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domingo, 3 de agosto de 2014

SALT LAKE CITY, CIUDAD DE MORMONES



TEMPLO

Nuestro guía nos habla de esta urbe con tal aprensión que parece que fuéramos directos a los hirvientes calderos del averno. Nos previene y aconseja sobre los mormones, proyectando en nuestra mente un nebuloso rosario de programa sectario, una clandestina e inicua congregación religiosa que buscara poco menos que lobotomizarnos el cerebro y de paso, libar nuestra energía vital.

Deja caer, así como tal cosa, que hay que evitarlos, no hacerles caso, vamos, como si fueran leprosos. Acabo de “desembarcar” en Salt Lake City: mi alma y mi energía vital siguen incólumes. La ciudad es enorme, pero carece de acicates, salvo por la inmensa extensión que ocupa toda la Temple Square (zona de mormones).

Visitar este lugar es totalmente recomendable. Se ofrecen tours guiados en más de 30 idiomas. Hay tanto y tan hermoso que ver aquí, que el tiempo no parece malgastado. Son una delicia estética los caminos florales que circunvalan el templo. 



Quienes se devanan la sesera con los misterios ignotos de su origen, disfrutarán mucho con el enorme pabellón de genealogía, donde a golpe de ratón y mucha búsqueda a través del ciberespacio, aparecen como fantasmas del pasado las huellas de nuestros abuelos, bisabuelos y mucho más allá.

En cuanto a los mormones, ese “contubernio” de gentes a quienes, según nuestro guía, debemos evitar a toda costa, de ellos sólo puedo recabar epítetos y distinciones laudables. Son gente sumamente educada, elegante en apariencia y comportamiento, amables, simpáticos, hospitalarios. Su faz dimana tanta serenidad y goce de la vida, parecen tan plácidos que es imposible desdeñarles.





Me dicen que son algo pesados… ¿pesados? Pesados son los teleoperadores de algunas compañías, que te llaman a horas intempestivas, sin tregua ni mesura, para venderte seguros, líneas de alta velocidad más rápidas, con promociones que por regalar, si te haces cliente, te regalarían hasta a su madre.


Seguimos con los mormones. Merece la pena visitar el magnífico Centro de Conferencias y subir a la terraza superior, donde surge sorprendente un pequeño hábitat con prados y árboles. Es fascinante la Biblioteca de la historia de la iglesia, y la casa victoriana Beehive house (1854), una preciosidad. Fue ésta mansión de Brigham Young, el gran colonizador de la zona del oeste americano. Si aún nos queda tiempo, es magnífico también el capitolio, construido a partir del año 1912. Salt Lake City fue fundada en el año 1870 siguiendo los cánones ideales de la ciudad de Zion, el paraíso mormón.

BEEHIVE HOUSE






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