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jueves, 9 de julio de 2015

LUGO


 VISTA DESDE LA MURALLA.

Lugo, otrora la romana ciudad Lucas Augusti, es una ciudad hermosa, atrayente, reconocida en todo el territorio nacional por su célebre y majestuosa  muralla defensiva del siglo III D.C, incluida desde el año 2009 como P.H.Unesco.



Comienzo pues por este elemento arquitectónico destacable y regio de dos kilómetros de perímetro que permaneció incólume incluso tras el pavoroso terremoto que sacudió Lisboa en el año 1755.

Es una gozada recorrerla tranquilamente. Es lo mismo que deben pensar los numerosos ciclistas, corredores, gimnastas, deportistas, aficionados al deporte al aire libre que merodean por aquí a diario.

La muralla, con forma de cubiletes de parchís, es un excepcional mirador para contemplar la ciudad y de paso, tomar buenas fotografías de la Plaza Mayor o la catedral, Santa María de Lugo, una obra maestra construida en el año 1129 por Raimundo Maestro. También es una buena oportunidad para contemplar de cerca las preciosas fachadas de los edificios rayanos.

Y ya que entramos en terreno eclesiástico, aprovecho para adentrarme en la catedral de esta ciudad.


La iglesia románica erigida por Maestro data del siglo XII, y parece desafiar al tiempo y mirar casi con nostalgia a los primigenios pobladores galaicos, acaso orgullosa Lugo de ser la ciudad más antigua de toda Galicia.

Es hermosa, muy bonita, y sobre todo, bien conservada, pese a los arañazos y magulladuras propias del paso del tiempo. Me gusta su fachada neoclásica (Siglos XVI-XIX). El interior, mi primera impresión, es que me hallo en un templo sobrio, adusto, que invita a refugiarse en las sombras y contemplar el mundo con ojos de asceta. Así me lo parece contar San Froilán (patrón de la ciudad) en su capilla recoleta.

CATEDRAL









Mejora sobremanera mi impresión inicial cuando arribo al alucinante Retablo Mayor del siglo XVI, una obra maestra del renacimiento gallego elaborada por Cornellis de Hilanda. No se queda atrás Marcos Torres con sus prodigiosas pinturas del año 1570. Pero aún hay más, pues me espera la grandeza del coro, obra magistral de Francisco de Moure llevada a cabo en el siglo XVII.

Uno no desea abandonar esta región umbría de la iglesia, pues ahora llega la capilla de la Virgen de los ojos grandes, que impresiona y emociona. Merece la pena visitar esta iglesia maravillosa que supuso un paso transitorio del estilo románico al gótico y que nos asombra a cada paso con la huella inefable de arquitectos como Ventura Rodríguez o Julián Sánchez Bors.

Una vez afuera, me encamino hacia el corazón lucense. No puedo por menos que admirar las preciosas fachadas nobles de luminiscente blancura.




Desemboco en la amplia y preciosa Plaza Mayor, donde se agolpa la gente para comer en torno a la Rua da Cruz, plagada de interesantes mesones.

Si preferimos ir de tiendas, entonces hay que dirigirse a Rua Doutor Castro. Puedes pasar a la zapatería Cortés, donde hay un mosaico impresionante. Parece ser que hay muchos más debajo, pero de momento no se sabe cómo sacarlos a la luz.

Nos llamará la atención el precioso reloj del Ayuntamiento, que es de estilo inglés y que inicialmente iba a ser colocado en la ciudad andaluza de Málaga. Allí no encajaba y finalmente tuvo que viajar hasta Lugo para hallar su emplazamiento final.





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