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jueves, 10 de julio de 2014

GRAN CAÑÓN DEL COLORADO


Parto ahora hacia una de las rutas estrella de este viaje: el gran cañón del Colorado. Me persiguen legendarias cadenas montañosas vetustas de color ferruginoso. El paisaje no me decepciona y se asoma ya espectacular. En todo caso, alcanza después su máximo apogeo a bordo de un helicóptero. Esta actividad es imprescindible si se quiere apreciar la belleza sin parangón de este entorno orográfico rojizo.

Sobrevuelo embebido la “montaña invertida” de los indios Hopi; el gran cañón.



Entremetido en su apabullante fisonomía tortuosa, el gran cañón despliega más de 445 kms de longitud por 30 de anchura y casi un kilómetro de profundidad…

Declarado Parque Nacional en 1919, osa escindirlo el sinuoso río Colorado, causante de su asombrosa morfología.



Al paso por la localidad de Flagstaff el paisaje se torna de visos canadienses, si bien, predomina una sensación omnipresente de páramos solitarios condenados al ostracismo durante kilómetros y kilómetros de llanas carreteras huérfanas.


Breve parada en la torre observatorio del gran cañón. Fue construida en 1932 como “receta” didáctica para comprender mejor el estilo de vida de los indios americanos en su vida pasada y presente. Se trata de una recreación de las torres prehistóricas encontradas a lo largo de todo el sureste. Es imprescindible visitar cada uno de los bonitos niveles decorados, y recrearse con las vistas del cañón desde la terraza superior. De camino a Utah, tierra de mormones, hemos ido tomando contacto con poblaciones minúsculas que apenas conforman un puñado de casas dispersas y los trillados locales de turno: KFC, Wendy´s, comida mexicana, pizzas, Mc Donalds y una estación de servicio con un poco más de lo mismo…

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