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viernes, 8 de julio de 2016

VILNIUS. DATOS HISTÓRICOS.





La ciudad que visito aún conserva el recuerdo de la ocupación polaca en el año 1923, y así permanecería hasta los inicios de la Segunda Guerra Mundial.




Palacio de los duques de Lithuania (Siglos XIII-XIV).


Estoy en el palacio de los duques de Lithuania. 2,90 es lo que tengo "desembuchar" para acceder al interior. Son tiempos del reinado del fundador de Lithuania, Mindaugas y el duque Gediminas. Es fundamental esta visita para comprender lo que otrora fue este lugar.

A través de plataformas contemplo maquetas de los restos del palacio (exteriores) y el castillo pretérito. No sería hasta 1392-1430 cuando el duque Vytautas reedificara estos dominios suntuarios. Hay que viajar con la mente para columbrar tal grandeza entre las piedras vetustas que un día fueron bastión defensivo. Desde la planta superior queda una foto magnifica de los restos de la muralla.




He conseguido información en castellano, cosa poco habitual. Necesitarás un par de horas para disfrutar del pasado en este recinto de recuerdos, recompuestos como si de un mecano se tratase. 



Bien, la cosa cambia de manera radical al acceder ya a las dependencias gloriosas del palacio. Comienza la exploración en el Hall o sala del renacimiento; una recopilación de tapices formidables que epatarán al más pintado. Para no condensar en exceso el relato, diré que, sala tras sala, me asomo a un despliegue palaciego donde abunda el ornato de influencia italiana y el barroco. Nada que se pueda augurar contemplando la sobria fachada blanca de piedra y que otrora luciera estructura de madera, allá por los siglos IV-VIII. Interesante sin duda la morada del duque de Lithuania y también del rey polaco Segismundo el Viejo, cuya historia vendría después reforzada con las aportaciones contributivas de su esposa, Bona Sforza, causante directa de la apariencia renacentista italiana que exhala por doquier el palacio. Pero esa faz tan hermosa y estética se vería en el siglo XVII perturbada por la gloriosa invasión del barroco, como voy viendo en las dependencias que visito.



PUERTA DE LA AURORA, ANTIGUAMENTE PUERTA DE MEDININKAI. ENTRADA
DEFENSIVA ORIGINAL DESDE SIGLO XVI.



Acabo de abandonar el palacio para dirigirme hacia la Puerta de la Aurora. El santuario, de dilatada devoción y cita ineludible de peregrinos, es uno de los símbolos de Lithuania que despierta mayor fervor.

Otrora sería conocida como Puerta de Medininkai, pues unía esta ciudad con Minsk. A mi derecha, tras cruzar el umbral porticado, acabo de reparar en una efigie de Juan Pablo II. Y es que el eximio papa polaco visitó esta ciudad y oró en la capilla de la Puerta de la Aurora en el año 1993. Muy bonita la virgen, Nuestra Señora de la Misericordia, del siglo XVII, a quien se atribuyen cualidades milagrosas y cuyo autor de la obra permanece en el anonimato.





Tengo que alzar la vista para ubicarla, allá donde los devotos izan la mirada preñada de preces. Sigo mi camino en un trance religioso que ahora me lleva hasta la iglesia ortodoxa del Espíritu Santo (1638).

Típicamente rusa, se viste de tonos claros pero sin desprenderse del abrigo barroco que predomina sin
vergüenza alguna. Esta es la única muestra en Lithuania de barroco en connivencia con la doctrina ortodoxa. Mucha devoción para este templo magnífico de ostentosa policromía, pinturas y un retablo color esmeralda con molduras y acompañamiento barroco.





Tras un devastador incendio, J.K.Glaubitz le confirió la maravillosa apariencia actual.

Aquí se hallan los cuerpos incorruptos de San Juan, San Antonio y San Eustaquio. Los cuadros que no paro de mirar son de Iván Trutnev. Esa devoción de la que hablaba se transforma en un reguero de devotos que besan los pies de los santos. Entorno arbolado y remanso de paz para un lugar tan especial y mágico.

Caminando sin tregua me planto ante el edificio majestuoso de la Orquesta Filarmónica (1905), un ejemplo más de lo que la grandeza del art nouveau tiene que ofrecer. En este palacio se firmaría en 1918 la declaración de independencia. El antiguo parlamento luce espléndida fachada ocre sazonada de molduras y bustos. En estilo neoclásico me recibe el antiguo ayuntamiento y actual sala de exposiciones en una plaza que me encanta por su diafanidad. En el blasón, San Cristóbal. Y para concluir esta crónica, me pierdo por la calle de artesanos Stikliu. En otra época mucho más infausta aquí podías encontrar ghettos judíos durante la ocupación nazi (1941-43). Prefiero quedarme con la cara más benigna de Stikliu, o sea, una calle animada ideal para callejear y tomar algo y de paso curiosear o comprar en las tiendas que venden ámbar.


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