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jueves, 14 de agosto de 2014

SAN FRANCISCO I


 PUENTE DE OAKLAND

La que describo hoy arranca con una de las más indiscutibles etapas gloriosas de mi viaje: San Francisco.

Egregia a nivel ecuménico, la ciudad del Golden Gate, (800.000 habitantes), y las colinas ondulantes, me da la bienvenida con algunas “delicatessen” vernáculas, como el Clam Chowder, un caldo caliente riquísimo, o las Crab Cakes, una hamburguesa pertrechada con cangrejo, especias, camarones. Es ésta una ciudad mayúscula, soberbia, rezumante de turismo febril. El clima, sin embargo, me solivianta, lo admito. En un mismo día puedes transitar tranquilamente por el verano para acceder al invierno, con injerencias primaverales y un “chorrito” de otoño. En mi primera impresión es imposible no reparar en el alto índice de mendacidad y su hermano antagonista: la economía boyante que mira de lado a los menesterosos.


 PANORÁMICA DE SAN FRANCISCO DESDE MIRADOR EN TWIN PEAKS

San Francisco está escindido por el pacífico y la bahía. Mi mirada escudriña el horizonte para posarse relajada sobre la estructura férrea del puente de Oakland (1936) o de la bahía. Más allá, el “flamígero” puente encarnado del Golden Gate (1937).

PUENTE DEL GOLDEN GATE

La bahía, hermosa como un atardecer islandés, está bañada por las gélidas aguas del Pacífico y el río Sacramento. Las corrientes son 9 o 10 grados por encima de tremebundas, así como la certeza de que en esas aguas campan a sus anchas los tiburones.

Para moverme por la ciudad cogeré en ocasiones el transporte de cercanías Bart. Es imprescindible aparcar el espíritu en la entretenida zona de Market Place, Washington Str, Mission Str y aledañas. Siempre se concitan por aquí gentes heterogéneas, acaso esperando la salida de algún ferry junto al embarcadero, o abarrotando toda Market Str desde el muelle 31-33.

Podemos tomar uno de estos transportes náuticos hacia la siniestra y malhadada prisión de Alcatraz.


 PRISIÓN DE ALCATRAZ

La preciosa ciudad de tranvías legendarios me ofrece un abanico espectacular de propuestas culinarias difíciles de rechazar. La diversidad abruma entre la zona perimetral de los muelles 31 al 39, si bien, es más económico a partir del 41, donde se asentaron los prístinos inmigrantes italianos. Para dirigirse al centro, nada mejor que tomar el tranvía F. Dejando atrás ya la magia de los atracaderos, cambia la fisonomía de San Francisco en Columbus Str. Comienzo a descubrir calles con subidas y bajadas que son como jorobas de camello, pero 10 o 20 grados por encima de apoteósicas. Un claro ejemplo de esto lo hallo en Lombard Str.

Pero San Francisco tiene también su barrio chino, que es una maravilla, por cierto. Para ello, deberíamos dirigirnos a Stockton Str.

Aburrirse es imposible en San Francisco: teatros, acuario, restaurantes, espectáculos, turismo, puentes colgantes, tiendas, diversión, una miríada de cosas por hacer y muy poco tiempo…





Hay que darse un paseo por la animadísima Geary str y fijarse en las fachadas con escalera exterior en Hyde Str y alrededores. Pero para casas victorianas, sin duda, las de Alamo Square, en Divisadero y aledañas.


MANSIONES DE LUJO EN ALAMO SQUARE

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