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viernes, 7 de agosto de 2015

MASADA ,PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD 2001.




960 judíos, que se dice pronto, decidieron por unanimidad suicidarse en este enclave a propuesta de un hombre llamado Eleazar Ben Yair. De ese modo evitaban ser esclavos de Roma. Dos mujeres y 3 de sus hijos sobrevivieron, no tomaron parte en la dramática resolución fatal, y narraron los hechos al historiador Flavio Josefo.


Me hallo en una construcción enorme, como todas las que caracterizarían al megalómano, complejo y algo neurótico Herodes El Grande. Accedo a Masada por un camino tortuoso y me unto de memorias ya perdidas, allá por el 66 d.c, cuando los judíos dirimieran sus diferencias con Roma con un ejército de extremistas en tiempos de Vespasiano, padre de Tito. La Vía Dolorosa quedaría destruida en estos rifirrafes, saliendo los judíos en estampida y abandonando Israel.

Así toman Masada, pasando por encima de las guarniciones romanas.



En el año 70 se apaciguan las aguas, los judíos viven refugiados en una fortaleza inexpugnable con muralla doble. Pero esa suerte cambiaría su curso hasta el dramático final que ahora, gracias a las crónicas de Flavio Josefo, conocemos.

Masada es una meseta desoladora y yerma de roca y tierra desnuda frente al mar muerto. El ascenso a este antiguo bastión lo realizo en teleférico.




Mi próximo destino está en el sofocante, casi infernal pero imprescindible mar muerto.




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