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domingo, 23 de agosto de 2015

KARLOVY VARY


Paso de ciudad balneario a otra de las mismas características: Karlovy Vary o Balneario de Carlos. Al igual que ocurriera en Marianske Lazne, predomina la quietud imperturbable, edificios divinos de colorido recién pintado, aguas mineralizadas que heden y sanan. La preciosa villa, como de juguete, proviene de la época vetusta de Carlos IV. Acude la gente a este lugar por la belleza del entorno, que es irrefutable, y también por la milagrosa cualidad de estas aguas, aptas para sanar males diversos.




JARRITAS PARA BEBER DE LAS FUENTES TERMALES.



Frente al curso del río, donde nadan a sus anchas las truchas, las carpas y los barbos y conviven los patos, paseo por el mercadillo en la calle Janapalacha. Enseguida me asaltan esas fachadas opulentas tan propias de Chequia cuando prosigo hacia Zarandi. Los edificios que me salen al paso son del año 1805. Es realmente fotogénico el complejo de los jardines de Dvorak. Casi parece inspirar a la paleta de los pintores impresionistas, como aquellos que buscaran su inspiración en los estanques cubiertos de nenúfares como los que ahora admiro.


Dado que me hallo en una ciudad balnearia, no es de extrañar que encuentre con recurrencia fuentes de aguas termales, que huelen fatal y saben aún peor. Algunas pueden alcanzar una temperatura de 47 grados. Para paseos de lo más agradables se me ocurre perderme por Mlynske Nabrezi con un fondo de río al fondo y dos balnearios militares de alba fachada. También toda la zona que rodea y convive con la calle Lazenska, donde habitan muchos rusos.

Cuando paso por delante del precioso casino de color rosa conozco la singular anécdota de que Pedro I El Grande trabajó como albañil y vivió allí en el año 1711. Casas egregias en Stara Louka, donde vivieran tras esas fachadas preciosas eximios personajes como: Mozart, Strauss, Beethoven, Goethe, Swarovsky...



Es muy bonito el antiguo mercado de estructura "blanco-cordobesa". Ahora me muevo hacia terrenos de manduca o gastronómicos... En este punto es menester hablar de las deliciosas obleas de Karlovy Vary, que las hay de muy diversos sabores y que son tradicionales desde 1640.

Aprovecha para comprar las fabulosas limas de cristal de Bohemia o cualquier otra cosa de este material y procedencia. Inmejorable. Un lugar recomendable está en Crystal Porcelain Antony, en Stara Louka, donde vivieran algunos de los memorables músicos que mencionara antes. Y ya que hablo de músicos insignes, en la calle Krahle Jiloe vivió el genio sin parangón, Chopin. 


Ciudad de aguas termales, ciudad de músicos como Tchaikovsky o Dvorak, recorre a pie Karlovy Vary y queda embebecido de su ambiente artístico y decorativo, salutífero y colorista, callado y recién estrenado, mientras te sale al paso manso una calesa de tintes románticos que casi nos hace evocar una época añeja que nos ha llegado como un murmullo, impreso en las fachadas nobiliarias de un tiempo ya olvidado y dormido.



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