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lunes, 7 de septiembre de 2015

AYLLÓN



Finalizan mis crónicas viajeras con breve parada en Ayllón, Conjunto Histórico Artístico desde Mayo de 1973. Unas dos o tres horas son suficientes para disfrutar de esta pequeña villa recoleta y encantadora. No estoy especialmente de acuerdo con que sea uno de los pueblos más bonitos del país, pues si algo abunda en España es precisamente eso, maravillas por todos los puntos cardinales. Manifestación más que dudable, Ayllón tiene encanto, pero no abusemos de la hipérbole como si la regalaran en un mercadillo.

Es agradable la Plaza Mayor porticada, como la mayoría, destila un encanto añejo. Me gusta esa tonalidad anaranjada que vive en perfecta simbiosis con la fachada del ayuntamiento, y en consonancia, los ocres terrosos y asalmonados de las casas que van de comparsa.  Acércate hasta la Plaza del Ángel del Alcázar para ver la iglesia Santa María la Mayor, realmente bonita, con esas tumbas recorriendo el pasillo central hasta el altar. Magnifico es el retablo del altar. 


También es descollante, o sea, destaca, la iglesia románica de San Miguel de Ayllón.  Para tomar algo es buena opción el restaurante El Patio. Muy buen café, excelentes vistas en la terraza en plena Plaza Mayor.




Si paseas por Ayllón verás a la entrada del pueblo el Arco medio, que es el único acceso que queda de los tres arcos originales del recinto amurallado que tuviera otrora. 

Bonitos son los escudos del siglo XVI que destacan el poderío y marchamo de Diego López Pacheco y Doña Luisa Cabrera de Bovadilla. Ya que estás aquí, continúa por la margen del río Aguisejo y el puente que lo cruza: bajo su amparo veo una colonia de ánsares que parecen posar para la foto, inmortalizados bajo la ristra de arcos de piedra.



Ayllón regala a mi objetivo bonitas fachadas de porte blasonado, como la de la familia Contreras. Y poco más, hasta la próxima.







jueves, 3 de septiembre de 2015

FORTALEZA CALIFAL DE GORMAZ Y YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO


En dirección a Burgo de Osma abandono ya San Esteban de Gormaz y pronto arribó a la evocadora población de Recuerda, que me regala al paso unos paisajes de acuarela con su puente sobre el río Ucero. La plaza Mayor, que es como una postal añeja de pueblos de España de los años 50, tiene en su tranquila y durmiente placita una iglesia, la de San Bernabé, que es bastante bonita.



Enseguida me planto ante lo que queda de la olvidada y decrépita fortaleza califal de Gormaz. Merece la pena la visita, aunque por dentro esté deprimida de abandono y "descortezada" la piedra ruinosa.

No cabe duda de que el bastión fue imponente, con sus muros sólidos desafiando a los agentes meteorológicos y al mismo tiempo. Hay carretera hasta la muralla, pero poco sitio para aparcar. Yo prefiero subir campo a través, como un rebeco montañés. El acceso es libre. Es interesante moverse por este espacio diáfano que tantas vicisitudes habrá visto pasar a las faldas de sus ruinas. Las panorámicas desde aquí parecen querer otear los confines del mundo.

Ahora viajo sin pausas hasta Montejo de Tiermes. El camino es precioso, para ir disfrutando del paisaje, mal que les pese a los numerosos conductores que prefieren hacer competiciones de velocidad y adelantamientos absurdos para llegar apenas cinco minutos antes.

Aquí me enrolo en una visita guiada por cuatro euros de nada para visitar un interesantísimo enclave arqueológico. Mientras espero a que dé inicio la excursión contemplo y exploro la preciosa ermita románica de color rojizo de Santa María de Tiermes, siglo XII.




Las visitas guiadas se efectúan con grupos de 8 personas como mínimo. El yacimiento que visito es de orígenes celtíberos. Mi primera parada me planta ante un pequeño castro del siglo VI a.c, que se dice pronto. Así voy conociendo cómo en tiempos de Tiberio Tiermes logra estatus de municipio. Tras el declive del imperio romano en el siglo III, pasa el relevo a los visigodos, siglo V. Una época de auge boyante que concluiría en el siglo XV y que derivaría en la despoblación paulatina de Tiermes.

Tito Livio es un nombre destacado para rememorar en este lugar, pues sería el responsable máximo de la erradicación celtíbera en el 98 a.c

Fue la suya una victoria pírrica en todo caso, o sea, obtenida con ímprobo esfuerzo y muchas bajas. 25 hectáreas me esperan entre ruinas y espejismos de un esplendor fenecido. El panorama se torna ante mis ojos casi bermejo, rojizo ferruginoso. Mucha vegetación también para plantar cara a ese tono brutal casi ígneo.


Ahora voy hacia el teatro. Bien conservadas las gradas rupestres, aunque la vista nos engaña: no hay tal teatro, sino parece el lugar más bien un foro pecuario o mercado de ganado. Son increíbles también las casas de romanos acomodados del siglo I d.c, así como los restos de muralla del siglo III.

 
Me atrae poderosamente la casa de las hornacinas, construido todo en estilo predominante rupestre. Si bien la comparación se me antoja desafortunada, uno puede tener la idea fugaz de que se asemejen estas viviendas a aquellas antiquísimas de los nabateos en Petra. Muy interesante la ínsula, con viviendas de la gente pobre. Los materiales de construcción eran pésimos y cada dos por tres ardían o se derrumbaban.

El asentamiento de Tiermes se estima que pudiera dar cobijo a unas 4000 personas. Siguiendo mi ruta llego a las interesantes canalizaciones hidráulicas excavadas en la roca. Se puede uno meter dentro, explorar las entrañas de la montaña, pero esta actividad puede resultar muy claustrofóbica si te aterran las angosturas y la oscuridad absoluta.


La acequia en cuestión tiene 2000 años de antigüedad. Es increíble la casa del acueducto, 1800 metros cuadrados. Fue una mansión imponente allá por el siglo I d.c.


También debió serlo el foro porticado, que otrora estuviera decorado con estatuas, columnas, colorido, fuentes, esplendor...



SAN ESTEBAN DE GORMAZ

Bastante más moderno y bonito que Calatañazor, mucho más grande, San Esteban, Conjunto Histórico Artístico, es ideal para alojarse y visitar alrededores. Es una localidad animada, llena de locales para comer. Mi primera parada me lleva a la bonita iglesia románica de San Esteban, frente a la calle Posadillas. Al fondo, las ruinas de un castillo sobre un otero señero plagado de bodegas, trescientas en total.

Me hallo en la división prístina de cristianos y musulmanes. Indica tal hecho el ruinoso testigo mudo de la muralla demolida, construida en piedra por cristianos y en adobe por los musulmanes. En el interior de la iglesia me espera, como es propio del románico, una decoración mínima, apenas nada salvo la piedra clara desnuda como es propio del estilo franciscano. 

Cruzando al lado cristiano de ese cisma en la calle Posadillas que comentaba antes, arribo al río Duero, el río dorado, el río de oro. Se pueden sacar bonitas fotos desde el puente del siglo XVI. Me dirijo intramuros por la puerta de la villa. Sobre su arco, el escudo de la opulenta y eximia familia Pacheco. Es realmente coqueta y bonita la Plaza Mayor porticada. Las columnas vetustas que soportan el peso estructural de las viviendas añejas son de madera de olmo. Callejea por esta zona esencial de la villa y fíjate en el porte aristocrático de las casas que van saliendo de los vericuetos angostos y empedrados.


Es realmente singular descubrir en las fachadas, en algunas de ellas, lápidas. Los constructores de esas casas las cogían indistintamente, mezclándolas con piedras de otros materiales y tipos. Todo les valía para erigir sus viviendas, sin importarles si algunos de los materiales provenían de cementerios o fueron designados para cerrar un capítulo definitivo hacia lo desconocido más allá de la vida conocida...

Es muy hermosa la Parroquia de Nuestra Señora del Rivero, siglo XII. Una imponente construcción románica subiendo por la calle Santa María.


Es muy hermoso el pórtico. Su interior, espartano pero bonito. Las fotos no están permitidas. Destaca el fabuloso coro y el techo artesonado, todo en  madera de pino del siglo XVI.

Si bien el castillo está algo apartado y apenas queda la fachada principal, un frontón, merece la pena visitarlo. Puedes ir en coche o a pie por la calle Subida al castillo. Hay buenas vistas. Es interesante visitar también el lagar comunal del siglo XI. Y para concluir, no dejes de ver el interesante Parque temático del románico. Verás magníficas maquetas de las iglesias románicas más descollantes, o sea, deslumbrantes, relevantes.





martes, 1 de septiembre de 2015

FUENTONA DEL RÍO MURIEL.




Voy de camino a la preciosa Fuentona del río Muriel. A ambos lados de la carretera, enormes plantaciones de girasoles que van buscando la caricia del sol. A pocos kilómetros de Calatañazor llego al Centro de Interpretación para pedir información de lo que voy a visitar. Así me hablan de las excelencias de la Fuentona y del Sabinar de. Calatañazor. Desde este lugar se puede perfectamente ir caminando hasta la Fuentona, pues queda a menos de 2 kilómetros atravesando una paisajística senda forestal que sacará lo mejor de nuestro objetivo. Bordeo el idílico río Abion, que nace en la Fuentona, empeñado en hacerme guiños para que me acerque a su ribera. El paisaje esta dormido, acurrucado en el halo de un sueño eterno. Tranquilidad, sosiego, escenario que gusta de provocar a mi cámara para que me quede por siempre a su lado.






El río es como un espejo de puro límpido, verde cristalino, translucido. Es un placer sentarse frente al Abion en uno de los bancos para tal menester y dejarse engatusar por esa nitidez del agua transparente.

Hay fotos pendiendo de un momento mágico al cruzar los puentes de madera, que son como de cuento. Si quieres perderte esto, puedes llegar antes en tu vehículo y estacionar en un parking por el que te sacarán cuatro eurillos. El ticket lo tienes que coger en el Centro de interpretación. Allí te entregarán también un mapa y una visita al propio Centro por cuatro euros. Si solo te interesa el mapa, éste vale 50 céntimos.

Pero mi arrobo no hace sino empezar, pues ahora le llega el turno a la propia Fuentona y su cueva subterránea, explorada por primera vez en 1973 por el grupo de espeleología Standard. A partir de 100 metros, ese paisaje subacuático es ignoto. En el año 2002 TVE emitiría un documental acerca de la expedición de un grupo de aventureros de "Al Filo de lo imposible" que pretendían desentrañar los secretos de la cueva de la Fuentona. Tan solo se pudo llegar a 100 metros de profundidad. Nada más se sabe de lo que subyace bajo ese espejo verde cristalino que parece un ensueño vespertino de Monet.




Para bucear aquí hay que obtener un permiso especial. El llamado "ojo de la Fuentona" se me antoja fotogénico, evocador, mitológico. Es conveniente, para disfrutar de la serenidad del lugar, acudir temprano, pues a medida que avanza el día la Fuentona se va llenando de visitantes.



Me dirijo al Sabinar o Dehesa de Carrillo. Es una delicia pasear entre estos árboles. Deja el coche en el aparcamiento justo delante y deja que tus pasos te guíen por este laberinto de naturaleza frondosa y callada. Es Reserva Natural desde 1992 y una singularidad que no debes obviar, pues sabinas, árboles prehistóricos del terciario, solo hay en la Península Ibérica, el sur de Francia y el norte de África. Las dos reservas de estos supervivientes "terciarios" más  grandes que existen se encuentran en las dos Castillas.