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domingo, 30 de septiembre de 2012

Georgia: Uplistsikhe, la fortaleza del regente II


Es imprescindible visitar este lugar tan dispar, tan diferente, único si cabe, que encierra tanta historia legendaria y gastada, que nos hace vislumbrar una faz diferente de Georgia, tan real y veraz, tan asombrosa y lejana.

Bajo estas líneas, una fantástica panorámica del maravilloso río Madre o Mtkvari.

Hay posibiidad de visitar este lugar junto a un guía acompañante, quien nos irá contando los avatares y leyendas lejanas concernientes a la historia "antediluviana" de Uplistsikhe o la fortaleza del regente.

Los accesos son fáciles y bien señalados con caminos y escalerillas. La sensación de adentrarse en estas grutas excavadas es la del explorador que invade la sala de un trono desierto, acaso conjurado por un maleficio al destierro.


sábado, 29 de septiembre de 2012

Georgia: Uplistsikhe, la fortaleza del regente I


Antes de que perfile mi sombra ante las laderas imponentes y deslumbrantes de las Drakensberg, camine por senderos del P.N. Tsisikama o embarque hacia Gansbaai en busca del tiburón blanco, he hecho un alto en el camino rubricado como colofón georgiano de despedida.

Mi asentamiento postrero en esta crónica viajera me ubica en la asombrosa "macropolis" lítica deUplistsikhe, la fortaleza del regente.
En las inmediaciones de Khidistavi y Kvakhvreli se extienden ante mis ojos 9.5 hectáreas de cuevas, grutas y montañas excavadas que estuvieron habitadas en la segunda parte del segundo milenio.


Otros lugares análogos, me cuenta la guía local, se hallan en Vardzia y David Gareja.

Me encuentro tan solo a 5 kms. de la recomendable y bonita ciudad de Goris, que no puedo visitar. El chofer, que es como un kamikaze, la guía, que no es una guía, dice que no tenemos tiempo ni para bajar dos minutos y hacer una foto.

Sin comentarios, sigamos con lo que de verdad importa. Se pierde mi mirada ante el cauce fluído del maravilloso rio Mtkvari o "río madre".
El paisaje que diviso, y que mostraré también en mi próxima crónica hermanada de Uplistsikhe, es alucinante. Es la impresión que tengo mientras paseo ante el teatro, el hall de la reina Tamara o el de las 4 columnas, el llamado "Nice Temple" o "templo bonito", la iglesia, la farmacia, la casa de baños o la basílica de tres puertas.

Estoy en los antiguos dominios del upali o regente en la macro-ciudad horadada de Uplistsikhe. Es alucinante estar aquí.

Era este lugar una gran fortaleza ciudadela entre los siglos (VIII-X A.C), residencia de los habitantes que regían en la vetusta y primitiva Shida Kartly.

Tenemos que esperar hasta el siglo XI para hablar de la época de máximo esplendor de Uplistsikhe y toda la región de Kartly. El declive vendría cuatro siglos después, cuando estas tierras serían pobladas por refugiados de los pueblos devastados de Shida Kartly.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Georgia: Tbilisi II



Georgia, en su pretencioso esplendor contemporáneo, me regala imágenes de la ciudad tan bellas como la de la fotografía que abre este artículo. Un puente casi translúcido que es como un portal a la vanguardia más futurista.

Fauces de cristal y transparencia para olvidar la huella siniestra de la guerra, la decrepitud de las calles más recónditas.

Todo se olvida, desaparece, se difumina la estela cadavérica de las fachadas y tejados destrozados cuando posamos la mirada sobre los edificios más egregios de la ciudad. Fachadas nobles, mayestáticas, que emulan la arrogancia parisina y su decoro elegante y altivo.

Es imprescindible perderse por entre los angostos callejones en penúmbras que aparecen como túneles hediondos, acaso la garganta desgañitada y sucia de un gigante dormido.

Cuevas urbanas, grutas de la ciudad, callejones misteriosos que arrastran suciedad y precariedad, los cruzamos con el alma en un puño para descubrir a pocos metros corralas vecinales, pequeñas tiendas de libros, música, enseres de toda clase, papelerías, ciber-cafés o encantadores rinconcitos como el que adjunto a pie de página.

Una cafetería con terraza exterior, gente tomando café, departiendo, una escena parisina, un ambiente de postal o fotografía para el recuerdo, un instante para detenerse y aspirar la esencia georgina en su estado más delectable, el placer de detenerse a saborear un moment de placer fugaz, un rincón apartado de la gran ciudad, oculto y delicioso, entrañable y receloso de las miradas de la multitud.

Georgia hay que descubrirla, pues sorprende su faz bicéfala, con su reverso decrépito y su frente bien bruñida y pulida por la luz del sol.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Georgia: Tbilisi


RUSTAVELI AVE, GEORGIA.
Las primeras líneas de esta crónica viajera, que persiste contumaz en hollar primitivas tierras georgianas, sigue una cadencia que retumba con el clamor de mil tambores sudafricanos, mientras en la lontananza, atisbo el movimiento grácil de una recua de impalas, diez avestruces y un escuálido concilio de cebras, antílopes y ñues.

Pero África debe esperar, con esa paciencia infinita de los "lacayos" sometidos por el férreo yugo de las arrogantes y preponderantes grandes potencias del llamado "primer mundo".

Mi paso se acomoda nuevamente a lindes euroasiáticas. Hoy es tiempo de hablar de Tbilisi, moderna y devastada, contemporánea y añosa, que resucita entre los escombros de guerras recientes, vanguardista y cadavérica: un crisol bipolar de semblantes antagonistas enfrentados.
La huella de la guerra, cuatro años atrás, parece hablarme desde las fachadas enviudadas de edificios de tétrica catadura. Veo calles desdentadas, arcenes y carreteras patizambos y artríticos que se comban y contorsionan entre baches, socavones y grietas.

Mi destino en este país tiene un caminar fatigoso a través de rampas, cuestas y escaparduras empinadísimas y empedradas que ponen a prueba el vigor de mis piernas.
Se me arriman los mendigos, que los hay por doquier, muchos niños y adolescentes núbiles, lampiños, imberbes, se comen su miseria en hordas de pobreza.


LA CARA MÁS DEGRADADA DE GEORGIA.

Contrasta esta escena de precariedad con el intencionado esplendor vanidoso de la maravillosa e imprescindible Rustaveli Ave, tan animada, con sus puestos de mercaderes, un gregario gremio de ceramistas, pintores, artesanos, tejedores, tallistas, vendedores de bisutería, souvenirs, baratijas... están ahí todo el día, como los poros de la piel inveterada de un gigante.
En Rustaveli Ave me llaman la atención las pequeñas estatuillas que jalonan la avenida: son un símbolo intrínseco de esta ciudad, vinculada a los museos, el arte, la cultura, la música, las artes escénicas, el espectáculo, el cine, el teatro...

Para tomar algo es idóneo este punto neurálgico. Es idóneo el amable y buen servicio prestado en el café bar Tbilisi, ya en la prolongación "Rustaveliana" con Rostava Str.
Las compras pueden llevarse a cabo tanto en esta zona como en la recomendable Chavchavadze Ave.
Un punto de inflexión para tornar nuestra mirada subterránea, pues subterráneos son los túneles y pasadizos que deberemos atravesar para cruzar al otro lado de la calle, como sucede también a menudo en la hermosísima ciudad de San Petersburgo.

Aquí encontraremos una jauría humana que se cruza anónima, entre mercaderes y tiendas de toda índole.

Es menester anunciar y prevenir de la necesidad de agenciarse con un mapa de la ciudad, que se puede encontrar en el Stand de información del Museo Nacional.

Toparse con información en inglés en este país es tan difícil e insólito como encontrar cachalotes en el Amazonas o babuinos en el río Tajo.
Para concluir, un "cotilleo" gastronómico: están buenísimos los lacteos, los chocolates en general, los quesos, con su sabor fuerte y el helado de cereza.
Georgia no es un país preparado para el turismo, así que: aventura y paciencia.


SAN JORGE DERROTANDO AL DRAGÓN.