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miércoles, 6 de mayo de 2015

CIUDAD ENCANTADA DE CUENCA Y RÍO CUERVO


 CIUDAD ENCANTADA Y RÍO CUERVO


EL TORMO ALTO

Bordeando el precioso río Júcar, flanqueado de naturaleza verdosa y lozana, sigo el curso sinuoso que se prolonga hasta Cullera. No es mi intención arribar a la costera localidad al este de España, pues mi destino, en esta ocasión, me llevará a descubrir el nacimiento del Rió Cuervo y a imaginar formas singulares en las rocas y macizos de la Ciudad Encantada de Cuenca.

EL PUENTE ROMANO


EL DESFILADERO DEL TOBOGÁN

Me sorprende descubrir la frondosidad de la tercera provincia con mayor masa forestal del país. Siete mil kilómetros  de serranía, bosques de pinos, boj, sabinas, cedros, me esperan a lo largo del camino.

Mi primera parada será en el espectacular mirador del Ventano del diablo. Es alucinante el color esmeraldino de las hoces del río Júcar, así como misteriosas las oquedades y cuevas que horadan el paisaje.

 HOCES DEL RÍO JÚCAR EN EL VENTANO DEL DIABLO

La Ciudad Encantada, Paraje Natural de Interés Nacional desde 1929, se halla a unos 1500 metros de altitud en la Serranía de Cuenca.

Su origen se remonta al Cretácico (hace unos 90 millones de años) y estaba sumergida bajo el Mar de Thetis, actual Mediterráneo.


 EL ELEFANTE Y EL COCODRILO
Las rocas que conforman este paisaje mágico son básicamente de tipo calcáreo o calizo y en cuanto a la flora, abunda el pino laricio, las sabinas, robles, encinas, etc.

Las fotos que añado en este reportaje ayudarán a visualizar mis palabras de una manera más fidedigna.

 EL CONVENTO
Si no llevamos mucha prisa, una parada interesante está en Uña, un pequeño pueblo pesquero con una densidad poblacional de unos 100 habitantes.


 LAGUNA DE UÑA
Es realmente bonita y fotogénica la laguna, donde el tiempo parece haberse detenido entre los juncos que asoman en la superficie de esa agua límpida y remansada.

De camino ya hacia Tragacete es precioso el embalse de la Toba: casi idílico, romántico, bucólico, un ensueño. Continúa en idéntica línea el paisaje en torno a las sierras de Valdemeca y Madera.

El día es espantoso, con una lluvia molesta que no podría calificarse de diluvio pero sí de chaparrón incesante. Mi ascenso hasta el nacimiento del río Cuervo ha sido un periplo aciago y enojoso, paraguas en mano, calado como un besugo, he tenido que atravesar lodazales y senderos impracticables para atisbar a duras penas el lugar donde “amanece” el río Cuervo.


 NACIMIENTO DEL RÍO CUERVO


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