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viernes, 14 de agosto de 2015

KROMERIZ







Sigo visitando villas medievales dominadas por una quietud como de balneario. Es el caso de Kromeriz, lugar típicamente de reposo para obispos, jardines de recreo donde la iglesia encontraba solaz y retiro.

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998, Kromeriz, siglo XIII, me sorprende con unos jardines arzobispales que me recuerdan a aquellos que tanto me entusiasmaran en la región francesa de  Loire o Versalles.

Pago pues 180 coronas para entrar en los dominios del castillo y los opulentos jardines que tanto alborozo causaran al clero. Extensiones mayestáticas ante mis ojos, hileras de columnas se erigen mostrando estatuas griegas. Definitivamente, esto se parece mucho a aquella región francesa de Villandry, aquellos jardines soberbios. Al fondo hay un pequeño templo que alberga el péndulo de Foucault.



A las afueras de este ensueño, casas señoriales de fachadas maravillosas, elegantes...

Kromeriz es religiosa, y por ello no es de extrañar encontrar iglesias como la de San Juan Bautista, un prodigio barroco del siglo XVIII todo pintada y decorada con referencias al santo.

Es menester visitar el Palacio arzobispal, donde por cierto, hacer fotos está prohibido. El suelo de madera es original y para pisarlo tienes que ponerte unas enormes alpargatas. En todo caso, merece la pena la nimia molestia en favor de este lugar tan interesante como esplendoroso.

Nada más comenzar la visita me topo con la impresionante sala de la caza, construida a raíz de la visita del zar Alejandro III y el emperador Francisco José en el año 1885. En las paredes, agolpados, buscando su sitio, 218 trofeos de caza.


Personalmente prefiero el abigarramiento acaso excesivo del rococó abundante en la sala rosada, que se utilizaba para recibir visitas y, sin duda, epatarlas, o sea, dejarlas boquiabiertas. Increíbles espejos venecianos y pinturas de Bassano.

En la sala contigua me espera un resplandor de blancos y dorados con granates que enmarcan los retratos de Sissi y José Francisco.

Más inane se me antoja la sala del consejo: retratos de obispos adustos y una magnífica estatua marmórea de la Madre Dolorosa. Aquí se constituiría la Asamblea de las naciones de Austria en 1848. En las paredes casi un centenar de cuadros.

Palabras mayores y membrete de oro merecen la sala de la asamblea, antiguo comedor y asamblea de las naciones austríacas en 1848-49.

Decorada de manera magistral por Adolf de Freenhal en 1770-72 en tiempos del obispo Hamilton, sirvió este espacio diáfano y maravilloso, plagado de arañas relumbrantes en el techo, 22 en total, para rodar escenas de la película "Amadeus". Se trata de una sala blanca engalanada con filigrana dorada y una inmensa alegoría pintada en el techo. Está considerada como una de las salas más hermosas de toda Europa Central.






En la actualidad se utiliza para conciertos. Paso a la sala de los vasallos, que se utilizaba para dirimir conflictos entre obispos y vasallos. Tras un incendio en 1752 tuvo que seré restaurada. El techo magnifico fue decorado por el pintor Maulbertsch en 1759. Más maravillas, esta vez es la biblioteca la que me cautiva. Fundada por Karel Lichtenstein Kastel Kaun en 1694, contiene un ejemplar del siglo IX escrito en latín.  Es un espacio rococó fabuloso, soberbio, obra del egregio J.Stern. Son también increíbles las enormes bolas del mundo del siglo XVII. Unas vistas impecables me esperan tras una escalinata nada desdeñable de 200 peldaños.

Acabo la jornada paseando por la recomendable calle peatonal Kovarska, llena de tiendas y restaurantes. Y una ultima mirada embobada a los magníficos edificios ornamentados de Masarykovo Namesti.

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