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domingo, 27 de julio de 2014

P.N.YELLOWSTONE




Un precioso paisaje canadiense se abre al idílico Jackson Lake. Estoy entrando ya en el P.N.Yellowstone. Me sobrecoge, como muchos años atrás, la Islandia de “mis amores”, por esta afinidad singular y sin parangón de alucinantes colores ígneos, gualdos, verdes, azules, añiles plateados, cerúleos, zarcos, grises, cristalinos, esmeraldinos o asalmonados…




Todo ello, conjugado en una paleta de pintor impresionista que bulle a temperatura infernal.

Lagos, pinos, nieve, se asoman curiosos a un caldero impresionante de inmensas fumarolas, vaharadas de dragón, géiseres, olores acedos de azufre en suspensión.




Conviven aquí los alces, lobos, coyotes, osos, bisontes, marmotas, pelícanos, aves rapaces… son habitantes oriundos de una región dominada por poderosos surtidores de aguas subterráneas hirvientes.




Hablaba antes de mi pasión por Islandia, pero bien es cierto que pese a las analogías, estos surtidores, estas “piscinas termales”, son inmensamente más numerosos, colosales y grandiosos, en tamaño y cantidad.

Aquí se puede comer un poco de todo, y: ¡sorpresa! ¡Hay una oficina postal! Comprar sellos en la Costa Oeste de los Estados Unidos, hasta el momento, se me antoja una tarea imposible…

Bueno, otra parada nada desdeñable, varios grados por encima de notable, la encuentro ante la impresionante cascada de Gibbon Falls, con un magnífico tapiz de fondo de pinos. Concluyo mi jornada en los preciosos paisajes coloristas de Artists Paintpots.




viernes, 25 de julio de 2014

JACKSON: BIENVENIDOS AL LEJANO OESTE.



 Después de atravesar desventuradas llanuras, me recompensa un paisaje con un fondo de montañas nevadas que apunta ya al P.N.Teton. Surgen en el camino ocasionales ranchos antes de efectuar una breve parada en Pinedale, que me recibe con paisajes de estampa canadiense. Para pasar la noche me alojo en el Virginia Lodge, en la preciosa localidad de Jackson. Desde aquí comienzo una apasionante travesía bordeando el Snake river, confluente con el remansado y pictórico Jenny Lake. Incluso el nombre es bonito, como de cuento clásico.


La susodicha caminata me pone a bordo de un barco de recreo para festejar estos paisajes tan idílicos. Ya de regreso en Jackson, detengo mi pluma en este entorno puramente de “far-west” edulcorado y engalanado. Es innegable su encanto romántico que rezuma por todos sus poros de madera y sus letreros de película del oeste. Fotogénico, emblemático, pagado de sí mismo, colorido y vivaz, turístico y hospitalario, Jackson anima a perpetuar la estancia entre sus calles animadas. Atisbo un copioso contingente humano que circuye a un puñado de actores, preparados para dar rienda suelta a sus fantasías de vaqueros, sheriffs, cuatreros, forajidos y borrachines de salón y damiselas bellísimas que contonean su palmito con graciosa feminidad. El espectáculo, un tiroteo, es de lo más entretenido, pero para ameno, el rodeo que me espera dentro de unas horas. Su duración, unas tres horas, está sobradamente justificada y es un tiempo muy bien empleado. Es una atracción nacional, si cabe… Para llegar desde el centro al recinto, el Teton Country Fairland Rodeo Grounds, hay que contar con unos 20 minutos si vas a pie.


El rodeo es un espectáculo un tanto circense, donde vaqueros y jinetes de todas las edades nos demuestran sus proezas hípicas o ecuestres, galopando o dando tumbos sobre las grupas de caballos que parecen sufrir convulsiones de tanto que se menean y contorsionan para derribar a los vaqueros…





La cosa se complica cuando los corceles son sustituidos por otros animales cuadrúpedos mucho menos ortodoxos…

Es una delicia pasear por Jackson y llevarse en el recuerdo esos locales pintorescos con música en directo, rodeado de auténticos vaqueros con sombrero y cara de “duelo al sol”. Los sombreros que llevan, por cierto, son una seña de identidad, una extensión de su ego. 



Hay mucho acicate esperándote en Jackson, gran cantidad de restaurantes, como el precioso Million Dollar Baby, toda una institución: las sillas frente a la barra son sillas de montar (a caballo). Los adictos a la golosina del helado tienen una cita insoslayable en el precioso local de Moo´s Gourmet Ice Cream: helados deliciosos, buen servicio y como digo, un local muy curioso y bonito.


Pinky G´S Pizzería tiene muy buen servicio, la pizza es deliciosa y cuenta con música en directo. El local suele estar lleno de gente. Atienden aquí hasta más allá de las 10 de la noche. Alucinante también es el Silver Dollar Bar and Grill del precioso Wort Hotel.








En Jackson todo es laudable y bonito, como la zona de Town Square o Jackson W.Broadway, en definitiva, Jackson bien merece una parada.

jueves, 17 de julio de 2014

PARQUE NACIONAL DE ARCHES


Seguimos en una ceremonia inagotable de paisajes “arrebolados”, como sometidos a la ignominia del rojo encendido que colorea el rostro de la vergüenza. Estamos en el Parque Nacional de Arches, donde prodigan alucinantes paisajes de película de “far-west”.



La mirada no se acaba de decidir entre posarse en las anfractuosas montañas recortadas o las llanuras rocosas que fueran hábitat natural de John Wayne. Definitivamente me quedo con la orografía salvaje y horadada de este lugar; estas montañas torturadas y esculpidas de maneras rocambolescas durante millones de años.




Sin embargo, contra todo pronóstico, el paisaje se redecora a continuación, de camino a Rock Springs, con kilómetros y kilómetros de paisaje canadiense. Más allá, me esperan todavía carreteras que se asoman a mesetas desérticas con famélicos matojos olvidados.

Es un breve trayecto el que me reconduce hacia el esplendor de Flaming Gorge. Comparada con la meseta “enfermiza” que acabo de describir, la presa construida por el navegante explorador John Wesley Powell en 1869 me parece un santuario.
PRESA DE FLAMING GORGE


Estamos ya despidiéndonos de la tierra mormona de Utah para dar la bienvenida a Wyoming, con sus serenos valles verdes que se me asemejan a los paisajes de Cantabria o Asturias.



domingo, 13 de julio de 2014

PARQUE NACIONAL DE CANYONLANDS



Continúa mi ruta por carreteras infinitas jalonadas de un paisaje terroso y rojo. Mi próxima parada es el Parque Nacional de Canyonlands (1360 km2).



Encuentro a mi llegada un territorio “marciano” compuesto por pedregales de rocas quebradas, torturadas, deformes, arrugadas, “agasajadas” con tonalidades verdosas, rojas, veteadas o adquiriendo morfologías rocambolescas. 



No permuta el panorama cuando me encuentro ya a las faldas de Moab. Me espera el samaritano descanso en el coqueto motel Super 8, cuyo logotipo parece confeccionado especialmente para una serie de dibujos animados o una guardería. Casi puedo columbrar a un puñado de “granujillas” pre-escolares diseñándolo y coloreándolo con sus recién estrenados rotuladores de Carioca.


LOGOTIPO DEL MOTEL SUPER 8

SUPER8MOTELMOAB@JUNO.COM

Si nos alojamos en este motel, o estamos por las inmediaciones, una excelente opción culinaria es el Sunset Hill. En lo alto de una colina, al lado del Super 8, tiene unas panorámicas vespertinas increíbles. La comida es muy sabrosa y variada, amén de copiosa.


 SUNSET HILL (SUNSET GRILL)

JOHN CLAYTON, 900 N.HIGHWAY 191
MOAB, UTAH, 84532

El trato es excelente, el local muy bonito. El personal, y no es broma, es realmente atractivo, cuidan la imagen, sin duda. Dispone el Sunset Hill de varias plantas y terrazas exteriores. Te llevan hasta lo alto de la cima desde el motel Riverside Inn, que está ahí mismo también. El conductor te lleva ida y vuelta gratis y es bastante agradable.

RIVERSIDE INN
WWW.MOAB-UTAH.COM/RIVERSIDEINN

Como recomendación, acompañada de bocina y luces reflectantes, eludir en la medida de lo posible el restaurante Denny´s, ya que los olores de la comida, varios grados por encima de hediondos e insalubres, se pueden percibir desde varios metros de distancia. Más que salivar uno sólo tiene ganas de regurgitar

viernes, 11 de julio de 2014

MONUMENT VALLEY



En estos parajes cinematográficos, allá por el año 1938, el ínclito cineasta John Ford rodó la célebre película “La diligencia”: nos encontramos en Monument Valley.

Es curioso contemplar in situ esta gigantesca extensión de arenas rojas, donde aún residen poco menos de 300 navajos, que tantas veces soñé en mi infancia a través de un vetusto monitor en blanco y negro, muchos años antes del advenimiento internauta y la telefonía inalámbrica.

Monument Valley parece inabarcable, así lo atestiguan los 4 estados que lo comparten con celo de “tácito” acuerdo.

Gracias a mi tesón e inconformismo, que no a nuestro guía, mal informado, me dispongo a realizar una caminata a través de estas tierras de películas de indios y vaqueros.

Existe, como digo, pese a las informaciones erróneas que puedan surgir en alguna ocasión, fruto sin duda del desinterés y falta de conocimientos, existe pues una alternativa a las travesías en vehículos 4x4. Ésta alternativa a la que me refiero tiene tanto nombre como mapas explicativos. Me refiero, por supuesto, al fascinante sendero Wildcat Trail, idóneo para quienes sufrimos una hernia discal sacro lumbar y nos aterran los brincos, golpes, meneos y botes propios de una aventura en aquel tipo de vehículos que mencionaba antes.





La imposibilidad de realizar esta excursión, según nuestro guía poco menos que “palabrita del niño Jesús”, me enerva la sangre y decido investigar por mi cuenta. A continuación viene la crónica de esa desobediencia.


 VIVIENDA DE LOS NAVAJOS, SIN ESQUINAS, PARA QUE LOS MALOS ESPÍRITUS NO SE REFUGIEN EN ELLAS.


Prosigo pues con el alucinante paisaje encarnado de rocas y montañas talladas por la naturaleza durante millones de años. Atisbo rojos inverosímiles, negros, amarillos, verdes, grises, a gusto siempre de los caprichos lumínicos impuestos por el Sol.


Es una maravilla, si soportas bien el calor, descalzarse y caminar sintiendo bajo los pies la caricia arrulladora de las dunas naranjas de arena pulverizada. Esta es la tierra más roja que podrás hallar en todo Estados Unidos. Así prosigue el hechizo cuando me dirijo hacia el alucinante desierto pintado, con sus vetas irisadas y paletas de acuarelista. Mi siguiente parada es el Parque Nacional de Canyonlands. 


DESIERTO PINTADO

jueves, 10 de julio de 2014

GRAN CAÑÓN DEL COLORADO


Parto ahora hacia una de las rutas estrella de este viaje: el gran cañón del Colorado. Me persiguen legendarias cadenas montañosas vetustas de color ferruginoso. El paisaje no me decepciona y se asoma ya espectacular. En todo caso, alcanza después su máximo apogeo a bordo de un helicóptero. Esta actividad es imprescindible si se quiere apreciar la belleza sin parangón de este entorno orográfico rojizo.

Sobrevuelo embebido la “montaña invertida” de los indios Hopi; el gran cañón.



Entremetido en su apabullante fisonomía tortuosa, el gran cañón despliega más de 445 kms de longitud por 30 de anchura y casi un kilómetro de profundidad…

Declarado Parque Nacional en 1919, osa escindirlo el sinuoso río Colorado, causante de su asombrosa morfología.



Al paso por la localidad de Flagstaff el paisaje se torna de visos canadienses, si bien, predomina una sensación omnipresente de páramos solitarios condenados al ostracismo durante kilómetros y kilómetros de llanas carreteras huérfanas.


Breve parada en la torre observatorio del gran cañón. Fue construida en 1932 como “receta” didáctica para comprender mejor el estilo de vida de los indios americanos en su vida pasada y presente. Se trata de una recreación de las torres prehistóricas encontradas a lo largo de todo el sureste. Es imprescindible visitar cada uno de los bonitos niveles decorados, y recrearse con las vistas del cañón desde la terraza superior. De camino a Utah, tierra de mormones, hemos ido tomando contacto con poblaciones minúsculas que apenas conforman un puñado de casas dispersas y los trillados locales de turno: KFC, Wendy´s, comida mexicana, pizzas, Mc Donalds y una estación de servicio con un poco más de lo mismo…

viernes, 4 de julio de 2014

CASTILLO DE MONTEZUMA



Salimos hacia Arizona en pos del desierto desalmado. Nuestro guía, experto en chismes hueros y locuaz como pocos, ameniza la travesía con chascarrillo de comadreo. Pero de todo se aprende. En Arizona, por ejemplo, es útil saber que uno puede portar entre sus enseres personales un revolver, vamos, una pistola de esas que disparan y matan a la gente…, pero eso sí, siempre y cuando sea visible.

En California, consumir alcohol en la calle es una acción reprobada y punible con arresto incluido en toda regla.

El paisaje que me acompaña es una comparsa desértica de colinas bajas y pardas, sin una sola sombra benevolente bajo la cual ampararse del calor justiciero de Phoenix.

Retorno a los chismes, pues el paisaje no da tregua al tedio. Comienzo a escuchar historias sobre los navajos, y cómo el gobierno americano “parcheó” los despropósitos y tropelías cometidas contra ellos en el pasado, dotándolos de toda suerte de prebendas para así acallar mínimamente la voz de la conciencia y la vergüenza.

Me resulta rocambolesca, por ejemplo, la crónica de esencia militar que narra los avatares afrentosos vividos por los navajos en la segunda guerra mundial. Como su lengua era tan abstrusa, el gobierno norteamericano decidió reclutarlos para que en el caso de que cayeran prisioneros de los japoneses, éstos no pudieran obtener ninguna información. Pero la cosa va mucho más allá, por supuesto…

De hecho, no todo queda en un mero “juego del despiste y confusión”. Los soldados norteamericanos tenían claras instrucciones de matarlos, si se daba la sazón, antes de que los japoneses pudieran aprender la lengua de los navajos.

Por fin permuta el panorama. Surgen de la nada los primeros cactus sobre un perímetro pardo y rojizo con salpicaduras de vegetación rala. Las carreteras aquí tienen una tendencia a la rectitud casi impenitente. Es tan inhóspito el desierto que la razón se niega a creer en la posibilidad de vida inteligente en derredor.

Si bien el tráfico es varios grados por encima de ínfimo, a veces ves como “machacan” el asfalto enormes camiones de mercancías, que son como coloridos dragones sobre ruedas. Reconozco en el paisaje clásicos fotogramas y escenarios de películas del “far west”. Acaso desmiembra esta impresión la afluencia de los molinos eólicos. Hay un tipo de cactus que se me han enquistado en la retina. Son orondos, espinosos, ancianos, robustos: son los saguaros; los cactus más célebres y emblemáticos de Norteamérica.
SAGUARO

Éstos y todos sus congéneres se desvanecen fantasmales cuando se sobrepasa la altitud de los 1000 metros.

Estoy entrando en Verde Valle para visitar un castillo sin monarcas ni atalayas ni torre de homenaje: Castillo de Montezuma (1200).
CASTILLO DE MONTEZUMA A MI ESPALDA


Era este lugar morada de los indios Sinagua. Se cree que escogieron este enclave por su proximidad con los más esenciales recursos naturales. La mirada recoge de un vistazo rocas horadadas a modo de hogares de piedra. Son 5 niveles y 45 viviendas que daban cobijo a clanes familiares que subsistían de lo que cazaban y cultivaban. Sus descubridores dieron en llamarlo Castillo de Montezuma porque su estilo de construcción les parecía fiel a los diseños aztecas.
MAQUETA RECREACIÓN DEL CASTILLO DE MONTEZUMA