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viernes, 26 de septiembre de 2014

ALBANIA DESCONOCIDA

ALBANIA DESCONOCIDA
BÚNKER DE LA GUERRA MUNDIAL EN PLENO CENTRO DE TIRANA

Muchas personas, cuando les comentaba yo mi próximo “proyecto turístico”, bizqueaban los ojos aturdidos, o simplemente manifestaban a bocajarro su ignorancia geográfica, preguntándose entre nubes de desconcierto y desatino donde podría encontrarse la nación que yo les refería todo ufano.

Por ello, he dado en llamar al primer capítulo de mis crónicas viajeras ALBANIA DESCONOCIDA.

Bañada por los mares Egeo y Adriático, linda este país pequeñito con Montenegro, Kosovo, Macedonia y Grecia. Se me antoja Albania como un arca repleto de sorpresas que llevara enterrada milenios bajo las ruinas de alguna fortaleza iliria. La excitación es mayúscula mientras “desarmo” los cascotes y desembalo los secretos de estas tierras ignotas.

Me encuentro a mi llegada con un tráfico denso formado por vehículos modernos y, por algún motivo que no he logrado elucidar, una cantidad exacerbada de la prestigiosa marca Mercedes.

Hay tantos por todo el país que parecen las carreteras vitorear su nombre a modo de liturgia conmemorativa. Volviendo ya a los menesteres de la capital, un par de días son suficientes para degustar sus recatados acicates. Tiene Tirana un talante elegante, a la par que decadente, con sus locales con encanto con terrazas exteriores que destilan un innegable tono de influencia italiana. Es una belleza decadente la de Tirana. Son sobrias y soberbias, algo trasnochadas, las fachadas de los edificios nobles y señoriales que me recuerdan a los que atisbara muchos años atrás en Palermo, Genova o Nápoles.


Los constantes socavones, zanjas y demás desmanes en las aceras, la roña incrustada en las paredes, los desconchones o la suciedad negligente, se empecinan en afear el rostro de los más bellos ejemplos arquitectónicos de la ciudad; una urbe que mira a Europa como desde la lontananza, a través de un catalejo.

Comer en Albania en un local de buen ambiente y, como indicaba antes, impregnado de efluvios italianos, es bastante económico. Los amantes de los cafés excelentes no querrán abandonar el país jamás.

Camino desde mi hotel a la vera del adocenado y casi ridículo “riachuelo” de nombre Lana, en busca del heterogéneo crisol humano que habita en este país casi clandestino que abrazara su independencia en el año 1912. Albania da cobijo a un volumen de musulmanes que asciende al 65%. Los ortodoxos se alzan con el 20% y los católicos solo un 15%.


RÍO LANA (TIRANA)
La primigenia tierra de los ilirios se ha transformado ante mis ojos en alegres pinceladas de color repartidas a granel por los edificios de la ciudad. Hablar de Albania supone prodigar sin recortes tacaños el celebérrimo nombre del héroe nacional, Gjerj Kastrioti “Skanderberg” (1405-1468), azote de los otomanos allá por el año 1444.
SKANDERBERG
El yelmo con cabeza astada de cabra que se ve por todo el país hace alusión a su emblema personal, así como lo es de su familia el águila bicéfala sobre fondo rojo que actualmente puede verse en la bandera nacional.
YELMO DEL HÉROE NACIONAL SKANDERBERG





Me quedo un poco desinflado cuando llego ante el impresionante Museo Nacional de Historia, que está, según parece, sometido a las penurias de las reformas. Me tengo que conformar pues con la sucinta leyenda que narra un colosal mosaico en la fachada, donde se concitan momentos épicos de gloriosas victorias en batallas a lo largo de la historia de Albania.

MUSEO NACIONAL DE HISTORIA




Cerradas las puertas me encamino hacia el majestuoso boulevard Deshmoret e Kombit, que me recuerda un poco a la plaza principal de la fascinante capital de Armenia, Yerevan.  La patria del famoso rey Zog, coronado en 1928 y a la fuga en el año 1939 cuando las tropas de Mussolini ocuparon el país, es un interesante remanente de genética bizantina, turca, griega, iliria, italiana, croata…

La seguridad es total, se puede pasear en plena noche por los arrabales más sórdidos y penumbrosos sin temor a ser desvalijado. Es mucho más probable, sin embargo, que alguno de nuestros pies acabe trastabillando en el suelo anfractuoso, o lo metamos sin querer en una zanja, socavón o alcantarilla sin tapa.

Circulando por las autopistas albanesas reparo en algunos detalles iterativos. Cada pocos kilómetros es fácil toparse con puestos de fruta, hortalizas, verdura, legumbres, miel, mazorcas de maíz… Son poco menos que chamizos rudimentarios apostados a pocos metros de los arcenes de la autovía. También me llaman la atención unos carteles donde se lee: LAVAZH…. o sea, puestos de lavado de coches que, en ocasiones, no son más que un habitáculo inmundo con una manguera larga y raquítica. Pero lo más rocambolesco, y espeluznante, es avistar con lunática frecuencia a gente cruzando las autopistas, por las cuales se circula tranquilamente a 120 o 140 kilómetros por hora.

Concluyo mi crónica con aroma cafetero para recomendaros una parada obligatoria en “Le Café”. Son de excelente calidad y muy variados los cafés .Se localiza fácilmente este lugar, céntrico, “clavado” en el interior de una galería comercial de gran extensión que da cobijo a diversos locales. Siempre está lleno de gente y el ambiente es fabuloso: talante europeo, buena música y una terraza exterior que se asoma a un idílico estanque artificial rodeado de jardines.

“LE CAFÉ” UNOS CAFÉS EXCELENTES






INTERIOR DE “LE CAFÉ”

BANDERA NACIONAL Y EMBLEMA DE LA FAMILIA DE SKANDERBERG


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