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viernes, 26 de octubre de 2012

Sudáfrica: Bethulie; la ciudad elegida por Dios


Antes de que se vuelva orondo y ufano nuestro ánimo con el volátil reflujo de la expectación preconcebida, dejádme que os prevenga de que no hallaréis en esta localidad tranquila y callada la menor estela del paraíso terrenal.

No hay aquí fuentes milagrosas cristalinas ni cantos de sirenas cabalgando unicornios bajo destellantes arcoiris.

Bethulie ("elegida por Dios") es modesta y apocada, modosa y circunspecta como una damisela afectada de gazmoñería que quisiera pasar desapercibida en un convite de reinas y princesas. Me encanta sin embargo este nombre, Bethulie, que se me antoja de cuento de hadas romántico...

Guarda con celo Bethulie señuelos de innegable atractivo, como lo son las fantásticas panorámicas desde los altozanos o lugares más privilegiados en altitud soberana. El cielo aquí es un ventanal prodigioso con vistas al cosmos estrellado; las noches se transforman en pláticas interminables con las estrellas.


Pocos lugares en el mundo pueden presumir de tan jactancioso despliegue y desfile de destellos, como si de una comisión estelar se tratara, parpadean y lucen sus encantos los astros, custodiando los misterios arcanos del universo.

Para llegar a esta localidad de reminiscencias Apartheid, he seguido un rastro de melocotoneros, con sus ramas de hojas que se me antojan lágrimas de lluvia de rabiosa tonalidad violácea. He atravesado anodinas llanuras desérticas en pos de la leyenda veraz de Moordenaas Poort: el camino del asesino, en referencia a la masacre de los habitantes San perpetrada por la tribu de los Griqua.

En aquella época, 1829, a orillas del río Gariep se establecía una sociedad misionera de Londres para "convertir" a las gentes de las tribus San. Años más tarde llegaría otra sociedad análoga procedente de Francia y renombrarían el lugar como Bethulia ("elegida por Dios").

En estas tierras tuvo lugar una extinción del 80% de las especies hace 250 millones de años. Pero sin retrotraernos a los tiempos arcanos del pérmico, podemos hablar de otro tipo de "extinción" o exterminio mucho más mundano, donde la mano del hombre jugó una baza fatal.

Hablo de un episodio nefando e ignominioso que tuvo lugar en Bethulie entre los años 1899-1902. La guerra entre los boers e ingleses desplegó un fúnebre manto de mortandad altísimo entre mujeres y niños. Surge en esta época la vergüenza y la repulsa a modo de campo de concentración: factoría de muerte, gestoría de desechos humanos y vesanía irracional humana.

Bethulie cuenta en la actualidad con 3000 habitantes, aún cuando paseando por estas calles en estado de letargo tengo la sensación de pertenecer a un reducido grupo de supervivientes de alguna hecatombe ecuménica.

No siempre el silencio se apoderó de estas calles dormidas. En otra época, a tan solo 200 kms de aquí, se hallaron diamantes y aquello atrajo a hordas de gente en busca de fortuna.
La inverecundia y desfachatez en su estadío más lamentable, semejante a una suerte de estulticia contagiosa y repugnante, tuvo lugar en Bethulie hasta 1980, cuando llegara finalmente la ansiadísima erradicación del apartheid.

Tal abominación de la razón más retrógrada y marcial conminaba a los negros a morar en los llamados"Homelands".
Se me antojan estos lugares oprobiosos como "corrales de seres humanos", donde se les permitía existir, siempre y cuando no traspasaran los confines de sus jaulas.

Tal era entonces la estulticia de los blancos, confundida con ínfulas de superioridad, que disponían de escuelas diferenciadas para blancos y negros.

Hablando ya de temas mucho más gratos, es sumamente recomendable contemplar un auténtico atardecer sudafricano desde un lugar elevado que escrute el horizonte que bifurca de norte a sur el río Orange. Sin embargo, en el territorio de las recomendaciones, no puedo obviar al carismático Anthony Hocking:historiador, carismático, simpático, amable, director del alucinante ROYAL HOTEL BETHULIE.


http://anthonyhocking.net/ (DIRECTOR DEL HOTEL)


VÍCTOR VIRGÓS EN EL ROYAL HOTEL BETHULIE

Este hotel es un lugar donde uno debe alojarse sí ó sí. Anthony Hocking, director del hotel, me resulta un tipo de lo más campechano, erudito, sencillo, cercano, entusiasta, optimista, un hombre singular sin parangón.
El hotel del buen amigo Toni es como un inmenso templo de melomanía y santuario de lectura. Ver para creer: estanterías y muebles, alacenas que rozan el infinito, atestados de miles y miles de discos y libros de toda índole. Este lugar es un museo, el delirio del musicólogo y el lector empedernido. Uno no sabe donde mirar. Miles de títulos, la mayoría totalmente desconocidos, otros imprescindibles, de fama ecuménica.

Ya para concluir, una sonata de espontáneo júbilo y algarabía en las voces atipladas y ademanes revoltosos de varios cientos de niños de un colegio, que me rodean "enloquecidos" mientras contemplan las fotos que acabo de hacerles.

Jamás tuvo consecuencias tan genuinas de felicidad y alegría tan apabullante y contagiosa un acto tan baladí como hacerles fotos. Emocionante y divertidísimo a raudales: la felicidad plasmada en el objetivo de mi cámara en un solo instante.

sábado, 20 de octubre de 2012

LESOTHO: "EL REINO DE LOS CIELOS"



Debe ser un cielo inmisericorde y desangelado este "Reino de los cielos" que alude a uno de los países más pobres del mundo, donde la precariedad es tan palpable y diáfana como el claror de los límpidos firmamentos sudafricanos al alba.

Del tamaño menudo de Bélgica, este reino montañoso y rural de 2.000.000 habitantes es una antiquísima porción terráquea que vio su alumbramiento hace más de 300.000.000 años.

Me sobrecoge tanto esta cifra hiperbólica como la belleza inmaculada de las vetustas "antediluvianas" montañas de tonos amarillos, arcillosos, blancos, terrosos, pardos y rojizos que me observan.
Estamos a unos 1800 metros de altitud. Se ven fácilmente en el camino antílopes Eland y gacelas saltarinas, también chamizos destartalados que se caen de pura pobreza en medio de eriales desnutridos y famélicos de sustento, resecos y amortajados como el semblante de una momia milenaria.



Es un privilegio y un honor poder visitar estas tierras hermanadas con los albores del tiempo. Siento como si debiera postrarme en solemne genuflexión ante las fascinantes murallas líticas de Lesotho, que han visto transcurrir la vida durante tantos milenios.

Me siento como un vasallo a quien se le hubiera concedido la gracia de una audiencia ante el rey. Lesotho, que surge como tal en el año 1966, tiene genética boer y británica y rige su destino por medio de un sistema gubernamental de monarquía parlamentaria. Sus gentes han asistido ya a u cientos de golpes de estado.

La precariedad aquí tiene un oponente que se niega a claudicar: la ayuda humanitaria nunca falta, ni tampoco ingentes hordas de niños preciosos y sonrientes, que engalanan de sonrisas y bulliciosa alegría mi presencia en sus campamentos cochambrososo de hojalata.
A petición de mi leal seguidor, lector, Francisco Urbaneja, FUS, comentaré algo sobre las gentes que voy encontrándome en mi camino fascinante por Sudáfrica.

Los niños parecen vacunados contra el virus de la tristeza, y su sonrisa espontánea y sincera es como un regalo o un tesoro perdido que uno hallara de repente en el mismo corazón de una jungla impenetrable. La gente con que me topo en este periplo por tierras lejanas es cordial y cercana, afable y curiosa.

Rebosan alegría, como si su situación depauperizada fuera un mal menor o un rumor distante que no pudieran oír. Quieren saber, tocarte, sentir tu presencia e interactuar con tu mundo ignoto y foráneo.

Son gentes hospitalarias que tienden la mano sin hipocresía ni segundas intenciones. Viven su vida en contacto permanente con los suyos, con sus raíces, de lo que se sientes profundamente orgullosos. Aquí revive uno la felicidad en estado puro, que proviene del contacto con la naturaleza y el clan familiar.
No hay ambición ni codicia, todo es espontáneo y cándido, placentero y ameno. Nadie es más que nadie, la gente parece feliz en su precariedad absoluta, se adaptan al medio y disfrutan de lo que les ha regalado la vida sin amargarse por aquello de lo que carecen.

Lo que yo he aprendido del contacto directo con los sudafricanos es que: "cuando todo va bien, puede ir mejor. Si algo se tuerce o va mal, sólo puede ir a peor".

Siguiendo en esta estela completamente subjetiva, testimonial-personal, la impresión que me llevo es que son sus gentes poco resolutivas, no tanto holgazanas como indolentes, desorganizados y exentos de responsabilidad, nada importa, nada debe tomarse con apremio ni demasiado en serio.

Es en estos casos cuando más he tenido la certeza de hallarme en un país subdesarrollado, por mucho que nos engañe el boato prepotente de Ciudad del Cabo.

En Lesotho Veo muchos niños y púberes que parecen almas expulsadas del edén; se les niega una infancia de juegos e inocencia para avocarlos directamente a las faenas durísimas del campo. La tasa de escolarización está sobre el 30-40%. Los niños albergan sueños de grandeza, aunque después la realidad los enjaula en arduas faenas agrícolas o mineras.

Veo muchos niños trabajando de sol a sol en campos agostados y pienso en su infancia robada. Aún así, sonríen y jalena, dan brincos de alegría y ondean su mano cuando me ven pasar. Para ellos soy un espejismo, la culminación de sus sueños, "un visitante del país de la fortuna".



En mi llegada al encantador alojamiento de Malealea Lodge me dejo arrullar por el fascinante entorno de tonos verdes, amarillos, ocres, pistachos, ambarinos...

Me quedo con la imagen del alucinante paisaje de bienvenida en el "recibidor" de "Gates of Paradise" o "Las puertas del paraíso"; no se me ocurre mejor epíteto para tal belleza paisajística.

No menos laudable es el paisaje de valles coloristas que se arriman a un impresionante desfiladero donde me esperan unas sorprendentes pinturas rupestres del SXI, con escenas de antílopes y figuras humanas en posiciones estáticas y otras de gran dinamismo. Este camino es mucho más cómodo y practicable si se atraviesa la meseta de Makhoa en los robustos caballos basotho.

jueves, 11 de octubre de 2012

Sudáfrica: Drakensberg, las montañas del dragón


P.N.ROYAL NATAL DRAKENSBERG

Con este rótulo tan cinematográfico y "taquillero", entre épico y novelesco, como artificio de la editorial fantástica Timun Mas, pretendo iniciar mi periplo hacia el maravilloso P.N.Royal Natal de las Drakensberg,patrimonio de la humanidad y paraje para aparcar las cuitas en pos de un hermanamiento simbiótico con los sentidos.

Debo admitir que el ánimo lo tenía yo entre iracundo y soliviantado antes de tomar entre mis manos "la pluma y el papel". De hecho, nada se me antojaba más conveniente y delectable que verter una tormenta de denuestos sobre algunos sectores de genética sudafricana a modo de marea vindicativa.

En su leyenda oprobiosa hablaría de pasajes y salmos que versarían sobre:
una odisea surrealista que tiene como protagonistas, entre muchos otros, a una taxista que jamás debió serlo, a un equipo de médicos más propios de un vodevil que de una institución sanitaria seria, privada y carísima, o de una agencia de viajes cuyos paladines no conocen ni su propio país ni saben interpretar los planos de una localidad determinada.

Mi viaje desde la lustrosa y emperifollada localidad de Nelspruit hasta las remotas faldas de lasDrakensberg fue una odisea digna de los pulsos narrativos de Homero.

Sin embargo, esta es una crónica viajera y no un muladar de descontento. Mi interés prioritario es contagiar el entusiasmo, jamás la animosidad. Mi crónica viajera sudafricana, ante todo, fue un concilio emocional de vivencias irrepetibles que tuve el privilegio de vivir.

DRAKENSBERG: LAS MONTAÑAS DEL DRAGÓN.

Arribar hasta estas altitudes, 2400 metros, ha sido una hazaña heróica a la imagen y semejanza del mismísimo Ulises de Ítaca. Cuando la realidad se distorsiona, solo te queda la paciencia del santo Job para no perder la chaveta. Pero aquí estamos. Finalmente la lucha contra los elementos diversos ha jugado a mi favor y he llegado a las prodigiosas faldas de las Drakensberg o "montañas del dragón".

Todo atisbo de nerviosismo, ansiedad, enfado y demás "agentes anímicos contaminantes" se ha evanescido como una bruma impía. Me hallo en las orillas fronterizas del vecino Lesotho. Me envuelve la calma con su manto lenitivo.

Este paisaje tiene cualidades de remanso y paz, prometiéndome senderos y panorámicas de valles alucinantes donde el tiempo se ha confabulado con la eternidad. La vista planea con el vuelo del azor sobre la majestuosa plataforma del llamado "Anfiteatro": 8 kms de longitud, una escena de inigualable sosiego y belleza.


Acaso, como contrapunto de esta estancia perfecta, el decrépito alojamiento en Wishishoek Mountain Lodge. Están previstas ya las reformas para remozar el estado calamitoso de los sanitarios, la impermeabilización, las puertas...

Http://www.witsieshoek.co.za/ (WEB DEL ALOJAMIENTO WISHISHOEK MOUNTAIN LODGE)

Para salir y entrar de mi vivienda temporal tengo que liarme a golpes con las jambas y bisagras de la raquítica puerta de madera... más vale maña que fuerza, dicen...

Voy en pos de la fascinación, me sobra el lastre de las comodidades. Es lo que prepondera en mi mente, mientras mis retinas amerizan sobre el río Tugela, que surca este valle, mientras en el cielo me distraigo contemplando la silueta perfecta de una partida de buitres o de algún quebrantahuesos...

miércoles, 10 de octubre de 2012

Sudáfrica: Blyde Canyon y P.N.Kruger


VÍCTOR VIRGÓS EN BLYDE CANYON

Mi salida del alojamiento en Graskop viaja en aras del descubrimiento y la fascinación hacia territorio desconocido en el tercer cañón más grande del mundo: Blyde Canyon.

Ya previsualizó panorámicas vertiginosas, donde el viento es el amo del universo en alturas inalcanzables salvo para los quebrantahuesos, águilas y buitres, que sin duda habitan ese reino de las cielos, los cortados y las cimas inexpugnables.

Me esperan altaneras azoteas panorámicas en el espectacular mirador de Three Ronda Wells, que suena en mis oídos casi aristocrático y eximio, noble, de rancio abolengo. Me esperan, a fin de cuentas, 27 kilómetros de tierra bifurcada en la región de Bpumalanga.

La imprudencia y el entusiasmo me llevan a posar para la cámara en terruños rocosos que se me antojan traicioneros.
No me toméis como parangón de modelo fotográfico. En este punto debo incidir con contundencia en la necesidad de respetar una mínimas normas de seguridad y civismo. En el camino encuentro carteles y señales que me exhortan a no traspasar los confines marcados. La precaución garantiza un viaje de regreso sin incidentes.

La ruta trazada para llegar hasta aquí ha sido una iteración ya conocida de socarrales, planicies carbonizadas, campos improductivos divorciados con la vida que se someten al yugo de las llamas cuando las simientes ya no producen nada.

En esta tierra políglota que visito por primera vez, (se hablan 8 lenguas oficiales), donde habitara el hombre prehistórico entre 100.000 y 500.000 años, si uno va en pos de cuadrúpedos salvajes, en busca de la naturaleza prístina de África, fácilmente observará sin gran esfuerzo recuas de impalas, rebaños de antílpes, jirafas, cebras, babuinos e incluso elefantes.
Si gozáramos de mayor fortuna, nuestras retinas podrían también ser galardonadas con el vislumbre ocasional de: leopardos, chacales, mangostas, hienas, licaones, buhos, cocodrilos, serpientes, ñúes o guepardos, pero ante todo, como bien apunta el siempre comedido y sagaz Ramiro Blancas, nuestro guía acompañante: "quien quiera ver animales de cerca que se vaya al zoo".

El terreno se torna rojizo, cobrizo, ígneo en ocasiones, a medida que se adapta a los pasos tranquilos del río Blyde, que hende el cañón de idéntica "nomenclatura".

Sus cualidades arcillosas y ferruginosas, amén de sus prolijas atribuciones minerales, lo transforman en una singular y bellísima pincelada heterogénea de tonos pardos, bermejos y dorados.

Los paisajes son alucinantes, el orto o salida del sol, así como cuando el gran astro se despide de la tarde, es un espectáculo inolvidable de tinturas añiles, rosadas, ígneas y ambarinas que en su progreso o partida tiñe el firmamento de milagro apoteósico colorista.

Los paisajes, insisto, son increíbles, nos desafían a la incredulidad y el sosiego anímico, mientras contemplo la belleza inmaculada circundante que me habla de tiempos antiguos e intocables.

La vista padece de vértigo cuando se confunde con el horizonte, cuando lo espiamos desde las alturas del majestuoso Blyde Canyon.
Desde aquí parto ya hacia el famoso e imprescindible Parque Nacional Kruger, nombre mayúsculo y regio, egregio y rimbombante; uno de los más antiguos del mundo y con unas incontestables dimensiones de 20.000 kms2.

Nos rodean montañas de colores verdosos, rojizos y amarillentos. Me adentro sin preámbulos en el hogar de leones, kudus, cebras, rinocerontes, cocodrilos...

El Parque Nacional Kruger, abierto al público desde el año 1927, debe su nombre al presidente deTransvaal Paul Kruger, quien establece aquí la primera Reserva Nacional en el año 1898, hastiado ya como estaba de los merodeadores impenitentes que cazaban en sus propiedades incurriendo en un delito flagrante de furtivismo.

Como anécdota para recordar, nuestro encuentro con una copiosa manada de leones, 

(FOTO A PIE DE PÁGINA),

 que provocaron en este servidor algunos momentos de tensión nada desdeñables.

Ramiro Blancas nos tranquiliza diciéndonos que nos ven, al camión, como un enorme colectivo que sólo observa y no supone el menor peligro para su holgazana comunidad de depredadores espanzurrados sobre la estepa africana.

Conviene tener esto muy muy presente cuando se adentra uno en territorio foráneo, donde nosotros somos intrusos y los leones, los anfitriones. Hacer ruido, vociferar, sacar miembros: piernas, brazos, del camión, podría tener unas consecuencias para los integrantes de la partida de aventureros nada amenas.

En ocasiones, a lo largo de esta travesía literaria, la pluma y la tinta cederán paso a la fotografía, como hago en este preciso instante: BIENVENIDOS AL PARQUE NACIONAL DE KRUGER Y A LAS AZOTEAS DEL CIELO DEL BLYDE CANYON.

JIRAFA EN EL P.N.KRUGER AL ATARDECER.

LEONES EN EL P.N.KRUGER AL ATARDECER.

domingo, 7 de octubre de 2012

Sudáfrica: comienza mi viaje


DEDICO ESTE ARTÍCULO A TODOS LOS FANTÁSTICOS COMPAÑEROS DE LA RUTA ARCO-IRIS DEL VIAJE POR SUDÁFRICA, LESOTHO Y SWAZILANDIA, DESDE NUESTRO PRIMER ALOJAMIENTO EN GRASKOP HASTA LA DESPEDIDA EN EL CABO DE LA BUENA ESPERANZA.

DEDICO ESTE ARTÍCULO A TODOS LOS MIEMBROS DE LA MARAVILLOSA AGENCIA DE VIAJES DE AVENTURA KANANGA: 

http://www.pasaporte3.com/kananga.php Y, MUY ESPECIALMENTE, A NUESTRO INCREÍBLE GUÍA ACOMPAÑANTE, RAMIRO BLANCAS.
UN ABRAZO PARA TODOS.

VÍCTOR VIRGÓS.


TIBURÓN EN GANSBAAI




Dejo atrás mis huellas fatigadas, que quedaron diseminadas como hojarasca por territorio armenio-georgiano, para adentrarme en el corazón inhóspito de África, cuna de la humanidad, epicentro del misterio del orígen de nuestra especie.

Salto como un trapecista desde los albores de la cristiandad hasta las tierras primitivas de los primigenios boers. Mis sentidos se predisponen ya a escuchar el zumbido de África, con su murmullo atávico e imperecedero en la inveterada lengua de los afrikaans.

Mis sentidos predispuestos a recolectar memorias de ocupación holandesa y británica, apartheid y un fulgor de esperanza en la próspera Ciudad del Cabo.

Encontraré a mi paso por este continente vetusto infinidad de reminiscencias de su abolengo foráneo: localidades de denominación británica, como: Clifton, Camps Bay, Clarens, Ladysmith, Harrysmith, Nordhoek o Hout Bay...


GAVIOTAS EN GANSBAAI



Viajo en un camión equipadísimo con taquillas para cada viajero. Somos un grupo heterogéneo donde cunde el buen ánimo y la buena gente. Serán 19 días de emociones, 4300 kms recorridos desde mi primera parada en Graskop hasta el meridional Cabo de la buena esperanza.

La primera impresión me hace desfallecer levemente, es cierto. Socarrales carbonizados, praderas yermas y desangeladas de famélica tonalidad pajiza; en cierto modo, un espejimo indeseable de la remota Castilla la Mancha en un día de "torridez" insoportable y sequía pertinaz.

Trato de imaginar este país allá por el año 1655 y aquel prístino asentamiento en Ciudad del Cabo, cuando la tierra olía a minería y a explotación aurífera y a hombres codiciosos destripando las entrañas de la zona del Rand, en pos de rutilantes diamantes que los hicieran ricos.
El camino, que es anfractuoso y nos mantiene en un constante trasiego de tumbos y sobresaltos menores, está lleno de baches y convierte el habitáculo móvil del camión en un remedo de seísmo.

Veo panorámicas de monte bajo con vegetación timorata y apocada, tan triste que parece pedir perdón por su indecente planicie anodina.
A medida que que acerco a mi primer destino, Graskop, o de su traducción ("La colina de la hierba"), el panorama se envalentona un poco y se pone gallardo, tornándose basáltico y más colorido.

CABO DE LA BUENA ESPERANZA

Me escrutan escuadrones de montañas inveteradas que han pervivido ahí durante millones de años.

Se erigen como lanzas delgadísimas las casuarinas, que son como altísimos pinos silvestres muy flacuchos y arracimados. Los acompañan helechos, aloes, vegetación dispersa que se arrebola carmesí con el rojo "incendiario" de las bellísimas eritrinas.

Son árboles menudos, arbustos menores que compiten en vanidad y presunción con su "tono capilar" encendido como una hoguera de las vanidades.

He llegado a Graskop. Mañana me espera el esplendor paisajístico del Blyde Canyon, el tercer cañón más grande del mundo. Es hora de cenar y mi recomendación para quedar ahíto y satisfecho es dejarse mimar por la gastronomía portugúes-mozambiqueña del restaurante Canimambo WWW.CANIMAMBO.ZA.NETdonde está especialmente sabrosa la espetada de ternera o, para los amantes de los toques muy picantes, el fabuloso chicken piri-piri.

Esta es la primera parada de un largo y emocionante viaje por Sudáfrica, estais todos invitados.

PINGÜINOS EN CIUDAD DEL CABO