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martes, 16 de agosto de 2016

CASCO HISTÓRICO DE TALLIN MAJASMOKK Y ROCCA AL MARE



MUSEO AL AIRE LIBRE




Continúo ahora hacia la iglesia del Espíritu Santo, siglo XIV. La primera referencia histórica data del 1316. Este antiguo hospital de menesterosos (pobres) es una estructura de madera interesante con un soberbio reloj azul en la fachada, obra de Christian Ackermann.

Merece la pena pasarse por aquí, pues este maravilloso ingenio de madera es el más antiguo que encontrarás en tu periplo por Tallin. Está la iglesia vinculada al predicador Johann Koell, quien tradujera el catecismo en 1535.

Si quieres entrar, tendrás que desembolsar 1,50 euros. Salgo de la calle Pikk para confundirme con el "voluble" gentío que viene y va como una marejada inquieta. De esta guisa cruzo el pasadizo de Saiakang o del pan. Desemboco enseguida en la legendaria, a la par que icónica cafetería pastelería Majasmokk; 



algo así como una exquisitez de rutilante (deslumbrante) abolengo. Una oda a la belleza y elegancia, conjugada con la madera, techos ornamentados y una singular noria en el escaparate con tazas de café como si fuesen los asientos del ingenio rodante. Ambiente que evoca una época pasada, intimidad, distinción, muchísimo espacio en las dos plantas y balcones que espían soñadores a la villa de Tallin. No dejes de probar el fabuloso café Kalev o los mazapanes artesanales, que comenzaron a fabricar en la antiquísima farmacia de los boticarios húngaros que comentaba en la crónica anterior.




Seguimos en esta senda de placeres gastronómicos para detenernos ahora en el restaurante Kaerajaan. Se trata de un local bastante grande ubicado en la plaza del ayuntamiento. Tiene un diseño de lo más imaginativo, con esa decoración que te hace recordar inevitablemente a esos juegos infantiles de montar piezas de colores para construir torres o figuras abiertas a la imaginación feraz de los alevines (infantes, jóvenes, niños, aprendices). Aquí comerás bastante bien y además son amables, pero como cabía esperar por estos lares, la rapidez en servir no es uno de sus platos estrella.

Cambio de registro para disfrutar del espacio expedito (diáfano, libre de estorbos) en el museo de aire libre o Rocca al mare, que se me antoja el término a especialidad culinaria con mucho centollo. Nada que ver, por cierto. En realidad se esconde tras la denominación de fonética italiana un paisaje sembrado de casas ralas que evocan el modelo de vida estonio otrora (de un tiempo pasado).






Construidas con enormes troncos y sin hacer uso de clavo alguno, son como cuevas de impenetrable lobreguez (opacidad, falta de luz). Granjas, graneros, almacenes, viviendas, cuadras, todo un despliegue rural que pretende aleccionar sobre una época marchita. En derredor, un paisaje campestre y lozano en un ambiente medieval. 


Muy interesante la añosa capilla (1699), la más antigua construcción de este museo. Tiene su encanto también la escuela, que funcionó desde 1878 hasta 1923. Estoy ya casi haciendo las maletas para embarcarme en una excursión a Helsinky, Finlandia. Pero antes, un pequeño aperitivo en el recomendable restaurante Peppersack.




Típicamente medieval y pintoresco, parece un mesón o taberna del siglo XIV. Bien ubicado, a tiro de piedra del ayuntamiento, es idóneo para grupos voluminosos. Se come bien, pero como viene siendo ya regla general, te sirven sin el menor propósito de prisa o diligencia. Calma...

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