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jueves, 13 de noviembre de 2014

PEÑA DE FRANCIA




Es inexcusable no visitar el famoso santuario si nuestros pasos caprichosos andan ya entretenidos recorriendo la Sierra de Francia y sus poblaciones aledañas. Declarado Conjunto Histórico Artístico, bien merece la pena soportar las calamidades a las que la tortuosa carretera, estrecha y curvilínea, nos someterá.

Arribo a la cima acompañado de nubes bajas que parecen decididas a tragarse el asfalto con insalubre voracidad. Paulatinamente la raigambre nubosa se va disipando y me permite columbrar un paisaje alucinante. Los edificios que me observan son de talante templario; parecen eternos, imperecederos. Penetro finalmente en el albo interior de la iglesia, con arcos góticos y preciosa escalinata y portada neoclásica del siglo XVII.


Subiendo por una pequeña escalera del santuario se puede acceder a un nivel superior, donde se halla la preciosa Virgen. Todo el mundo posa junto a ella para que el fotógrafo de turno tome la instantánea desde abajo. La Virgen que aquí reside es del siglo XIX, ya que la original (S.XII), quedó casi destruida y se llevó a Salamanca.


El altar, con forma arqueada, está revestido de azulejos. Este interesante santuario alberga hogaño a un único residente: el padre dominico Ángel.


Son bonitas e interesantes, para quien sepa apreciar la belleza austera del románico, las imágenes de Cristo. Acaso algunos visitantes se sientan más tentados con el acicate de los restos fosilizados de trilobites en el exterior del santuario.

Es muy coqueta la Capilla de la Blanca (S.XVI), construida en el lugar exacto donde apareció la Virgen. Es muy interesante también la pétrea talla de la Virgen de la Peña. Por último, parada de rigor en el bonito aljibe del Pozo verde. Asomándose a sus aguas remansadas uno asimila enseguida el porqué de un nombre tan colorista.


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