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jueves, 11 de abril de 2013

CRÓNICAS LUSAS: ÓBIDOS


CALLES DE ÓBIDOS

Dejo atrás la primigenia Alpesa romana, hogaño Elvas, para fundirme en un laberinto fortificado de colores blancos, azules, amarillos, verdes o rojos.
Oppidum, actual Óbidos, en el distrito de Leiria, es una hermosa acuarela medieval amurallada prolija en construcciones eclesiásticas y un castillo esplendoroso, levantado sobre un asentamiento previo de época árabe (año 713).

Este lugar elegido por los reyes como parada estacional de asueto y solaz fue hábitat de romanos, visigodos y árabes.
Me cuentan que fue Catalina de Austria quien erigió el magnífico acueducto de 3 kms de longitud que cautiva mis retinas y apabulla la emoción. También bajo su atenta supervisión y anuencia surge la despampanante iglesia de Santa María (1148), ubicada en la plaza de idéntico nombre.

Me espera dentro un mural asombroso de azulejos y pinturas, dormidas en el interior del sacro recinto de fe y oración.
La Puerta de la Villa y la de la Sra.de la Gracia confluyen en un paisaje policromado de estética impresionista, como gestados en la fábrica de ensoñaciones de Matisse o Monet.
No es sin embargo una paleta de colores bravucones y vivaces, petulantes y engolados, como los tonos emperifollados que encontramos en las típicas tabernas irlandesas o en los encantadores rincones de Islandia o Noruega...

El colorido de Óbidos se viste de belleza decadente, con desconchones y escaras propias de la vejez.
Reconquistada por Alfonso I de Portugal en el año 1148, la "Villa de las reinas", Óbidos, era la opulenta ofrenda que se otorgaba a las futuras reinas como regalo de bodas.

PANORÁMICA DE ÓBIDOS

Esta localidad de de fachadas teñidas conoció cruentas guerras con España en el siglo XIII. Admiro el entorno blanco, que flirtea con colores de mayor empaque, y la serenidad se antepone a cualquier otro aspecto de reminiscencias bélicas.

Uno no debe marcharse de Óbidos sin callejear por las idílicas calles empedradas, entre azules y blancos, amarillos y marrones, y por supuesto, degustar las excelencias del delicioso licor autóctono: la grinjinha.
En combinación con el chocolate, da como resultado una fusión exquisita.
Veremos en las tiendas copiosidad de bordados, telas, paños y mucha grinjinha.

GRINJINHA O GINJA SERVIDO CON CHOCOLATE.

He mencionado, como absorbido por las tonalidades valerosas de las entrañas de Óbidos, su carácter romántico y medieval, pero no puedo por menos que adornar con vocablos hermosos la elocuente belleza del oratorio en honor a la patrona, Nuestra Señora de la piedad, situado ante la inexpugnable muralla que nos da la bienvenida con apostura altanera.

CASTILLO

CALLEJÓN EN ÓBIDOS

6 comentarios:

EvaBSanZ dijo...

Que preciosidad Victor de pueblo, de casas, de calles, de castillo, de esencia...

Me gustan mucho la sensación que da un pueblo así.

Gracias, un abrazo

VÍCTOR VIRGÓS dijo...

¡Hola Eva! sí, así es: una preciosidad. Penetras esas murallas añosas y no esperas ese colorido azul, blanco, amarillo, desgastado y viejo e igualmente fascinante. Un saludo gracias por la visita.

fus dijo...

Es un pueblo muy bonito hace años estuvimos visitàndolo, solo con una diferencia, era Agosto y hacia un calor de muerte.

un abrazo

paco

VÍCTOR VIRGÓS dijo...

¡Hola Fus! la verdad que Óbidos es precioso, tan colorido. En Agosto tuvo que ser terrible. Gracias por la visita y comentario. Un saludo

D.Edelweiss dijo...

Tiene mucho encanto ese lugar. son bonitas esas fachadas blancas y azules. Espero algún día probar ese deliciosa bebida que comentas.
Un abrazo

VÍCTOR VIRGÓS dijo...

¡Hola Edelweiss! pues mira que yo no soy de alcohol, pero la ginjha o ginginha está muy rica. Gracias por tu visita, te gustaría este lugar, seguro. Un abrazo