Páginas vistas en total

viernes, 23 de mayo de 2014

TRUJILLO


ESTATUA ECUESTRE DE PIZARRO
Concluyen mis crónicas viajeras con visita a Trujillo. Se celebra un certamen quesero y encuentro la fascinante localidad abarrotada. Estoy en la bulliciosa Plaza Mayor ante la sitiada estatua ecuestre del gallardo Pizarro, aún debatiéndome entre la ruta a seguir.

Para mi sorpresa, al igual que en Madrid, veo varios turistas montados en los útiles y entretenidos Segways, sumamente práctico este vehículo urbano para recorrer la ciudad sin necesidad de caminar.

Comienzo mi exploración adentrándome en la iglesia de S.Martín de Tours (S.XVI), amplia, bonita y dotada de un magnífico órgano barroco de sanguínea tintura. También me llama la atención una vitrina donde reside la virgen templaria de la Coronaria. El edificio donde me encuentro es obra del arquitecto Sancho de Cabrera, y fue erigido sobre otro anterior de la época de la Guerra de Sucesión a la corona entre Juana la Beltraneja e Isabel de Castilla (S.XIV).

 IGLESIA DE SAN MARTÍN

VIRGEN TEMPLARIA DE LA CORONARIA

 Desde aquí, rebotado hacia la Plaza Mayor, me escabullo por entre las más que recomendables calles de los oficios. Es un área con 5 siglos de prosapia hispano-musulmana y recuerdos atávicos de una época de esplendor y edificios palaciegos. Es harto difícil posar mis retinas en algún lugar donde no resida la monumentalidad.

Hace ya un buen rato que mis piernas se enfrentan a pedestres escarpaduras de patente faz medieval, pero poco importa eso cuando el premio a mi denuedo me lleva hasta el arco de la Cuesta de la sangre, la Plazuela del reposo, el mirador de las monjas o la Puerta de Santiago. Merece la pena visitar la iglesia de Santiago por las excelentes panorámicas desde la “cúspide”.

Después, bajando por la calle Cambroneras se llega a un interesante aljibe califal hispano-musulmán del siglo X (Período Omeya). Se trata del mejor ejemplo de este género en toda Extremadura.

Palabras mayores dignas de preconización merece la imponente iglesia gótica Santa María la Mayor (S.XIII-XVI). Es Monumento Nacional, obra mayúscula del arquitecto Sancho Cabrera.

Majestuosa y deslumbrante, destaca su retablo hispano-flamenco, con maravillosas pinturas y predominio de tonos rojos y áureos.



IGLESIA SANTA MARÍA LA MAYOR

Me encanta la elegancia de sus arcos y carácter diáfano, como una mañana preñada de claror. Nuevamente, azuzado por el acicate insoslayable de obtener unas vistas privilegiadas de Trujillo arrostro los 106 escalones que conducen a la torre campanario.

Ya de nuevo sobre la superficie me encamino ahora a la Calleja de los mártires para visitar la Casa Museo de Pizarro, pero yo, que soy inconformista enamorado de los altozanos revierto enseguida el influjo de mi atención hacia el impresionante mirador de la Alcazaba (600 metros sobre el nivel del mar).

Se trata de un fantástico monumento andalusí de muros de sillería que data de la época de los Omeya (Siglo IX-X).

ALCAZABA





Es muy hermosa la entrada de arco de herradura, e imponente la estructura del patio de armas. La gente a mi alrededor tiene prisa por encaramarse a las almenas y otear Trujillo desde esas altitudes. Dejo el encanto innegable de esta fortaleza medieval y me topo con el simpático tren turístico que recorre la villa, mientras asciendo por la calle Tiendas en dirección a la Plaza Mayor. Poco antes de partir, hay una parada obligatoria en el precioso local vintage “La Pastelería”. Es tan bonito que parece de cuento de época…

PANORÁMICAS DE TRUJILLO



LOGROSÁN: LA MINA COSTANAZA DE FOSFORITA


De ruta hacia la imprescindible Trujillo me detengo brevemente en Logrosán, famosa por la interesante mina Costanaza de fosforita.

Puede resultar algo claustrofóbico el descenso en el ascensor cuasi minúsculo… no hay nada que temer, salvo la recreación mental que extraemos del arduo e impagable trabajo subterráneo que llevaban a cabo quienes ganaban un modesto jornal extirpando rocas y minerales del interior de una lóbrega caverna.

Tendremos la oportunidad de montar en una vagoneta a través de la mina de Costanaza, e incluso descubrir rocas con una antigüedad superior a los 5.000.000 años.


Los primeros trabajos en esta mina se llevaron a cabo en el año 1863. Las extracciones del fosfato se efectuaban a golpe de pico y martillo a cielo abierto. Pero no sería hasta el año 1907 cuando comenzaron las “tenebrosas” labores subterráneas.






Los yacimientos de fosfato en Logrosán se remontan a la época de Carlos III, si bien ya existen referencias de la presencia de fluorapatito desde el año 1775.


jueves, 22 de mayo de 2014

VILLA DE GUADALUPE



Disertaciones hechas sobre el fascinante monasterio, me centro ahora en la idílica villa medieval que lo acoge. En torno al complejo monástico los más oportunistas han plagado el lugar de terrazas estivales, tiendas, comercios, cafeterías… toda una ristra de acicates para atraer y embaucar al visitante. Saliendo de esta vorágine consuetudinaria en los meses de verano y fiestas puntuales, hay una Guadalupe interior sumamente interesante que pasa casi desapercibida entre las angosturas de las calles empedradas. Son rincones románticos tremendamente fotogénicos, que van apareciendo jalonados cuando cruzo las diversas puertas de arco que me acercan al núcleo más veraz de Gudalupe.

Este es el reino del silencio perpetuo que se rinde ante las casas porticadas, con preciosos balcones y un aluvión botánico que recuerda en lozanía y prodigalidad a los célebres patios cordobeses. 



Si hemos llegado hasta aquí, debemos acercarnos hasta la Plaza Gil Cordero, cuyo nombre alude al pastor que, según la leyenda, tuvo un encuentro con la Virgen y ésta le indicó donde se hallaba enterrada una imagen suya. Hay unas bonitas panorámicas desde el mirador del Parque de la constitución.


CASA DEL PASTOR GIL CORDERO QUE ENCONTRÓ LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE GUADALUPE

Para no caminar en vano como un errabundo sin mayor propósito que seguir a ciegas una senda, es una buena opción “adscribirse” a las encantadoras rutas señaladas a través de las puertas de arco que daban acceso al corazón más auténtico de Guadalupe.


Y para culminar esta jornada, nada más recomendable que parar a tomar algo en el bonito café Atrium, muy cerquita del monasterio y del también recomendable hostal Alfonso XI. Se trata de un local rústico-romántico con un buen servicio al cliente y que combina las funciones propias de una cafetería al uso con las de una pastelería, también al uso.

CAFÉ ATRIUM


GUADALUPE: MONASTERIO


Tras dejar atrás una ringlera de curvas pocos grados por debajo de hastiosa e inacabable, llego finalmente a la preciosa villa medieval de Guadalupe, cuyo nombre, indefectiblemente, viene ligado de manera inherente al majestuoso, colosal y deslumbrante monasterio, Monumento Nacional Histórico Artístico y Patrimonio de la Humanidad.

Si su fachada ya me deja sin aliento, el interior me sobrecoge de igual modo, perdido como estoy entre pilares titánicos y arcadas que me engullen. Es alucinante el altar, de profusión barroca e iconografía sacra. Reina la mansedumbre en este lar de franciscanos, y parece acentuada esta sensación en el glorioso claustro gótico-mudéjar, con las magníficas pinturas que decoran las paredes, obra de los monjes jerónimos.



A continuación, no pierdo ripio de la impresionante sala de los libros Miniados, que son colosales tanto en tamaño como en relevancia. Pueden llegar estos volúmenes a pesar unos 50 kilos.

Desafortunadamente no está permitido hacer fotografías, con lo cual debo conformarme con grabarlo todo en mi mente para archivarlo en los almacenes del recuerdo.

Prosigo ahora con las salas de ornamentos sagrados y la de casullas, tejidas por los propios monjes. No hay más que verlas para apreciar el denuedo y la habilidad de las manos laboriosas que las fabricaron: son auténticas obras de arte.

En la planta superior me quedo embobado contemplando el coro de madera de nogal, sobre la iglesia en el nivel inferior. Alzo la mirada para rendirme ante el prodigio de la bóveda, obra de Juan de Flandes, pintor de cámara de los Reyes Católicos.



En un estrato muchos grados superior a lo divino, arribo como en un trance a la indescriptible sacristía, “hermana gemela” de las capillas vaticanas o la celebérrima Sixtina. Está considerada, parece de perogrullo, como la más bella de España. No hay un centímetro de pared descubierto: todo son pinturas y policromía celestial. Las obras son de Zurbarán y sus discípulos. Más o menos en la misma vereda, acabo este viaje espiritual en la magnífica Sala de tesoros: ver para creer.


viernes, 16 de mayo de 2014

SALINAS DE AÑANA -VÍTORIA-

VALLE DE LAS SALINAS DE AÑANA


Y pongo punto final a mis crónicas vascas con una parada más que recomendable en las asombrosas SALINAS DE AÑANA.

La sal que aquí encuentro es infinitamente mejor que la que hallo habitualmente en los mercados. No en vano, grandes chêfs de la cocina vasca ya se han interesado por ella, adquiriéndola para sus platos estrella y loándola como un único potenciador culinario.

Los manantiales que visito están documentados desde el año 1822 y optan a Patrimonio de la humanidad por la Unesco.

Son 5000 eras todo el complejo salino, procedente de un gran mar que existió en estas mismas tierras hace ya la friolera de 200 millones de años. 



VITORIA


 Me despido del País Vasco con parada de rigor en Vitoria. Tenemos a un locuaz y simpático guía local que nos espera en la bonita y popular Plaza Nueva, con su interesante monumento conmemorativo de la Batalla de Vitoria (1813), donde las tropas francesas sufrieron una derrota decisiva e inolvidable. El púlpito está dotado de una gran expresividad gracias a la elocuencia de las numerosas figuras esculpidas.
PÚLPITO CONMEMORATIVO BATALLA DE VITORIA

La plaza en la que me hallo goza de gran diafanidad y espacios abiertos que invitan al recreo. Salen de aquí como culebras angostos ramales hacia el casco viejo. Es muy recomendable perderse por las calles de los oficios, y aquilatar y cotejar las notorias diferencias sociales entre las viviendas más modosas y los palacetes de Los Álava, Los Ayala y Los Calleja, los tres grandes clanes omnipotentes y omnipresentes en Vitoria.

Es muy agradable comprobar el buen estado en que se encuentra el casco viejo. Acaso ello coadyuve a apreciar mucho más la belleza inveterada de la iglesia gótica de San Pedro (XIV-XVI), con su precioso pórtico policromado.

Deambulando de acá para allá me llaman la atención las paredes de algunos solares e inmuebles, que sirven de lienzos urbanos para que talentosos artistas pinten sus creaciones pictóricas más asombrosas.



Para aliviar la extenuación de las extremidades inferiores, pues Vitoria es pródiga en escarpaduras, hay puntos donde me encuentro con escaleras mecánicas para arrostrar sin agobios declives de órdago.

Encantadores son, como un guiño al pasado, los tranvías.



Pero para curiosidades, la singular Plaza del machete, con el cual se decapitaba a los alcaldes que incumplían sus obligaciones de manera deshonesta o se comportaban de una manera impropia. A día de hoy, mucho me temo que semejante medida provocaría un holocausto de adalides sin parangón…

Una reproducción de tan sórdido instrumento se encuentra aquí expuesta.

Acabo mi crónica junto a la efigie del entrañable Celedón, un estrafalario personaje que acudía cada año a animar las Fiestas de la Blanca en Vitoria.


MUNDAKA Y PORTUGALETE

MUNDAKA

Pongo rumbo ya a Mundaka, junto al estuario del río Oca y la reserva de la biosfera Urdaibai. Me encuentro con un paisaje marítimo que invita a la rendición del ensueño.

Todo el entorno se nutre de encanto, si bien es conocido mayormente por la afluencia de surfistas acuciados y concitados por el acicate de su famosa ola izquierda, de hasta 4 metros de altura y forma tubular.


Hay un punto especialmente interesante para inmortalizar con nuestra cámara, y es desde el hotel El Puerto: idílico, pintoresco, con su terraza exterior que parece un evocador ventanal enamorado del mar. Se me anega la mirada de fachadas blancas “ibicencas”, con ornatos añiles, bermejos…


Al fondo, emerge timorata la isla de Izaro. Breve parada en el colorido pueblo de Bermeo, con su precioso puerto pesquero, casi de juguete, y sus curiosas casas espigadas y estrechas. Más breve si cabe es mi inciso en Sopelana, apenas un suspiro de regocijo para darle solaz a mi cámara, que ha quedado prendada de los acantilados sobre la playa.

 BERMEO

SOPELANA


Concluye mi jornada en Portugalete, que destaca por el exclusivo puente colgante transbordador (1893), un ingenio casi sin parangón de Alberto de Palacio.


En una especie de cabina pasamos desde Portugalete a Getxo: personas, coches, autocares, todos transportados por los aires como “mercadería” envasada en un gran contenedor en el primer puente transbordador del mundo. 


TRANSBORDADOR PORTUGALETE-GETXO
GUETARIA Y GUERNICA
GETARIA

Dejo atrás las excelencias que le ha regalado a mis sentidos San Sebastián para explorar las vetustas tierras de Guetaria, fundada en 1180 por Sancho VI de Navarra.

Es ésta una localidad “hermanada” con el mar y la caza de ballenas, así de vinculantes son sus ancestrales estratos marítimos. Cuna además del ínclito navegante Juan Sebastián El Cano, el primer hombre que lograra circunnavegar el orbe en el año 1522, empresa, por cierto, que le llevaría 3 largos años de su vida.


 PUERTO

Llego a Guetaria con el sabor a paisajes idílicos que me vienen acompañando desde la Bella Easo. Me da la bienvenida el ilustre explorador en la calle Juan Sebastián, erigido sobre un albo púlpito. El precioso pueblo medieval está muy bien conservado. Atormentan mis piernas las escarpadas cuestas empedradas, que acaban por conducirme hasta la iglesia de San Salvador (Patrimonio histórico artístico desde 1895).
JUAN SEBASTIÁN EL CANO

No tardo mucho en dejar atrás las angosturas de estas calles pétreas para mover mi espíritu hacia la rayana Guernica. Continúan infatigables los fotogénicos paisajes de feracidad y lozanía. Mi primera parada tiene lugar ante el árbol de Guernica; epítome simbólico de las libertades bajo el cual se reunían los Señores de Vizcaya para hacer sus juramentos de acatamiento y respeto a los fueros vascos.



 ÁRBOL DE GUERNICA
Pero Guernica es también trágicamente recordada por los bombardeos por parte de las tropas alemanas el 24-04-1937. Fueron cuatro horas de inmisericorde castigo que devino en una devastación de más del 75%

Me adentro ahora en la preciosa Sala de juntas, con los retratos de los Señores de Vizcaya ocupando toda la estancia. Contigua a ésta está la alucinante Sala de la vidriera. Sólo hay que levantar la vista para comprender su significado. La espectacular vidriera fue instalada en 1985 y dota a la sala de una gran diafanidad. Saliendo al exterior, si nos sobra tiempo, no es mala idea pasear por los Parques de Europa (C/Zearreta). Es bonito, aunque pequeño; un buen lugar para retratarse en los coquetos puentes de madera, o admirar la belleza serena de los patos mientras tomamos asiento en alguno de los bancos recoletos.

SALA DE JUNTAS Y SALA DE LA VIDRIERA

Los prosélitos del incomprensible arte contemporáneo están de suerte: encontrarán alguna obra de Chillida.

En todo caso, yo, que soy más de apego a lo clásico, prefiero admirar la belleza atemporal de la bonita y grande iglesia de Santa María Eliza (gótico tardío).

IGLESIA DE SANTA MARÍA


Está como deshabitada la villa que fundara en 1366 el conde Tello… y su efigie solitaria parece darse cuenta de ello, inmortalizada en la pequeña plaza porticada frente a la oficina de turismo. Antes de poner rumbo a otros derroteros, breve parada fotográfica ante el bonito “Guernica” (un mural cerámico) en la calle Allende Salazar.

MURAL CERÁMICO "GUERNICA"