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viernes, 29 de noviembre de 2013

ZHANGJIAJIE: PAISAJES DE LA PELÍCULA "AVATAR"

PANORÁMICAS DESDE EL TELEFÉRICO

HEMBRA DE MACACO CON UNA CRÍA EN SUS BRAZOS

Voy recolectando en mi periplo chino lugares imprescindibles que merecen con creces una visita exhaustiva y detenida: es el caso del Parque natural de Zhangjiajie, Patrimonio de la humanidad por la Unesco desde 1992.

Es menester indicar ya en el proemio de esta crónica que los alucinantes paisajes que tienen el honor de vislumbrar mis retinas son los que sirvieron para crear el escenario en 3D de la película "Avatar".

Zhangjiajie es una rareza "alienígena" para los occidentales; o sea, un destino completamente ignoto y por tanto, visitado mayoritariamente por turistas endémicos. Me rodea una incesante "turba" china con ademanes de genuina curiosidad y extrañeza. Por más que oteo en derredor, no atisbo más que asiáticos.

En este punto me detengo brevemente para comentar una anécdota que me perseguirá durante todo el viaje: al ser yo de naturaleza velluda y los chinos lampiños, mis piernas y brazos descubiertos y nada lampiños provocarán en la población china todo un rosario de emociones dispares, que van desde la envidia y el asombro más absoluto hasta la idolatría, el descaro y el cotilleo.

Soy objeto de miradas, comentarios y flashes que me retratan como si fuera yo una estrella del celuloide.

Volviendo ya a los paisajes, son frecuentemente y fácilmente visibles manadas de macacos que se acercan al turista en busca de alimento. Lo hacen con total inverecundia, o sea, sin el menor asomo de vergüenza o temor. Es conveniente tener muy presente que estos simios no están domesticados, ni muchos menos, sino que son animales salvajes y aproximarse a ellos para hacerles carantoñas puede ser interpretado como una clara muestra de amenaza para el grupo.

Como bien señalo y acompaño de una fidedigna "receta" fotográfica, los paisajes de Zhangjiajie no son de este mundo... 

ZHANGJIAJIE: PAISAJES DE AVATAR

Este hecho irrefutable cobra todo su significado desde los miradores, o desde las alturas en el teleférico que sobrevuela las cimas de las montañas y las nubes y los picos, afilados como puntas de lanza.


Por el camino, que es siempre angosto o empinadísimo, tortuoso o extenuante, hay gran cantidad de puestos de comida para avituallarse. Los más sibaritas o enemigos del ejercicio físico acaso prefieran contratar los servicios de los porteadores que llevan en volandas al turista en el interior de un cómodo transportín.

Acabada la jornada de embeleso, regreso al pequeño y bonito pueblo de Zhangjajie. Está especialmente hermoso por la noche; precioso y buen ambiente, colorido y festivo. Abren las tiendas y queda el pueblo iluminado, suena la música... 

Veo grupos de gente bailando en cualquier parte al ritmo de una elaborada coreografía urbana.


viernes, 22 de noviembre de 2013

TUMBAS DE LA DINASTÍA MING Y EL CAMINO SAGRADO (CHANGLING)



 Pongo fin al sucinto inciso que me llevara hasta los sagrados recintos benedictinos del monasterio de El Paular y, como por arte de magia, me materializo nuevamente en China para poner rumbo al condado de Changping, donde me esperan 80 km2 de tumbas de la dinastía Ming, construidas entre 1409 y 1644.

A los pies de la montaña de Tianshou fueron enterrados 13 de los 16 emperadores de la eximia dinastía, permanentemente citada a lo largo de mis crónicas viajeras. Este lugar que hoy visito fue declarado Patrimonio de la humanidad por la Unesco en el año 2003; y no es de extrañar. Es la sensación que me queda cuando camino a través del Changling, el fascinante camino sagrado flanqueado por evocadores sauces llorones y enormes estatuas de piedra de animales, algunos mitológicos, o guardianes.



Las estatuas fueron construidas entre 1436-38 por el emperador Zhengtong.

Observo que miran hacia abajo… es una señal de deferencia y respeto hacia el emperador. Hay exactamente 36 estatuas. Comienza la tradición de las efigies con la dinastía Qing, queriendo con ello simbolizar el estatus del emperador enterrado.



Son impresionantes las lápidas que recorren el sendero con los nombres de los emperadores grabados. También la enorme estatua de la tortuga con cabeza de dragón, una alusión directa a la gran longevidad del reptil quelonio y al poder del dragón.

Si bien este lugar verá sus albores con el emperador Xuande en 1435, será en 1540 cuando se precisen urgentes reconstrucciones bajo el mandato de Jiajing. Parezco liliputiense cuando me encaro a la lápida Soul Tower, reconstruida entre 1785-87 y enmarcada en piedra.



Es muy interesante también pasear por la zona antigua, delatada por los tejados grises de las casas: restaurantes, gentío abrumador, turistas me salen al paso, acaso deleitándose también con las idílicas panorámicas que me ofrece el lago artificial Houhai, en el área de Schichahai. Es especialmente hermoso este lugar cuando se alumbra de colorido al llegar el ocaso.





Si queremos acercarnos a una zona mucho más comercial, podemos apearnos en la estación de metro de Wangfujing, línea 1. Aquí es fácil toparse con comidas “anómalas” bastante atípicas para el europeo tradicional: caballitos de mar, escorpiones, hormigas, tarántulas, gusanos y toda suerte de insectos inclasificables.

jueves, 21 de noviembre de 2013

MONASTERIO BENEDICTINO DE SANTA MARÍA DE EL PAULAR


Breve inciso oriental para proyectar la sombra de la tinta de mi pluma sobre las huellas borradas de los cartujos de la prístina cartuja de El Paular de Rascafría, auspiciada por Juan I de Castilla entre 1358 y 1390.

Es viernes 1 de Noviembre, día de todos los santos. He dejado atrás los maravillosos paisajes de montañas y valles de Lozoya, que desembocan en la coqueta y encantadora población de Rascafría.

MONASTERIO DE EL PAULAR

Mi visita no puede comenzar mejor, pues me da la bienvenida la sobrecogedora muestra pictórica del eximio pintor Vicente Carducho, desplegada en todo su esplendor colorista a lo largo y ancho del fascinante claustro gótico de alba configuración.



Se obnubila la mirada en la profundidad de estas galerías de arcos apuntados que parecen no tener fin.

El tiempo carece de importancia mientras observo la obra de Carducho. No está permitido hacer fotos, por lo cual, debo abstenerme de capturar la emoción en el objetivo de mi cámara.

56 lienzos fueron encargados al pintor en agosto del año 1626 para reflejar escenas de la vida de los cartujos. Una sucinta rectificación, sin embargo, para indicar que de los 56 cuadros iniciales quedan actualmente 54, pues otros dos desaparecieron…

Todo se ilumina de apoteosis y grandeza cuando me adentro en la iglesia, que es sencillamente magistral, divina, maravillosa…


Es día de todos los santos y la liturgia se engola de cantos gregorianos que elevan la palabra de dios a estratos sublimes.


La iglesia es blanca, revestida de ornatos dorados y asalmonados que exudan serenidad. A los lados me llama la atención el asombroso coro de gótica sillería, tallada con escenas sagradas. No menos descollante es el altar barroco repleto de tallas policromadas.


EL TRANSPARENTE.

Me dicta la sensatez a adscribirme a una de las visitas guiadas que conduce un fraile de lo más locuaz y vivaracho. El paseo discurre por las áreas monásticas de este recinto cartujo, fundado por Enrique II.

Así, de esta guisa, somos partícipes de un testimonio que habla de los más de 4 siglos de residencia cartuja, hasta que fueran expulsados por los archiconocidos e infames desmanes de Mendizabal en el año 1835.

En 1954 el monasterio cambia de moradores: son tiempos benedictinos; retornan las primigenias obras de Carducho, desaparecidas durante la desalmada desamortización.

Se me evade la mirada voladora hacia el mobiliario de madera de fresno y nogal; se entretiene en la riqueza del gótico isabelino y en el retablo de la iglesia, con sus 16 escenas de la vida y muerte del Señor.

En el coro descubro la huella de Bartolomé Fernández y en la capilla de la Inmaculada Concepción, con su fabuloso altar barroco, obras de Palomino y Claudio Coello.

Me zambullo sin ambages en las entrañas de este monasterio y me sorprende un retablo churrigueresco alucinante del siglo XVII-XVIII.

En la misma línea de sobrecogimiento linda El Transparente, con su asombrosa policromía de madera en tonos rojos, verdes, azules, negros… conjugado todo ello con mármoles fastuosos y alucinantes.

Aquí dejaron su huella escultores como Cornejo o Francisco Hurtado. Acabo mi visita en el inmenso refectorio, donde destaca el fantástico cuadro de “La última cena”, de Eugenio de Orozco, SXVIII.



No menos excelsos son los detalles ornamentales de Juan de Guas o Abderramán.

ALREDEDORES DE EL MONASTERIO DE EL PAULAR



viernes, 15 de noviembre de 2013

LA GRAN MURALLA CHINA


He escuchado miles de veces que su estructura derrotada, que arrastra su fatigada, abrupta y sinuosa figura hasta el desierto del Goby en Mongolia, puede atisbarse desde el mismísimo cosmos.

El archifamoso aserto es, por cierto, tan falaz como un billete de dos euros. Sonríen los chinos cuando sale a colación la apócrifa leyenda. Estoy plantado ante las faldas de un “dinosaurio” arquitectónico que pervive ya desde el año 200, y ha sufrido toda suerte de reconstrucciones desde el año 1368 con el reinado de la dinastía Ming.


Estos muros ancianos fueron baluarte inexpugnable de contención contra las atroces tropas que arribaban desde Mongolia.

La gran muralla china se me antoja empinadísima y angosta por momentos…

Está toda maltrecha y raquítica cuando cruzo dirección norte por la Puerta de la victoria, con su primigenio torreón descoyuntado, que fuera entrada principal de este enclave mítico y eterno.

Sufren los visitantes y resoplan como marsoplas cuando ascienden por las rampas infernales y atestadas. El paisaje es maravilloso, una acuarela esplendorosa y longeva de color verde y marrón. En el ambiente flota un olor a incienso dulzón ya conocido. Emerge de los preciosos inciensos ricamente ornamentados.


En ocasiones el camino se torna tan atorado y miserable por las estrecheces que teme uno resbalar y caer, desplomado entre una amalgama de almas de “polifónicas”.

En ocasiones, los escalones parecen roídos, reculantes, altísimos o desgastados hasta su total extinción. Admiro en la lejanía las portentosas atalayas de hasta 150 metros originalmente, desde las cuales, los vigías advertían mediante señales de humo de la proximidad del enemigo o un inminente asedio.









viernes, 8 de noviembre de 2013

EL TEMPLO DEL LAMA





“Desciendo de los cielos” (en referencia a mi artículo previo sobre “El templo de los cielos”), para “asaltar” con mi presencia al Yonghegong tibetan budist lama temple o Templo del lama.



Construido en el año 1694, el templo de lamas más grande de Pekín fue la opulenta residencia del príncipe Yong (Dinastía Quing).



Es parada obligatoria en esta ciudad “gaseada”, que ya estoy a punto de abandonar, para arribar hasta las puertas altivas del Yonghegong o Palacio de armonía y paz. Hay que tomar la línea 5 0 2 del metro y apearse en la estación de Yonghegong. Nos sobresaltará inmediatamente la maravillosa ornamentación, plagada de enormes lamas, ídolos, imágenes y tallas mitológicas.

El palacio que convirtiera en el actual templo del lama el emperador Quanlong, sucesor de Yonghegong en el año 1744, es un constante flujo de creyentes devotos, genuflexos ante las colosales imágenes sacras.

Me envuelve y adormece el intenso olor a incienso. Me detengo enseguida ante el inconmensurable buda de 26 metros de altura. Soy como una minúscula mota de polvo frente a su porte descomunal y soberbio. 
Me pierdo entre lamas y preces, mientras se me funde ya la mirada en el proemio de mi próxima crónica viajera: LA GRAN MURALLA CHINA Y LAS TUMBAS DE LOS EMPERADORES DE LA DINASTÍA MING.