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miércoles, 12 de noviembre de 2014

LA ALBERCA




Mis crónicas viajeras quedan hoy en terreno conocido, en territorio nacional. La Alberca, aquella “Bereka” o “Tierra de aguas” de antaño me recibe esplendorosa con su magnífico Conjunto Histórico Artístico de influencia árabe y judía.



Son una maravilla estético-visual los edificios de estilo colonial del siglo XVIII, con esas fachadas de piedra y madera, y las angostas callejuelas de diseño medieval, y esas balconadas y terrazas plagadas de colorido floral...

La Plaza Mayor, la calle Lapuente o la del Tablao me seducen a primera vista con su rebullicio feliz y jacarandoso.


Se trata pues de una localidad hermoseada y turística, a la par que fotogénicos son esas terrazas y balcones de madera revestidos de flores con tanta elegancia y primor. También hay casas señoriales de alto abolengo, como la que perteneciera al duque de Béjar, actual teatro.

La vida fluye y discurre animada bajo los soportales de la Plaza Mayor en los innumerables locales donde se puede comer o tomar algo ligero. Es soberbia y sobria la iglesia de Santa María de la Asunción, así como tétrico es el calavernario, o sea, la hornacina exterior con dos calaveras, dedicado semejante altar a las almas benditas. El interior puede resultar un poco lóbrego, pero son alucinantes los altares de áureo barroquismo y el púlpito majestuoso que se erige como la mesana de un bajel.



Callejeando por esta bella localidad salmantina me encuentro bajo un soportal, plácidamente dormido, al cerdo más insigne del lugar. Es emblema vernáculo cultural y social, apegado a la tradición añeja en la cual se le sacrificaba para ser repartido después entre los menesterosos a modo de suculento manjar. 

El ínclito marrano, vocablo judío para designar a los judíos conversos, es cebado y mimado por los habitantes de La Alberca hasta el día de San Antón, fecha en la cual se le convierte en menú popular o plato estrella del día. Pero para tradiciones singulares, y en este caso tétricas, la que nos trae la moza de las ánimas, un siniestro personaje enlutado que existe ya desde el siglo XVIII.


La moza de las ánimas recorre las calles por las noches rezando un salmo por los difuntos y tocando una campanita…

NOCHE DE LAS ÁNIMAS 

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