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martes, 12 de mayo de 2015

ZARAGOZA

BASÍLICA NUESTRA SEÑORA DEL PILAR




BASÍLICA NUESTRA SEÑORA DEL PILAR



Finalizan mis crónicas viajeras con parada en Caesar Augusta, o 

para entendernos, actual Zaragoza, la ciudad otrora fundada por Cesar Augusto allá por el 14 A.C.

Desde la lontananza ya atisbo la gloriosa figura de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, verdadera enseña y blasón zaragozano. A sus pies, el fascinante y de vez en cuando revoltoso río Ebro, que como bien se sabe, le dio por desbordarse últimamente, convirtiendo Zaragoza en un panorama de diluvio bíblico.



 RÍO EBRO

Me dirijo sin demora a la basílica que se erige sobre el río más caudaloso del país.

Es fascinante, sublime, bellísima y altiva la Basílica de Nuestra Señora del Pilar.

Magistrales los trabajos realizados en 1881 por Felipe Sánchez, Francisco de Herrera y Ventura Rodríguez, entre otros.



 INTERIOR DE LA IGLESIA

Uno se queda atónito cuando penetra en este recinto sagrado de dimensiones sobrecogedoras; mal comparado, un “pequeño Vaticano”.

Es alucinante el Retablo Mayor de Damián Forment, pero no se queda a la zaga el coro de madera de roble de Flandes, creado por los maestros artesanos Moreto, Dbray y Lobato.

Si alzamos la mirada a los techos nos toparemos con las pinturas de González Velázquez, Goya y Stolz.

Dan mis palabras paso a las fotografías.





 BASÍLICA NUESTRA SEÑORA DEL PILAR




lunes, 11 de mayo de 2015

HUESCA


Atravesando la localidad de Sabiñánigo es precioso el paisaje bucólico que bordea el monte de Santa Orosia. Todo verdor y frondosidad regada por el río Gallego. Abundan los pinos, la avena y el centeno.

Así continúa cruzando el embalse de Arguis en dirección a Huesca. Una vez pasados los túneles que hienden la montaña el terreno se torna más plano.

Una vez en la ciudad que hoy visito, visito la zona denominada del Coso bajo, que es peatonal.

Se aúna la gente en las populares cuatro esquinas, (Coso alto), también peatonal y cubierta de soportales, que aquí dan en llamar los porches de Galicia.

Es realmente una “cucada” la coqueta y modesta Plaza de López de Allue (Plaza Mayor); diáfana, limpia, sus fachadas teñidas de color salmón. 


Aquí es imperioso menester pasar por los ultramarinos La Confianza, un local con solera, y no en vano, la tienda más antigua del país, abiertos desde el año 1871. Es precioso por dentro, con sus techos pintados y decoración añeja, así como tarros, botes, mercancía que nos retrotraen a otra época. Ciertamente, las personas mayores creerán haber realizado un viaje al pasado, acaso a sus años de mocedad…



Es bonita la iglesia de San Pedro el viejo. Probablemente ya existiera en época visigótica. Después pasaría bajo control de los árabes.

Tras la reconquista en 1096 Pedro I la donó al monasterio de San Ponce de Tomeras. El templo actual es románico del siglo XII.

Es muy bonito el crismón de la portada con cenefa ajedrezada. El interior es interesante, y especialmente destacable es el retablo del altar mayor, obra de Juan Berruela.



Hay que salir a pasear y fotografiar con calma y en silencio el claustro que es Panteón Real, donde fueron enterrados los reyes de Aragón Ramiro II y su hermano Alfonso “El Batallador”.



Son una delicia los capiteles cincelados, 38 en total.

La catedral de Huesca, sin ser sublime ni memorable, es una bella obra arquitectónica del gótico del siglo XVIII. En la portada vemos a los doce apóstoles y a un curioso San Juan Bautista representado con piel de cordero.






Es una portada exquisita en cuanto a su volumen de figuras: la Virgen María, los apóstoles y los Reyes Magos en una representación de las Edades del Hombre.

No hay que marcharse sin echar un buen vistazo a un retablo de alabastro, en el interior de la iglesia, obra de Damián Forment.



viernes, 8 de mayo de 2015

JACA

JACA

MIRADOR EN JACA CON EL MONTE OROEL AL FONDO

Nuevamente quieren mis pasos recorrer nuevos caminos de piel nacional. Jaca es el lugar donde me hallo. Circuida por los ríos Gas, Aragón y el monte Oroel, se me antoja Jaca animada, pedregosa, paseable, nimbada de un ambiente sano y amigable.

Apenas queda nada ya de la primigenia muralla, tan sólo restos olvidados que pasan casi desapercibidos. Descubro poco a poco su casco histórico, que se encuentra a tiro de piedra del recomendable hotel donde me alojo: el Hotel y Spa Real Jaca.

Enseguida me topo con el convento de monjas benedictinas, Siglo XI, coloquialmente llamadas “Las Benitas”. Su campanario fue construido sobre el palacio de los Reyes de Aragón en tiempos de Felipe II.

“Las Benitas” llegaron a Jaca tras abandonar el Monasterio de Santa Cruz de Seros, fundado en 1555.

Quienes gusten más de paisajes y no tanta piedra se enamorarán enseguida de las vistas maravillosas del monte Oroel, declarado Paisaje Protegido de Juan de la Peña y Monte Oroel, e incluido en la Red Natural de Aragón. Se puede ascender por la cara norte desde el parador de Oroel, a tan sólo 9 kilómetros de Jaca, y llegar hasta la cruz de hierro en la cima.

Retorno a las bellezas del casco histórico de Jaca para perderme en la que fuera hasta el siglo XVII la antigua zona de judería: calle del Febrero de 1883 y aledañas. Estamos en fiestas y esto está muy animado.

Es muy curiosa la Torre del Merino (Recaudador del rey), en la calle de Sancho Ramírez. Y digo curiosa debido a la estrambótica efigie de Ramiro I, primer rey de Aragón, en pose de cabaretera de tugurio, nada apropiado para un monarca.


 RAMIRO I

Este lugar fue Ayuntamiento y cárcel; actualmente sede de la Comunidad de Trabajo  de los Pirineos.

Es bonito el Ayuntamiento plateresco aragonés, (1545), obra de Juan de Rosellet. Aquí tendré conocimiento del curioso Consejo de Cientos (1235), fundado con la idea utópica de que 100 hombres justos, algo impensable en nuestros días, gobernaran la ciudad con honestidad y rigor.

Sigo ruta a través de la calle Obispo y aledañas, donde prevalece ese halo divertido y juvenil que caracteriza a los pueblos en fiestas.

Arribo casi sin pretenderlo hasta la Plaza de la Catedral. Me adentro en el recinto sagrado sin preámbulos. Se trata, observo enseguida, de una construcción fascinante, sobria, proclive a buscar el refugio de las sombras.



Construida en tiempos de Sancho Ramírez, (finales del siglo XI),  está considerada como una de las joyas del románico del Camino de Santiago aragonés.



Me enerva un poco el hecho de tener que estar echando monedas de un euro, yo mismo o cualquier otro, da igual, el caso es pagar, para poder vislumbrar la grandeza de esta catedral. Cuando queda iluminada brevemente puedo avizorar la gloria de los techos góticos, las capillas laterales barrocas, góticas y renacentistas como la de San Miguel o Santa Orosia, patrona de Jaca. Son increíbles los frescos en las paredes y el retablo barroco rococó del siglo XVIII, flanqueado por maravillosas columnas salomónicas.

Son alucinantes también las pinturas de Bayeu en el ábside principal. Justo debajo encontramos tres urnas preciosas, que corresponden a Santa Orosia, San Indalecio y los hermanos San Félix y San Boto.

Asombroso también es el retablo en piedra de la Santísima Trinidad.

Dejo atrás la catedral para dirigirme ahora a La Ciudadela o Castillo de San Pedro, una fortaleza pentagonal construida en tiempos de Felipe II por Tiburcio Spanocchi. Presuntamente, si bien yo no los he visto, en el foso, donde jamás hubo agua, ahora habitan unos ciervos.




miércoles, 6 de mayo de 2015

CIUDAD ENCANTADA DE CUENCA Y RÍO CUERVO


 CIUDAD ENCANTADA Y RÍO CUERVO


EL TORMO ALTO

Bordeando el precioso río Júcar, flanqueado de naturaleza verdosa y lozana, sigo el curso sinuoso que se prolonga hasta Cullera. No es mi intención arribar a la costera localidad al este de España, pues mi destino, en esta ocasión, me llevará a descubrir el nacimiento del Rió Cuervo y a imaginar formas singulares en las rocas y macizos de la Ciudad Encantada de Cuenca.

EL PUENTE ROMANO


EL DESFILADERO DEL TOBOGÁN

Me sorprende descubrir la frondosidad de la tercera provincia con mayor masa forestal del país. Siete mil kilómetros  de serranía, bosques de pinos, boj, sabinas, cedros, me esperan a lo largo del camino.

Mi primera parada será en el espectacular mirador del Ventano del diablo. Es alucinante el color esmeraldino de las hoces del río Júcar, así como misteriosas las oquedades y cuevas que horadan el paisaje.

 HOCES DEL RÍO JÚCAR EN EL VENTANO DEL DIABLO

La Ciudad Encantada, Paraje Natural de Interés Nacional desde 1929, se halla a unos 1500 metros de altitud en la Serranía de Cuenca.

Su origen se remonta al Cretácico (hace unos 90 millones de años) y estaba sumergida bajo el Mar de Thetis, actual Mediterráneo.


 EL ELEFANTE Y EL COCODRILO
Las rocas que conforman este paisaje mágico son básicamente de tipo calcáreo o calizo y en cuanto a la flora, abunda el pino laricio, las sabinas, robles, encinas, etc.

Las fotos que añado en este reportaje ayudarán a visualizar mis palabras de una manera más fidedigna.

 EL CONVENTO
Si no llevamos mucha prisa, una parada interesante está en Uña, un pequeño pueblo pesquero con una densidad poblacional de unos 100 habitantes.


 LAGUNA DE UÑA
Es realmente bonita y fotogénica la laguna, donde el tiempo parece haberse detenido entre los juncos que asoman en la superficie de esa agua límpida y remansada.

De camino ya hacia Tragacete es precioso el embalse de la Toba: casi idílico, romántico, bucólico, un ensueño. Continúa en idéntica línea el paisaje en torno a las sierras de Valdemeca y Madera.

El día es espantoso, con una lluvia molesta que no podría calificarse de diluvio pero sí de chaparrón incesante. Mi ascenso hasta el nacimiento del río Cuervo ha sido un periplo aciago y enojoso, paraguas en mano, calado como un besugo, he tenido que atravesar lodazales y senderos impracticables para atisbar a duras penas el lugar donde “amanece” el río Cuervo.


 NACIMIENTO DEL RÍO CUERVO