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jueves, 29 de marzo de 2012

Granada, cuna de La Alhambra (II)


MONASTERIO DE SAN JERÓNIMO. ARQUITECTOS: DIEGO DE SILOÉ, JACOBO FLORENTINO, PEDRO DE OREA Y MARTÍN DE NAVARRETE.

Prosigo con mi crónica granadina prorrogada para abarcar ahora las excelencias inefables de esta ciudad donde el magistral arquitecto Diego de Siloé juega un rol conspicuo y descollante, prolijo y siempre cautivador.
De la mano de este burgalense sobrenatural quiero llevar conmigo al viajero infatigable hasta el fantásticoMonasterio de San Jerónimo (C/Rector López Angüeta 9).

De dimensiones más que magníficas, destaca la portentosa iglesia, donde trabajaron para su construcción en 1496 Diego de Siloé, Jacobo Florentino, Pedro de Orea y Martín de Navarrete. Fue fundado por losReyes Católicos, quienes lo ceden después a la orden religiosa.

No puede uno permanecer "indemne" ante el increíble altar, rebosante de hornacinas con imágenes sagradas, y esos arcos, bóvedas y capillas laterales policromados con pinturas fantásticas y la profusa ornamentación barroca de dorados, que se alían con verdes, blancos, rojos o tonos apastelados.

Con la desamortización de Mendizabal los monjes abandonaron el monasterio en 1835.

Y ya que hemos comenzado "intimando" con el clero, continuo con otro recinto sagrado: El Monasterio de la Cartuja (SXV-XVIII).

Fundada en el año 1506 por "El Gran Capitán", Gonzalo Fernández de Córdoba, merece la pena la visita aunque sólo fuera por contemplar el deslumbrante Sagrario o Sancta Sanctorum, donde trabajaron arquitectos de la talla de José de Mora, Risueño o Duque Cornejo.

De prolija y sublime ornamentación, comienza a construirse en el año 1516. Como acaeciera en elMonasterio de San Jerónimo, tuvo monjes hasta el año 1835.

Destacan los enormes y fantásticos cuadros de Sanchez Cotán, como "La Santa cena", que hallamos en el refectorio.
En la interesante capilla de Legos nos recibe Vicente Carducho con su maravillosa "Visión de San Hugo".De este pintor encontraremos otras obras parejas en la sala Capitular.

La iglesia es sencillamente espectacular, una obra de arte. Llama poderosamente la atención el trabajo inefable de Hurtado Izquierdo en la sacristía, todo un lujo de estilo barroco tardío.

También de la mano de este arquitecto surge el increíble baldoquino del altar mayor, con lienzos nuevamente de Sánchez Cotán.

Cambiamos de rumbo y "amerizamos" en Sacromonte, visita imprescindible para visitar las casas cueva,muchas de ellas con espectáculos flamencos y habitadas hasta mediados del siglo XX.
Se puede coger el autobús número 35 en la céntrica Gran Vía de Colón.

El paisaje aquí se torna albo, con esas casas blancas en un reflejo de puro sincretismo con la montaña.
En Sacromonte recomiendo comer en el bonito y coqueto Restaurante Casa Juanillo. Espectáculos flamencos de gran calidad pueden verse en "La Canastera" o en "Venta El Gallo".

CASA CUEVA "VENTA EL GALLO", CON ESPECTÁCULOS FLAMENCOS.

Son también bonitas las casas cueva como: "La Faraona Zambra" o la de "Jesús El Negro".
La joya granadina por excelencia, que atesta de turismo la ciudad, es sin lugar a dudas La Alhambra o "Al-Qalat Ahmra", ("fortaleza roja").

Así se denomina, según narra una de las diversas versiones que he podido encontrar, ésta que yo elijo me parece la más bonita, debido a su fulgor rojizo a la luz de las antorchas cuando se construía al anochecer; el fuego de las llamas cimbreantes confería a La Alhambra un cierto halo de castillo o fortaleza de color ígneo.

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984, será la musa que inspire al escritorWashington Irving a escribir en 1829 sus famosos "Cuentos de la Alhambra" tras su paso por la ciudad.

Cualquier añadidura u ornato literario que yo pueda imprimir sobre el papel para ensalzar su belleza quedará mermada ante la contundencia de la realidad esplendorosa.

La Alhambra hay que festejarla y venerarla, devorarla con la mirada, celebrar un festín pantagruélico de arrobo y emoción.

Bastante más pacato e insignificante me parece el Palacio de Carlos V, con su singular y un tanto estrambótica fachada sillar, de sillería o almohadillada.

Fue construido en el año 1526 tras su boda en Sevilla con Isabel de Portugal.

Por ello, con permiso del ilustre personaje, me traslado ipso facto hasta los Palacios Nazaríes.

Mi consejo, por cierto, es comprar las entradas para La Alhambra con anticipación y por internet, pues las colas que se forman ante las taquillas son de órdago.

La dinastía nazarí la funda Muhammad I Al-Ahmar en el año 1238, quien inicia la construcción del magnifico complejo palaciego instalando la sede de la Corte en la colina de la Sabika.

PATIO DE LOS LEONES, ACTUALMENTE EN RESTAURACIÓN.

Fácilmente se nos irán tres o cuatro horas visitando La Alhambra, pues uno corre el riesgo de quedarse embobado absorbiendo las maravillas que le esperan en los tres palacios nazaríes: Mexuar (Ismail I), Comares (Yussuf I) y el palacio de los leones (Muhammad V).

Es alucinante el Patio de los Arrayanes, con esa plácida confluencia entre arquitectura y agua que invita al relajo y la inspiración de los vates (poetas).

El Patio de los leones, con esa docena de felinos líticos "en redondela", está actualmente en pleno proceso de restauración.

Una vez superada la franja hipnótica de los palacios nazaríes, podemos visitar la fortaleza militar de La Alcazaba y el precioso Generalife, con esos juguetones chorros de agua entre jardines que respiran calma y servían de asueto y recreo a los Reyes de Granada.

En definitiva, La Alhambra es un lugar mágico y privilegiado que debe uno degustar y descubrir a su propio ritmo. Las palabras sobran, es momento de sentidos, inspiración y exploración.

EL 02/01/1492 LOS REYES CATÓLICOS EXPULSABAN DE LA ALHAMBRA A BOABDIL, ÚLTIMO SULTÁN DE LA ÉPOCA DE HEGEMONÍA NAZARÍ.


LA ALHAMBRA, PANORÁMICA NOCTURNA DESDE EL MIRADOR DE SAN NICOLÁS.

martes, 27 de marzo de 2012

Granada, cuna de la Alhambra (I)



IGLESIA DE SANTA ANA Y SAN GIL. MONUMENTO NACIONAL DESDE EL SIGLO XVI.
Mi primer "aterrizaje" en esa Granada tan llorada y añorada por el plañidero y defenestrado Boabdil me dejó hace más de un lustro un reflujo en el alma que obró los milagros del hechizo y me conminó a regresar casi diez años después, fascinado como entonces.

Es imposible no caer prendado de los encantos copiosos y agradecidos de la vetusta Lliveris musulmana, Lliverir romana, Granada cristiana.

Escindida por dos torrentes fluviales como los ríos Darro y Genil, Granada es hervidero de turistas y nativos de lo más hospitalarios y agradables, donde el tiempo se desliga del bullicio y el apremio de una urbe tan caótica y presurosa como mi Madrid.

Incluso en los ademanes yh la cadencia vocal, el granadino se me antoja repantingado en la mesura, la mansedumbre y moderación, disfrutando del momento, sin abalanzarse hacia el siguiente.
Granada Dimana calma, serenidad, contemplación de la vida y disfrute, sin agobios ni atropellos.
Es, sin duda, una ciudad hermosísima de cualidades inextricables que invoca al espíritu del viajero conquistador y curioso para que transite errabundo y emocionado por sus pedregosas, escarpadas y angostas callejuelas, que conforman intrincados laberintos que parecen diseñados para confundir al caminante, perdido en una hornada de travesías y pasajes cada vez más exiguos y constreñidos.

Las caminatas peregrinas por este enmarañado sistema arterial son en mi opinión cita ineludible para mirar de frente el semblante más veraz de esta ciudad que resuena a: Alhambra, tapeo, zocos, arte mudéjar, taraceado, cuevas de sacromonte y palacios nazaríes...

Es una delicia confundirse entre el gentío ambulante y amistoso que se arracima como el zángano a la abeja reina en torno a la encantadora ribera de la Carrera del Darro, que fluye paralela de la mano del río de idéntico nombre.
Las propuestas para el paseo distendido son innumerables, inagotables:

Plaza Nueva, con su tropel desplegado de fabulosas y egregias casas señoriales de aristocráticas fachadas y porte ilustre, la Plaza del Carmen, donde se erige el Ayuntamiento, la populosa Calderería Vieja, o la Nueva, con sus comercios y teterías, la calle Zalacatín o la Alcacería, o aventurarse a través de la calle Oficios, junto a la catedral, hacia un dédalo de zocos y mercaderes.

Por supuesto, el Albaicín, con sus cármenes magníficos; enormes viviendas o propiedades familiares con grandes huertos en su interior.

Punto álgido de la ciudad, donde se hacinan "feligreses" autóctonos y visitantes cada noche, es el Mirador de San Nicolás.

LA ALHAMBRA CONTEMPLADA DESDE EL MIRADOR DE SAN NICOLÁS.

Desde este "altozano" privilegiado se puede gozar del regalo lumínico de Granada enfundada en su traje de gala nocturno. La panorámica es soberbia, con sus luces lejanas titilando como luciérnagas.

El semblante trasnochador de La Alhambra, cuando arriba el atardecer, embellece aún más su esplendor arrebatador.

Sierra Nevada nos espera con sus techumbres albinas observándola desde el Mirador de San Cristobal,ubicado en la plaza de idéntico nombre.

Descendiendo nuevamente a las llanuras, que parecen escudriñar envidiosas a los mencionados miradores, nos envuelve el ajetreo trafagoso en la imprescindible Gran Vía de Colón nada más traspasar la hermosa verja de hierro forjado, que es zaguán y antesala de la magnífica catedral (SXVI-XVIII).

En su fachada permanece indemne y perpetua la huella del insigne Diego de Siloé. Trabajaron en su construcción también Enrique de Egas y Alonso Cano.

En su interior nos abraza la blancura del templo, bellamente ornado con detalles barrocos áureos. Desde aquí uno puede errar a la deriva surcando la calle Oficios con destino a los zocos comerciales hiperpoblados.

CATEDRAL DE GRANADA.

Veremos por todas partes la típica cerámica fajaluza, con sus hermosísimos diseños decorativos que rebosan en platos, jarrones, tazas, vasijas....

También toda suerte de artículos de taraceado: relojes, mesas, tableros de ajedrez, cajitas de música, espejos, bandejas... todo ello tallado en madera por expertos artesanos.

Se caracteriza este estilo por su diseño de enmarañadas figuras geométricas doradas y negras.
Sin abandonar la larguísima calle Gran vía de Colón, parada obligatoria en la fantástica heladería "Los italianos", fundada en el año 1936.

Tiene siempre una clientela pertinaz y copiosa.

Los amantes de los edificios egregios disfrutarán a espuertas en el entorno circundante a la calle Santa Ana, donde se puede uno acercar a la oficina de turismo y, de paso, rendir pleitesía a la interesante y bonitaiglesia de Santa Ana y San Gil, obra del celebérrimo Diego de Siloé.

Después un paseíto hasta la calle de los Reyes Católicos, donde desembocamos en la Plaza de Isabel la Católica para toparnos de bruces con el soberbio púlpito que acoge las estatuas de la reina concediendo audiencia a Cristobal Colón para concederle los navíos y las provisiones que le llevarían a las Indias.

El monumento fue erigido en 1892 por Mariano Benlliure.


MONUMENTO A ISABEL LA CATÓLICA CONCEDIENDO AUDIENCIA A CRISTOBAL COLÓN.
Detengo momentáneamente mi travesía granadina ante los pies del actual Tribunal Superior de Justicia y antigua Cancillería Real.

Es un edificio insigne que dimana el halo sublime de Diego de Siloé nuevamente. Se encuentra a pocos metros de la ribera del Darro, cruzando la animada y amplia calle Santa Ana.

Antes de concluir con esta primera entrega de mi crónica viajera por Granada, algunos apuntes de caracter eclesiástico, pues las iglesias de esta ciudad de reminiscencias nazaríes son realmente recomendables.
Mi primera propuesta despega en la Plaza de la Universidad, donde nos topamos con la mole impactante dela iglesia de los santos Justo y Pastor (1799).

En la calle San Juan de Dios nos espera la basílica de idéntico nombre, con su fachada preciosa y ornamentada, obra del arquitecto José de Bada y Navajas.

Y una más... La preciosa parroquia de San Pedro y San Pablo, que nos recibe en su fachada con las imágenes "hornacinadas" de los dos santos.

Comer, tapear en Granada es un deleite, vaya uno donde vaya. Es muy animada: la ribera del Darro, aledañas a Reyes Católicos u Oficios, en torno a la Catedral, Gran Vía de Colón, la Calderería vieja y la Nueva, Plaza Nueva, la encantadora Plaza de la Romanilla, la calle San Gil... el listado es inagotable...

Se come muy bien en el Mesón Andaluz, en la calle Cetti Meriem, muy cerquita de la Calderería Nueva. Hay buen ambiente, atienden con amabilidad y diligencia, se puede comer de todo y los precios son económicos.