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miércoles, 7 de agosto de 2013

MURCIA Y UN TESORO IGNOTO: EL CASINO REAL

MURCIA Y UN TESORO IGNOTO: EL CASINO REAL

TEATRO DE ROMEA

Un madrugador autobús mañanero me transporta desde el balneario de Archena hasta Murcia, donde quedo “desalojado” para acometer un nuevo día de sorprendentes descubrimientos.

Mi primera parada en esta ciudad, fundada en el año 825 y que fuera capital de Al Andalus entre 1228-1232, la efectúo en la bonita y enorme iglesia parroquial de San Nicolás (S-XVIII), en la Plaza Mayor. Domina la estructura una zona muy agradable y ajardinada. Es amplia y en el interior nos esperan las excelencias de escultores de la talla de Alonso Cano, Mena y Salzillo.

Ya que comienzo este trasiego con “nota eclesiástica”, conviene no pasar de largo ante el anexo palacio de San Esteban o la iglesia de San Miguel. Posee ésta última un precioso altar barroco, así como las magníficas capillas laterales con predominio ornamental de blancos confundidos en un plasma de dorados.

Bifurcada la Murcia andalusí por la animada y amplia Gran Vía escultor Salzillo, me topo enseguida con la coqueta Plaza de Julián Romea; lugar idóneo para atender debidamente las demandas culinarias y los refrigerios. Destaca imponente y magnífico el Teatro de Romea, de fachada asalmonada y porte noble.

Atravesando el recoleto y casi clandestino arco de Santo Domingo me zambullo en la consuetudinaria “farra” jocunda de la calle Trapería y la Plaza Santo Domingo, parada esencial para “avituallamientos” en alguna de las agradables terrazas. En la calle Trapería me quedo patidifuso al encontrar en la fachada del palacio de Almodovar a dos torvos trogloditas pertrechados con sendos garrotes.

PALACIO DE ALMODOVAR


Es un mero apunte anecdótico… esta área, dominada al influjo de las tiendas, locales, animación, es uno de los acicates de la ciudad.

Pero ahora abordaré los secretos del incomparable tesoro oculto de Murcia: el inenarrable Casino Real (1852-1892). Está ubicado en la calle Trapería número 8 y entrar cuesta tres euros.

 CASINO REAL
Se trata de una joya arquitectónica de esas que quita el aliento y escamotea las palabras cuando queremos alabar su belleza.

El estilo arquitectónico es versátil, ecléctico, juega con el modernismo para mutar de pronto al neobarroco de su vestíbulo colosal o el prodigioso patio árabe, obra de Manuel Castaños, quien se inspirara para construirlo en el Patio de los Embajadores de La Alhambra.
CASINO REAL

Funciona el casino como un club privado y la primera planta no se pude visitar. Sin embargo no es óbice ello para quedar colmados con el hechizo de este lugar declarado Patrimonio Histórico Artístico en el año 1983.

Nos dejará mudos el maravilloso y lujoso tocador de señoras, en especial por la alucinante pintura en el techo de la diosa Selene, que cae en llamas del cielo y nos persigue con la mirada por toda la sala.


TOCADOR DE SEÑORAS





CATEDRAL DE MURCIA



 PATIO POMPEYANO

Mucho más adusto es el espacio “flemático” y algo taciturno que ocupa la fantástica biblioteca inglesa, donde parece recabada toda la sabiduría de la humanidad.

Es soberbio el salón de baile neobarroco (1870-75) y evocador el patio pompeyano neoclásico, jalonado de algunas estatuas mitológicas.

En la construcción de tamaño prodigio participaron arquitectos como J.Marín Baldo, Ramón Berenguer o Pedro Cerdán.

Una vez liberados de los efectos catárticos del Casino Real, llego enseguida a la enorme catedral de piedra terrosa construida entre 1392 y 1462.

Se halla en la Plaza de los Apóstoles, aunque también es recomendable la entrada por la Plaza del Cardenal Belluga.

Conjuga en su fantástica fachada estilos arquitectónicos como el gótico florido, barroco, plateresco o renacentista.

Fundada sobre una mezquita árabe anterior, es amplia, de pilares recios, claros y serenos, aunque no es especialmente luminosa.

En la capilla mayor están los restos de Alfonso X “El Sabio”.

Es interesante detenerse en la Puerta de Santa Eulalia para visitar el centro de interpretación de la muralla de Sta.Eulalia.

Este baluarte del siglo XIII tenía una altura de 15 metros y un grosor de 6 durante la época de ocupación musulmana.

Cambiando ya de tercio, y como epílogo murciano, podemos detenernos a comer en el recomendable, bonito y blanquísimo restaurante La Mary, en la calle González Adalid 13.


Servicio diligente, buena comida, amables y buen precio.

domingo, 4 de agosto de 2013

CARTAGENA Y EL TEATRO DE CARTAGO NOVA

CARTAGENA Y EL TEATRO DE CARTAGO NOVA

TEATRO ROMANO 

Un autobús que parte de Murcia me “vomita” a las puertas de Qart Hadast, actual Cartagena, fundada por Asdrubal en el año 229 A.C y tomada por el general romano Publio Cornelio Escipión en el 209 A.C

Tierra fascinante que fuera lar de romanos, bárbaros, cristianos, musulmanes, ostentó máxima relevancia la explotación minera, su puerto marítimo y la fuerza naval, que se vería constantemente mortificada por las perpetuas invasiones de los piratas en el siglo XII.

Me adentro pues en los albores de Cartago Nova (S.I A.C) de la mano de un joven e instruido guía local bastante locuaz y agradable y así, avizoro Cartagena como una antiquísima urbe formada por estratos temporales que abarcan eras atávicas de hegemonía árabe, bizantina, romana…

Es imprescindible detenerse entre 2 a 3 horas en el formidable teatro romano, dedicado a Cayo y Lucio Césares, hijos de Agripa y Julia, por ende, descendientes del emperador romano Augusto.

Enorme y en buen estado de conservación, actualmente en pleno tráfago de excavaciones, tuvo capacidad par unos 7000 espectadores.

Fue inaugurado en el año 5 A.C, y en aquellos días, el lugar que ahora observan mis ojos es un “solar” donde “brotan” aquí y allá pilares, columnas, capiteles, basas, cenefas, conductos de agua, canalizaciones termales, pozos. Tuvo un mercado próspero y bullicioso.

También jardines, una red neuronal de vida mercantil que ahora sólo pude adivinarse a través de la imaginación y de los fragmentos que eructa la tierra con parsimonia.

El mercado erigido en el actual área del Cerro del Molinete, se construía con los restos de un pavoroso incendio acaecido en el año 200.

Retornando al graderío de este fabuloso complejo, levantado piedra a piedra con fastuosos materiales marmóreos extraídos de las canteras de Carrara, constaba de tres cuerpos principales, de tal manera que las mujeres, parias y plebeyos; la clase social más baja, ocupaban los asientos superiores mientras que era territorio exclusivo de próceres las bancadas inferiores.

Como he tenido ya suficiente de memorias “Augustas”, pongo rumbo al punto neurálgico de la ciudad en la calle Mayor, que antaño uniera el foro romano con el puerto. Me asombran las preciosas fachadas empingorotadas y los edificios modernistas ufanos y rimbombantes, como el que encuentro en la Casa Cervantes o el Casino.

 CASA CERVANTES

En aquella época, existían puntos estratégicos de control a ambos lados de la calle para denegar la “libre circulación” a quienes no presentaran un aspecto suficientemente atildado, distinguido y elegante

De este modo, por medio de esta criba estética, la calle Mayor se convertía en una vía de transeúntes selectos.

Para asomarse al estilo de vida de la Cartago Nova de entonces, es excelente parangón referencial la Casa de la Fortuna, así denominada por una inscripción que encuentro en el suelo y que dice: “FORTUNA PROPICIA”.

Está muy cerca del ascensor panorámico (2 euros) del castillo de la Concepción. Una parada provisional me deja plantado ante la bonita y amplia cafetería rústica “El viejo Almacén” (C/Campos 13). Se come muy bien, abundante y barato: 8 euros el menú del día.

También podemos relegar estas labores de mantenimiento culinario a cualquiera de los locales de la Plaza del Ayuntamiento. Es muy bonito este lugar, donde se concitan músicos callejeros, turistas, gentío, animación, tiendas…


Si todavía nos corroen las dudas, otra opción laudable se halla en la eximia calle Mayor, en el número 18. La cafetería restaurante Columbus ofrece un servicio diligente, comida copiosa, un café excelente y terraza exterior.


VÍCTOR VIRGÓS EN CARTAGENA.