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viernes, 10 de julio de 2015

SANTIAGO DE COMPOSTELA

SANTIAGO DE COMPOSTELA


  Probablemente la joya de este periplo gallego, Santiago Compostela me recibe con el fondo de montañas del Monte Pedroso, donde vivió San Francisco de Asís.

CATEDRAL







Mi primera parada me lleva hasta la iglesia de San Francisco donde puedo disfrutar de las vistas de la ciudad desde su mirador. El pináculo en piedra que encuentro en la plaza de idéntico nombre es precisamente del santo antes mencionado. Es interesante pasear por esta zona y levantar la vista para contemplar las preciosas y ya características fachadas blancas. También hallarán aquí su solaz los aficionados a las tiendas de souvenirs.

La parada que espera con ansia todo peregrino está, por supuesto, en la amplísima, diáfana, inabarcable Plaza del Obradoiro, o sea, Plaza del taller, del obrador. Allí sin duda encontrarás esperando el tren turístico que recorre esta maravillosa localidad.
 BOTAFUMEIRO




Todo es magnífico y grandilocuente aquí: el Parador Nacional, uno de los hoteles más antiguos del mundo, por cierto.

PARADOR NACIONAL

La vista se llena de grandeza y de escenas cotidianas: peregrinos que llegan agotados, otros que abrazan a los recién llegados, gente haciendo fotos, etc.

Es precioso el Ayuntamiento, siglo XVIII, antigua cárcel. Pero claro, ¿Qué puede uno decir de la catedral? Es algo prodigioso, célebre monumento sagrado, obra cumbre del barroco. Desafortunadamente la encuentro algo apática y gris, su semblante sembrado de andamios de obras.



El interior es prodigioso, casi sobrenatural, una leyenda épica tornada en piedra. Inmensa, inabarcable, tanto con la vista como con el corazón. Es increíble la belleza de las capillas laterales.

Pero no se detiene aquí mi paso, pues hay mucho más que contar, y ello me lleva directamente a las imprescindibles Rua de Fonseca y Do Franco. También recomiendo perderse por Rua da Raiña y Praza da Fonseca. Por supuesto, parada obligatoria en el Palacio de Fonseca, aunque nos desagrade un poco su aire ya vetusto, casi negligente, con ese musgo verdoso que se adhiere sin piedad a muros y grietas.

PALACIO DE FONSECA

Muy animado se torna mi camino cuando llego a Praza das praterías y Rua do Vilar. Aquí acaeció un incidente con el botafumeiro: éste salió despedido de la catedral y decapitó a uno de los caballos de la fuente que hallamos en esta plaza.

 PLAZA DO VILAR
Retorno como hechizado a la catedral, que alberga en su vientre tres cementerios. Pasado el trance me desvío hacia la plaza de Quintana de mortos para contemplar la Torre de La Berenguela.


En la Plaza da Inmaculada, subiendo por Travesía da Quintana, no hay que perder detalle de la magnífica Puerta del paraíso.

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