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jueves, 27 de febrero de 2014

SUZHOU I



Llego a una de las paradas más descollantes de este largo periplo chino. La boyante ciudad que me acoge hoy cuenta con 13 millones de habitantes y fue la antigua capital del estado Hu.

Turística a rabiar, es bonita y animada. Uno puede quedarse petrificado como un monolito en el fascinante entorno de la colina del tigre; lugar donde según narra la leyenda, descendió un tigre blanco para custodiar la tumba del emperador He Lu.

Paseo pues por el fascinante jardín de bonsáis, o como dicen los japoneses, paisajes en maceta. Atisbo gente de apariencia acaudalada montada en pequeñas embarcaciones, carruajes, tomando té o en preciosas áreas ajardinadas frente al estanque.



Pueden fácilmente arreciar instantáneas maravillosas junto a la pequeña catarata, o junto al susodicho estanque de la espada (10 metros de profundidad.

Mis pasos me encaminan sin remedio a la pagoda de Yun Ya Si (959-61), altanera y espléndida, aunque su porte, levemente inclinado, ya se lamenta de la “juventud” perdida.



Mi reencuentro con las afrentosas heridas de un país tan “trafagoso” como lo es China me arremete impío, sin yo proponérmelo, en el
tornado de las motos, bicis y un maratón automovilístico consuetudinario.

La zona vieja en torno a Shiquan Jie o Zhonjie Lu es una réplica exacta de los males que acabo de describir. Hay tiendas por doquier, y especializadas en casamientos, éstas, son como un ramillete interminable del paradigma del “sí, quiero”.

Me planto ante la ferviente Dong Dajie y enseguida aparezco ante la Pagoda de la Perla, rodeada en su entorno por plañideros sauces llorones que parecen agotadas siluetas ancestrales. Me espera el acicate de la asombrosa fortaleza de la Puerta de Pan (más de 2500 años de antigüedad y antigua muralla de Suzhou).





Es una zona idónea para detener el tiempo y emplearlo en inmortalizarlo con nuestra cámara: jardines, cataratas artificiales, estanques, rincones maravillosos allá donde se clava nuestra mirada…


De la antigua entrada primigenia no queda ya gran cosa, pues fue reconstruida en el siglo XII. No debe uno perder de vista la sensacional panorámica desde el puente escalonado de Hu, o también llamado de Marco Polo. Para concluir, regreso al meollo de la ciudad y quedo suspendido en las inmediaciones de la Pagoda de la Perla y la prístina muralla, donde reclaman mi atención calles destacables como Xinshi Lu, Zhuhui Lu y aledañas… 

2 comentarios:

fus dijo...

Otras de las maravillas que tanto me sedujo.....siempre recomiendo que hay que ir a China para conocer si inmensidad.

un abrazo

fus

VÍCTOR VIRGÓS dijo...

¡Hola Fus! gracias por tu profusa aportación con tus valiosos comentarios. Sin duda, China es un clásico, un lugar que hay que visitar alguna vez en la vida. Un abrazo