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viernes, 8 de agosto de 2014

LAS VEGAS


 HOTEL EXCALIBUR
Estamos ya en el desierto de Mojave, Nevada, con destino a Las Vegas, abierto al público desde 1931. En el paisaje deprimente abunda el mítico Joshua Tree del célebre álbum de U2. Se asemeja en cierto modo al rechoncho Saguaro que dejamos atrás en Arizona.



Es curiosa, a la par que rocambolesca, la historia que se narra sobre este arbolito singular y espinoso. Resulta que cuando los mormones atravesaban estos páramos, deshidratados y famélicos como iban, fruto de un espejismo, creyeron ver al profeta Joshua. Éste se les revelaba para salvarlos de su calvario.

Los mormones corrieron alborozados a abrazarlo, pero el falso profeta y cactus real acabó pinchándoles y éstos, quedaron transidos de dolor, clavados entre esos brazos espinosos y zainos.

En medio de un terreno baldío y casi fantasmagórico, surge de repente en el horizonte la difuminada “osamenta” espectral de una ciudad artificial que se me asemeja a un recortable desdibujado.

El camino de entrada a Las Vegas no puede resultarme más antipático. Por fin descubre su faz, en medio de este desierto feo y tórrido, blandiendo enormes edificios altivos, rascacielos y locales suntuosos. Pródiga es Las Vegas en hoteles que son como palacios: BIENVENIDOS A LAS VEGAS.





Es curioso descubrir la asincrónica mezcolanza de ricachones, que llegan en vehículos que sólo había visto en las películas de James Bond, y gente mundana de lo más adocenada; gente que parece haber llegado a Las Vegas juntando la calderilla que guardaban en una hucha de aquellas con forma de cerdito rompible.

Me alojo en el hotel de fantasía Excalibur. Inmediatamente me invade una marea de ludópatas que pierden sus cuartos de sol a sol. Máquinas tragaperras, casinos concatenados, ruletas, lucecitas de colores que parpadean, aroma a dinero despilfarrado, monederos desplumados y bolsillos pletóricos de dólares, esos que se dejan los clientes de este negocio redondo y de tintes casi clandestinos, como de novela negra.

El boato lo impregna todo con sus guantes de diamantes. Rutilante, ostentosa, así es la ciudad del juego. Me topo de cuando en cuando, sobre todo en Downtown, la parte antigua, clásica de Las Vegas, con gente inclasificable, desde menesterosos hasta hercúleos boys e hipertróficas chicas Playboy, que airean sus turgencias 10 o 15 grados por encima del decoro y el recato. También hay drag-queens, magos, vaqueros, sujetos extravagantes (9 0 10 grados por encima de “raritos”).   Este panorama que describo, como digo, se halla en la celebérrima jungla luminosa de la zona antigua de Las Vegas, la que vemos en todos los reportajes, vaya. Algunos hoteles como el propio Excalibur, el Bellagio, Mirage, Luxor, The Venetian, Aria, Treasure Island, Caesars Palace, Wynn, Encore o Mandalay Bay son titánicos palacios faraónicos.


 HOTEL BELLAGIO
Para ver espectáculos gratuitos, los de pago pueden alcanzar varios cientos de euros a veces, hay que dirigirse a hoteles como el Excalibur, Bellagio o el Mirage, entre otros. Los espectáculos son una maravilla. Los que no tienen inconveniente en gastar pueden darse el gustazo, y sablazo para su cartera, de disfrutar de celebridades como Elton John, Olivia Newton John, Meat Loaf, Lionel Ritchie, Celine Dion, Shania Twain…

Las Vegas siempre concita a famosos afines a los que menciono.

La diversión es ilimitada, pero tiene un precio, y éste es pocos grados por debajo de abusivo. En Las Vegas abundan los vigilantes, y también las camareras cañón, mujeres explosivas que hacen la pelota a los más afortunados jugadores para que no escatimen monedas y sigan tentando a la suerte caprichosa, a la par que hacen más millonarios a quienes dirigen estos negocios.

Me dirijo al hotel Luxor (pirámide egipcia, maravilloso hotel) desde el propio hotel Excalibur, a través de gigantescos pasillos enmoquetados, eso sí, cruzando siempre el casino, acaso para tratar de que germine en mí una inexistente vena ludópata.


Me asomo a la ventana de mi hotel y puedo atisbar un paisaje típico de parque de atracciones. Atrás queda ese desierto implacable del Mojave, plagado de yuca, Joshua tree, palo verde, vegetación variada pero rala, variedades de pino y muchos, muchos cactus.


2 comentarios:

Sheol13 dijo...

Muy bien descrito, a mi siempre me ha evocado eso, un parque de atracciones donde tu alma y tu dinero se pueden perder fácilmente. un abrazo.

VÍCTOR VIRGÓS dijo...

¡Hola Sheol! gracias amigo por tu visita y lealtad imperecedera. Me alegro te haya gustado la crónica. Un abrazo!!!!!!!!!