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viernes, 31 de julio de 2015

MONTE DE LOS OLIVOS



Alucinante mirador el que me regala la ciudad del Rey David, sucesor de  Saúl, "David, el amado, el elegido de Dios", unificador y artífice de la expansión de Israel, y el Monte Moria, allá donde Abraham, en un acto de sacrificio dramático y brutal, ofreciera a Dios a su hijo Isaac. Me anega la mirada un paisaje miserable de yermos ocres arenosos. En esta tierra famélica Salomón, hijo de David, erigiría su templo. Es la tierra llena de cicatrices que devastara el desmesurado Nabucodonosor en uno de sus beligerantes arranques de ira, locura y ambición personal, como solo los inicuos saben propagar, vertiendo ríos de sangre que la historia convertiría en ríos de tinta.

El Monte de los Olivos, puerta de entrada de Jesús para conmemorar la abolición de la esclavitud de los egipcios, se me antoja desnudo y amnésico. Nada recuerda ya, nada queda del ayer. Sé que a las puertas del simbólico Monte de Zion Jesús se reuniría con sus apóstoles para celebrar la última cena, pero la mirada tan solo contempla un huérfano erial donde se apilan las tumbas judías ante un Monte de los Olivos mudo.

En todo caso, feliz estoy de hallarme en tierra tan insigne, donde Ezequiel viera un carro de fuego y Zacarías profetizara el advenimiento del fin de los tiempos, o donde quedara poblada Getsemany o prensa de aceite, de añosos olivos, algunos con una longevidad de 2000 años...

No puedo marcharme sin quedar antes admirado de la basílica de Getsemany, también conocida como basílica  de las naciones e iglesia de la agonía. Regentada por franciscanos, la encuentro un tanto lúgubre, hasta que se hace la luz. Entonces adquiere mayor empaque su belleza, ornada de mosaicos y pinturas en el techo. La magistral obra de Barluzzi, llevada a cabo en el año 1924, contó con fondos de diversos países para su ejecución, de ahí le viene el nombre de basílica de las naciones.




Me atraen tanto los mosaicos como la huella bizantina impresa en su portada. En este lugar donde me hallo, donde fuera erigida la iglesia, Jesús se reunía con sus discípulos para orar, el mismo lugar donde Judas le traicionaría para ser después arrestado.



En el altar debo imaginar que lo que ven mis ojos es la roca donde Jesús rezó la noche anterior a su arresto.



MONTE DE LAS BIENAVENTURANZAS, CAPHARNAUM Y MONASTERIO DE TABGHA





MONTE DE LAS BIENAVENTURANZAS

Siguiendo los pasos de Jesús llego hasta el Monte de las Bienaventuranzas, un lugar sagrado, remanso de quietud y espiritualidad, circuido por atildados jardines. Me hallo frente al lago Tiberiades, cerca de Tabgha y Caphernaum, dos destinos imprescindibles en mi travesía mística.

Me adentro en una iglesia blanqui-negra de bella estructura que fuera construida en tiempos de Mussolini, erigida en 1939 por Berluzzi. Actualmente está regida por una orden religiosa franciscana. No voy a explayarme en detalles armoniosos ni decorativos, como soy tan proclive a regalar, pues radica su importancia en que aquí daría Jesús el sermón de la montaña, dirigido a sus discípulos como narra el Evangelio, según San Mateo.




CAPHARNAUM







Capharnaum o pueblo de consuelo, ciudad de Jesús, arribo con la esperanza de seguir el rastro de Pedro, pero tan solo me topo con los desolados restos de unas ruinas paupérrimas de la que fuera su casa, donde la imaginación es fundamental amiga de viaje para entender lo que los ojos confunden. Allí mismo veo también los restos olvidados de una sinagoga del siglo V. A un nivel inferior, otros incluso más antiguos. Acaso fuera un templo romano...

La Capharnaum judía, opulenta villa en tiempos de los romanos, fue cónclave de Jesús con sus primeros discípulos. La ciudad fue devastada por los árabes en el siglo VII y adquirida por los franciscanos en 1891.

Es éste un periplo por la historia más remota, allá donde la memoria se extravía y la vista desvirtúa cuando se posa en desdentados muros, paredes y suelos de lo que debió ser, otrora, un hogar cristiano o una gran avenida populosa.


TABGHA



Tabgha, Heptageon o lo que es lo mismo, "siete manantiales", "siete fuentes", es el lugar donde se produjo el milagro de los panes y los peces. Como viene siendo ya habitual, todo es paz en derredor. Visito la iglesia benedictina alemana, reciente, casi reluciente, si se aprecia la hipérbole, pues data de 1980. Bajo un altar de piedra nada impresionante me espera la piedra, el punto exacto, la roca donde presuntamente Jesús obró el milagro. Más vistosos son los mosaicos nada desdeñables que hay justo al lado. Salgo casi decepcionado de la Magadan o aguas de fortuna, como muy probablemente se llamaba entonces este lugar en aquellos prístinos días de enseñanzas y revelaciones del Mesías.

En todo caso, un acto de fe debería llevarnos hasta las lindes ya desdibujadas de una peregrina llamada Egeria, año 383, quien transmitió el milagro de la transformación de panes y peces.

Como en el río Jordán y me adentro en sus aguas bíblicas, sintiéndome un poco parte de la historia más apasionante que ha conocido la humanidad. Es un río ancho, esmeraldino, pero me cuesta imaginarlo como lecho bautismal o de cónclave religioso-espiritual. Parece todo demasiado presente, recién lavado, como si el pasado presumido jamás hubiera lamido esas aguas verdes y fuera todo un bello cuento épico. Imaginación, fe... Siempre en la maleta, compañera de viaje e inquilina del corazón.






SAFED

SAFED


SINAGOGA ABOUHAV





La ciudad del misticismo, de la cábala, de las calles blanqui-azuladas de pétreo estilo medieval, me espera con sus recovecos angostos, empedrados donde abundan las tiendas con encanto y las referencias artísticas en cada vericueto. Camina sin prisas por el pintoresco barrio judío, sumérgete en la villa longeva, declarada centro espiritual desde el año 1600.

Es imprescindible visitar aquí la sinagoga Abouhav, pues es una maravilla de color cielo y el blanco, un mar de nubes...
La Sinagoga Abuhav, siglo XV, se llama así debido al rabino y cabalista español del siglo XV, Isaac Abuhav.

Me encanta su diseño blanqui-azulado, ornamentado su maravilloso techo con filigranas que te anegan la retina.

La sinagoga quedó casi derruida tras un terremoto en 1837.

Tan solo la pared sur permaneció de pie y es testigo mudo de lo que fue en su prístino origen.


Es imprescindible adentrarse en el laberíntico Safed para sentir el barrio de los artistas, tan bonito y romántico.

La Torah se lee desde un púlpito en el centro.

 Observó el cisma entre hombres y mujeres en las galerías claramente separadas. Pasear es una delicia por esta villa construida por Flavio Josefo, la ciudad arcana donde se hiciera la primera imprenta hebrea del cercano Oriente en el año 1563.

Acabo esta ruta breve, no por ello menos trascendente, bordeando el lago Tiberiades, mientras me quedo admirando en la lejanía la cumbre del monte Hermón.

sábado, 18 de julio de 2015

NAZARET







CASA DE MARÍA

Ya en la baja Galilea predominan los olivos; nada queda o me cuesta imaginarlo, de aquel prístino paisaje de Nazaret hace 2000 años.

Me rodea la modernidad de una urbe que ha crecido como un gigante y que ha olvidado su pasado.

Acabo de entrar en la Iglesia de la Anunciación; un edificio moderno y no especialmente atrayente erigido en el año 1969.

En su interior me espera el acicate de toparme con los restos de la casa de María. Aún puede verse un antiguo mosaico del siglo II. Sólo por medio de estos hechos ya se me antoja sobrecogedora, emocionante, increíble la visita. Quiero imaginar, y casi lo veo, lo siento, al arcángel Gabriel descendiendo de los cielos para traer un mensaje: el nacimiento de Jesús.

El templo está llevado a día de hoy por monjes franciscanos italianos. La visita, aunque breve, no por ello es menos significativa, simbólica, un soplo espiritual para el alma más descreída.


Al subir a la planta superior parece que se desinfla un poco esa aura. Una escalera de caracol me lleva hasta diversas pinturas de la Virgen María en enormes murales de todas las regiones del mundo. Es bonito, por supuesto, pero nada trascendental.



Y hablando de trascendencia, recupera fuelle tal sensación cuando me dirijo a la casa de José: la carpintería.

Realmente es irreconocible: hay que hacer uso de la fe y la emoción del momento, pues de otro modo no verás nada más que piedra, ruinas, vestigios de algo muy antiguo.







Muy moderna, blanca, bonita, la iglesia erigida en este lugar. Abajo, en un nivel inferior, a través de una rejilla, vemos parte de esa añeja, bíblica, histórica carpintería, que como bien señalo impondrá en nosotros un ejercicio introspectivo espiritual y de pura fe.

viernes, 17 de julio de 2015

AKKO.SAN JUAN DE ACRE




Turno para la egregia ciudad de Akko o San Juán de Acre, lugar desde donde partían las tropas cruzadas para recuperar territorios cristianos.

Se trata de una de las urbes más antiguas del mundo; probablemente fundada entre el 1500 al 750 A.C, cuando cayera en manos de los asirios.

De pasado británico, fue Akko “·parada” de acogida de supervivientes del holocausto.

Los otomanos también dejarían su huella durante 400 años. Me llama la atención inmediatamente la barrera fortificada frente al mar, flanqueado por doquier por “caribeñas” palmeras.




Digo adiós al mar mediterráneo para adentrarme tierra adentro.


San Juán de Acre, conquistada por los cruzados en 1104 y última capital del reino hasta 1291, me recibe con una “fiesta” de colores azules y blancos, el añil, el azul turquesa, utilizado para espantar a los bichos, mosquitos, etc. Cualquier color que nada tenga que ver con los propios de la fruta produce este alejamiento de los molestos insectos.



La villa que visito fue mencionada por primera vez en los textos execratorios egipcios y en las tablillas de Amarna (siglos XV-XIII a.c)

Esta tierra vetusta, añosa, legendaria, fue aquella que recorrieran y poblaran las primigenias tribus de Aser y las tropas del mismísimo Carlomagno. Ahora yo sigo sus pasos, mientras abordo la preciosa zona vieja o casco antiguo intramuros y observo maravillado la ciudadela construida sobre las ruinas cruzadas por El-Jazzar, de sobrenombre “El carnicero”, debido a su extrema crueldad.



BA´HAI GARDENS E IGLESIA CARMELITA STELLA MARIS



A través de una carretera sinuosa llego hasta el monte Carmel: mi primera parada está en los fotogénicos jardines Ba´hai, Patrimonio de la Humanidad desde 2008.



De estilo claramente parisino, los amantes de la fotografía romántica, escénica, preciosa, de fondo de pantalla floral, harán cola para hacer fotos en Louis Promenade o mirador de Louis. Son impecables, impolutos, elegantes, de una belleza que sobrecoge y emociona: son una postal de flores y colores.



Todo es elegante y soberbio, como en París, como en las grandes avenidas de las principales ciudades del país vecino. Esas farolas, con sus ornatos dorados y negros, evoca precisamente este hecho.



Son varias terrazas, a distintos niveles, todas “esculpidas” con la mano experta de arquitectos de la naturaleza que saben crear milagros allá donde otros sólo ven flores, plantas y vegetación. Desafortunadamente sólo tengo acceso a una pequeña parte del recinto.



IGLESIA CARMELITA STELLA MARIS (HAIFA)






Cambio radical de registro para introducirme en la sagrada gruta donde, presuntamente, vivió el profeta Elías. Es algo sobria, oscura, pero preciosa es su bóveda pintada. Bajo el altar me topo con la gruta.

Estoy en la iglesia que es considerada centro mundial de esta orden religiosa.

Doy paso al reportaje fotográfico que acompaña a la grandeza de lo descubierto por este explorador infatigable de crónicas viajeras.