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martes, 1 de septiembre de 2015

FUENTONA DEL RÍO MURIEL.




Voy de camino a la preciosa Fuentona del río Muriel. A ambos lados de la carretera, enormes plantaciones de girasoles que van buscando la caricia del sol. A pocos kilómetros de Calatañazor llego al Centro de Interpretación para pedir información de lo que voy a visitar. Así me hablan de las excelencias de la Fuentona y del Sabinar de. Calatañazor. Desde este lugar se puede perfectamente ir caminando hasta la Fuentona, pues queda a menos de 2 kilómetros atravesando una paisajística senda forestal que sacará lo mejor de nuestro objetivo. Bordeo el idílico río Abion, que nace en la Fuentona, empeñado en hacerme guiños para que me acerque a su ribera. El paisaje esta dormido, acurrucado en el halo de un sueño eterno. Tranquilidad, sosiego, escenario que gusta de provocar a mi cámara para que me quede por siempre a su lado.






El río es como un espejo de puro límpido, verde cristalino, translucido. Es un placer sentarse frente al Abion en uno de los bancos para tal menester y dejarse engatusar por esa nitidez del agua transparente.

Hay fotos pendiendo de un momento mágico al cruzar los puentes de madera, que son como de cuento. Si quieres perderte esto, puedes llegar antes en tu vehículo y estacionar en un parking por el que te sacarán cuatro eurillos. El ticket lo tienes que coger en el Centro de interpretación. Allí te entregarán también un mapa y una visita al propio Centro por cuatro euros. Si solo te interesa el mapa, éste vale 50 céntimos.

Pero mi arrobo no hace sino empezar, pues ahora le llega el turno a la propia Fuentona y su cueva subterránea, explorada por primera vez en 1973 por el grupo de espeleología Standard. A partir de 100 metros, ese paisaje subacuático es ignoto. En el año 2002 TVE emitiría un documental acerca de la expedición de un grupo de aventureros de "Al Filo de lo imposible" que pretendían desentrañar los secretos de la cueva de la Fuentona. Tan solo se pudo llegar a 100 metros de profundidad. Nada más se sabe de lo que subyace bajo ese espejo verde cristalino que parece un ensueño vespertino de Monet.




Para bucear aquí hay que obtener un permiso especial. El llamado "ojo de la Fuentona" se me antoja fotogénico, evocador, mitológico. Es conveniente, para disfrutar de la serenidad del lugar, acudir temprano, pues a medida que avanza el día la Fuentona se va llenando de visitantes.



Me dirijo al Sabinar o Dehesa de Carrillo. Es una delicia pasear entre estos árboles. Deja el coche en el aparcamiento justo delante y deja que tus pasos te guíen por este laberinto de naturaleza frondosa y callada. Es Reserva Natural desde 1992 y una singularidad que no debes obviar, pues sabinas, árboles prehistóricos del terciario, solo hay en la Península Ibérica, el sur de Francia y el norte de África. Las dos reservas de estos supervivientes "terciarios" más  grandes que existen se encuentran en las dos Castillas.




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