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domingo, 11 de mayo de 2014

SAN SEBASTIÁN: LA BELLA EASO

PANORÁMICA DESDE EL RÍO URUMEA

Llego hoy a la joya de la corona en esta ruta concienzuda por el País Vasco: San Sebastián. Por un error o inexactitud geográfica, la Bella Easo se creyó cuna basal de la actual San Sebastián. Con el tiempo se descubriría que la antigua ciudad romana, Easo, fue fundada sobre las tierras que ahora sostienen y sustentan a la villa de Irún.

Despejado el “gazapo”, me envuelvo ya sin más proemios en los capítulos o etapas de mi andadura vasca. Me encuentro, para mi delectación, con una San Sebastián de rostro aburguesado y parisino. No en vano, la preciosa ciudad que me acoge sufrió el recalcitrante e impío asedio de las tropas francesas durante largos y calamitosos años.

Se me pierde la vista en la lontananza, donde el río Urumea me indica una ruta a seguir surcada de puentes fantásticos, como el precioso Zurriola.

El casco histórico es noble y de rancio abolengo, dotando cada tramo caminado de edificios señoriales que me hablan del París decimonónico. Para pasear elijo sin reniegos el entorno del Puente de Santa Catalina y el barrio de Gros, donde predomina la “imaginería” ornamental en los fatuos edificios que lo “visten”. Una vez llego a este punto, de marchamo distinguido y clasista, permito a mi mirada descansar frente a la bonita playa de Zurriola. Otras dos me esperan gozosas:

La playa de Ondarrieta y la más hermosa de las tres, egregia, loada por doquier, la playa de la Concha.



Parece un lugar tan idílico e hipnótico que uno anhela tan sólo detener el tiempo junto a la orilla hasta el fin de la última era de los eones. Mal que me pese, abandono esta playa de ensueño y me planto ante el magnífico teatro Victoria Eugenia, que compite en majestad con el hotel María Cristina. El teatro, vetusto e incólume, lleva funcionando desde el año 1912.

TEATRO VICTORIA EUGENIA



EL ALMIRANTE ANTONIO DE OQUENDO

Es imponente, en una medida de encomio mucho más modosa, la estatua del célebre almirante Antonio de Oquedo, leal servidor de Felipe III. Todo es bello y encantador en San Sebastián, como el romántico parque de la porticada Plaza de Guipúzcoa. En medio de grandes avenidas y espacios abiertos, admiro el edificio de la diputación foral, como viene siendo ya habitual, de evidente pátina afrancesada.

Por error imperdonable, me quedo con la espinita clavada de no haber “sobrevolado” el monte Igueldo y la playa de la Concha en el ancestral funicular de madera, que viera su primera alborada en el remoto año 1912. Revierto mi infortunio entre el fandango y la alharaca jovial del casco histórico, que encuentro tremendamente atractivo, a la par que caro. Mucho pincho de autor y comida decorativa de rácanas dimensiones, por precios antagonistas a lo que todos entendemos por económicos o populares. En mi periplo por el País Vasco ya me viene quedando claro que los menús diarios rara vez bajarán de los 15 euros.

Además, los locales para tal menester son pequeños, con lo cual, encontrar mesa disponible es harto difícil. Algunas referencias culinarias llevan a mi pluma a sugerir la cafetería Angistan, C/Reina regente 7. Se trata de un bonito local con vistas al puente de Zurriola, dotado de dos plantas y elegantes espejos, cristaleras y tonos cálidos asalmonados, blancos y dorados, amén de unas elegantes columnas tipo corintias. Buen ambiente y café excelente.

Otra opción es el popular y multitudinario Bar Nagusia Lau. Excelentes pinchos a mansalva, servidos con celeridad de centella. Y ya como colofón de m visita, parada de rigor ante la bonita catedral gótica del Buen Pastor (1889), donde contrajeran nupcias el monarca Luis XIV y María Teresa de Austria.



 CATEDRAL DEL BUEN PASTOR


Es un majestuoso templo obra del arquitecto donostiarra Manuel Echave e inaugurada en 1897. Son preciosas las vidrieras y la inabarcable ringlera de galerías de arco apuntado. Predomina la elegancia estructural y la diafanidad. Antes de marcharme, una última mirada a la maravillosa playa de la Concha y al precioso ayuntamiento que fuera casino hasta la derogación del juego en los años 20.

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