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lunes, 17 de agosto de 2015

JINDRICHUV HRADEC




 
Arribo a esta  localidad de 22000 habitantes para visitar los castillos de Enrique o JINDRICHUV HRADEC, siglo XII y Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Me encuentro en medio de una gran plaza, bonita y colorida, con preciosas fachadas y la ya consuetudinaria torre o púlpito de la peste negra. La preciosa villa medieval es por lo que veo acicate turístico de gran animación y ajetreo de unos que vienen y otros que van...

El lago a los pies del castillo, grande, albo,  es artificial, no por ello menos bonito; de hecho casi se me antoja como un decorado de película. A través de una suerte de patios accedo a los palacios y me planto ante la torre negra, la parte más antigua. Es del año 1220 y tiene 33 metros de altura, a cuya cúspide se sube una vez hayas dejado atrás los 149 escalones pertinentes. Es interesante, casi como retroceder unos cuantos siglos en el tiempo, observar la enorme cocina negra, oscura, lóbrega incluso, como de cuento, ya digo. Tal designación, casi infausta, se debe al hollín que ennegrecía las paredes y techos a causa de los fogones.


 Las cuatro chimeneas todavía están en funcionamiento, como allá por el siglo XV. Este es acaso el lugar idóneo para que nos hablen de la aciaga y malhadada dama blanca, quien cocinaba para los menesterosos una nutritiva especie de papilla que recababa las atenciones de miles de ellos.

Era el siglo XVII y la fama de esta mujer y su bondad lograron un efecto indeseado finalmente, pues acudían a tal ágape pobres y menos pobres... O sea, gente que necesitaba ese alimento y otros que preferían beneficiarse de la bondad de la dama blanca, aún cuando ni eran míseros ni pasaban calamidades...

Pasamos a otra dama de blanco,  Perchta Von Rosenberg, no la previa, quien sería algo así como una víctima de la hoy llamada "violencia de género". Su marido era un canalla que la maltrataba física y mentalmente. Como todo castillo éste tiene también su leyenda, y se dice que por los recovecos más insospechados anda la caritativa dama, su espíritu, rondando y sollozando.


Acabo de penetrar en la zona del llamado Rondel, o sea, una rotonda magnifica de marchamo italiano de tonos que juegan con albos y áureos. Se erigió este recinto abovedado para la celebración de eventos musicales. La acústica es asombrosa, casi tanto como el revestimiento dorado del techo. Funcionó durante 2 siglos, hasta que los nobles cambiaron de residencia y el templo de la música quedó yerto de abandono hasta la Segunda Guerra Mundial. Es una obra de arte ejecutada para Adam II por Baltasare Maggi y Mario Faconi entre muchos otros allá por el año 1591-96.





Los amantes de las fotos deben cruzar al otro lado del puente con el lago y el castillo al fondo.



El castillo, de grandes dimensiones, está revestido de cuadros y pinturas en los techos con predominio de madera, pero no verás gran ostentación así en plan exacerbado. Digamos que es una belleza moderada y retenida, con colorido y buen gusto.

Concluida mi visita camino por la preciosa y animada calle peatonal de Panska, plagada de tiendas y locales para comer.





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