica dé Riddarholmen, la única del medievo que pervive hogaño (hoy en día).

Parece que es día de fiesta para las gaviotas que revolotean sobre el lago Mälaren. Esta estampa es innegablemente estival. Bicicletas, barcos, terrazas llenas, turistas que se han puesto de acuerdo para "convocarse" en la zona de Götgatan y Küngstradgardgstan.




Callejeando he llegado hasta el ayuntamiento tomando la calle Stortorget. En esta plaza diáfana me espera el Museo Nobel. No me acaba de convencer la demoníaca fuente central, tan poco hospitalaria, casi como elemento decorativo de una novela de Stephen King. Nos atiende un chico la mar de simpático procedente de Zaragoza. Y con sus amables explicaciones me adentro en este museo que repasa de manera cronológica los premios Nobel concedidos en las diferentes materias. El edificio en sí es amplio, enormes pilares blancos como "columnas vertebrales", información prolija sobre la figura de los eximios ganadores de tan preeminente distinción. Tal vez, sin embargo, una de las joyas de Estocolmo sea el imprescindible museo Vasa, uno de los más visitados del país por méritos propios.



MUSEO VASA


RECONSTRUCCIÓN FACIAL DE LOS PASAJEROS QUE PERECIERON EN EL BUQUE VASA. PARECEN HUMANOS, PARECEN REALES.



El edificio en sí no es de los que le dejan a uno abobado, como me sucede cuando le echo un buen vistazo a las joyas arquitectónicas de las fachadas aristocráticas de los pisos que se construyeron en el siglo XIX. Rojizo y anodino, la belleza del museo Vasa está en el interior. Nada más franquear el umbral insignificante ya "me doy de bruces" con el navío descomunal que se fue a pique en el año 1628 en su primera travesía, por llamarlo de alguna manera, pues a flote no rebasó los veinte minutos. Después de tres largos siglos bajo el agua salada se "repescó" el buque Vasa en el año 1961. El 98% de la estructura de este galeón espectacular, que me deja sin aliento, es totalmente original. La debacle es un claro ejemplo de arrogancia y estulticia supinas, para desdicha de la infausta tripulación, que ninguna culpa tuvo de la prepotencia y soberbia de Gustavo II, quien decidió fletar el barco pese a que ya se anticipaba la tragedia. Y es que las prisas no son buenas. 



Un barco gigante e inestable, no muy bien construido y con sobrepeso de cañones, sobrepeso en general, estaba obviamente sentenciado al hundimiento. Gustavo II estaba impaciente por pavonearse y enseñarle al mundo este galeón imponente. Pero un mal diseño puede echar por tierra las empresas más ambiciosas. Una maqueta nos muestra cuán precioso era el Vasa. Todo decorado con motivos mitológicos impactantes, titanes, sirenas, guerreros, deidades, policromía prolija...



Pero lo que te deja pánfilo perdido, y acaso espeluznado, es la reconstrucción magnífica de los rostros de algunos de los marineros que perdieron la vida. Más tétrico es el bagaje de huesos recopilados. Más amable es la recopilación de enseres rescatados. Te hará falta un buen rato para visitar las seis plantas. Las visitas guiadas, en varios idiomas, son esenciales, así como el vídeo documental explicativo.









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