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miércoles, 10 de octubre de 2012

Sudáfrica: Blyde Canyon y P.N.Kruger


VÍCTOR VIRGÓS EN BLYDE CANYON

Mi salida del alojamiento en Graskop viaja en aras del descubrimiento y la fascinación hacia territorio desconocido en el tercer cañón más grande del mundo: Blyde Canyon.

Ya previsualizó panorámicas vertiginosas, donde el viento es el amo del universo en alturas inalcanzables salvo para los quebrantahuesos, águilas y buitres, que sin duda habitan ese reino de las cielos, los cortados y las cimas inexpugnables.

Me esperan altaneras azoteas panorámicas en el espectacular mirador de Three Ronda Wells, que suena en mis oídos casi aristocrático y eximio, noble, de rancio abolengo. Me esperan, a fin de cuentas, 27 kilómetros de tierra bifurcada en la región de Bpumalanga.

La imprudencia y el entusiasmo me llevan a posar para la cámara en terruños rocosos que se me antojan traicioneros.
No me toméis como parangón de modelo fotográfico. En este punto debo incidir con contundencia en la necesidad de respetar una mínimas normas de seguridad y civismo. En el camino encuentro carteles y señales que me exhortan a no traspasar los confines marcados. La precaución garantiza un viaje de regreso sin incidentes.

La ruta trazada para llegar hasta aquí ha sido una iteración ya conocida de socarrales, planicies carbonizadas, campos improductivos divorciados con la vida que se someten al yugo de las llamas cuando las simientes ya no producen nada.

En esta tierra políglota que visito por primera vez, (se hablan 8 lenguas oficiales), donde habitara el hombre prehistórico entre 100.000 y 500.000 años, si uno va en pos de cuadrúpedos salvajes, en busca de la naturaleza prístina de África, fácilmente observará sin gran esfuerzo recuas de impalas, rebaños de antílpes, jirafas, cebras, babuinos e incluso elefantes.
Si gozáramos de mayor fortuna, nuestras retinas podrían también ser galardonadas con el vislumbre ocasional de: leopardos, chacales, mangostas, hienas, licaones, buhos, cocodrilos, serpientes, ñúes o guepardos, pero ante todo, como bien apunta el siempre comedido y sagaz Ramiro Blancas, nuestro guía acompañante: "quien quiera ver animales de cerca que se vaya al zoo".

El terreno se torna rojizo, cobrizo, ígneo en ocasiones, a medida que se adapta a los pasos tranquilos del río Blyde, que hende el cañón de idéntica "nomenclatura".

Sus cualidades arcillosas y ferruginosas, amén de sus prolijas atribuciones minerales, lo transforman en una singular y bellísima pincelada heterogénea de tonos pardos, bermejos y dorados.

Los paisajes son alucinantes, el orto o salida del sol, así como cuando el gran astro se despide de la tarde, es un espectáculo inolvidable de tinturas añiles, rosadas, ígneas y ambarinas que en su progreso o partida tiñe el firmamento de milagro apoteósico colorista.

Los paisajes, insisto, son increíbles, nos desafían a la incredulidad y el sosiego anímico, mientras contemplo la belleza inmaculada circundante que me habla de tiempos antiguos e intocables.

La vista padece de vértigo cuando se confunde con el horizonte, cuando lo espiamos desde las alturas del majestuoso Blyde Canyon.
Desde aquí parto ya hacia el famoso e imprescindible Parque Nacional Kruger, nombre mayúsculo y regio, egregio y rimbombante; uno de los más antiguos del mundo y con unas incontestables dimensiones de 20.000 kms2.

Nos rodean montañas de colores verdosos, rojizos y amarillentos. Me adentro sin preámbulos en el hogar de leones, kudus, cebras, rinocerontes, cocodrilos...

El Parque Nacional Kruger, abierto al público desde el año 1927, debe su nombre al presidente deTransvaal Paul Kruger, quien establece aquí la primera Reserva Nacional en el año 1898, hastiado ya como estaba de los merodeadores impenitentes que cazaban en sus propiedades incurriendo en un delito flagrante de furtivismo.

Como anécdota para recordar, nuestro encuentro con una copiosa manada de leones, 

(FOTO A PIE DE PÁGINA),

 que provocaron en este servidor algunos momentos de tensión nada desdeñables.

Ramiro Blancas nos tranquiliza diciéndonos que nos ven, al camión, como un enorme colectivo que sólo observa y no supone el menor peligro para su holgazana comunidad de depredadores espanzurrados sobre la estepa africana.

Conviene tener esto muy muy presente cuando se adentra uno en territorio foráneo, donde nosotros somos intrusos y los leones, los anfitriones. Hacer ruido, vociferar, sacar miembros: piernas, brazos, del camión, podría tener unas consecuencias para los integrantes de la partida de aventureros nada amenas.

En ocasiones, a lo largo de esta travesía literaria, la pluma y la tinta cederán paso a la fotografía, como hago en este preciso instante: BIENVENIDOS AL PARQUE NACIONAL DE KRUGER Y A LAS AZOTEAS DEL CIELO DEL BLYDE CANYON.

JIRAFA EN EL P.N.KRUGER AL ATARDECER.

LEONES EN EL P.N.KRUGER AL ATARDECER.

2 comentarios:

fus dijo...

Impresionante la foto del cañòn y la manada de leones, debe ser increible esas puestas de sol que describes. ¿Has visitado algunos poblados?



un abrazo

Paco

VÍCTOR VIRGÓS dijo...

¡Hola Fus! amigo Paco, tú siempre eres bienvenido por aquí. Gracias por tu visita y comentario. Me alegro que te gusten los reportajes. Pronto publicaré mi reportaje sobre Lesotho, allí he visto poblados y me he mezclado con sus gentes. Esa experiencia estuvo genial. Un saludo