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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Georgia: Tbilisi


RUSTAVELI AVE, GEORGIA.
Las primeras líneas de esta crónica viajera, que persiste contumaz en hollar primitivas tierras georgianas, sigue una cadencia que retumba con el clamor de mil tambores sudafricanos, mientras en la lontananza, atisbo el movimiento grácil de una recua de impalas, diez avestruces y un escuálido concilio de cebras, antílopes y ñues.

Pero África debe esperar, con esa paciencia infinita de los "lacayos" sometidos por el férreo yugo de las arrogantes y preponderantes grandes potencias del llamado "primer mundo".

Mi paso se acomoda nuevamente a lindes euroasiáticas. Hoy es tiempo de hablar de Tbilisi, moderna y devastada, contemporánea y añosa, que resucita entre los escombros de guerras recientes, vanguardista y cadavérica: un crisol bipolar de semblantes antagonistas enfrentados.
La huella de la guerra, cuatro años atrás, parece hablarme desde las fachadas enviudadas de edificios de tétrica catadura. Veo calles desdentadas, arcenes y carreteras patizambos y artríticos que se comban y contorsionan entre baches, socavones y grietas.

Mi destino en este país tiene un caminar fatigoso a través de rampas, cuestas y escaparduras empinadísimas y empedradas que ponen a prueba el vigor de mis piernas.
Se me arriman los mendigos, que los hay por doquier, muchos niños y adolescentes núbiles, lampiños, imberbes, se comen su miseria en hordas de pobreza.


LA CARA MÁS DEGRADADA DE GEORGIA.

Contrasta esta escena de precariedad con el intencionado esplendor vanidoso de la maravillosa e imprescindible Rustaveli Ave, tan animada, con sus puestos de mercaderes, un gregario gremio de ceramistas, pintores, artesanos, tejedores, tallistas, vendedores de bisutería, souvenirs, baratijas... están ahí todo el día, como los poros de la piel inveterada de un gigante.
En Rustaveli Ave me llaman la atención las pequeñas estatuillas que jalonan la avenida: son un símbolo intrínseco de esta ciudad, vinculada a los museos, el arte, la cultura, la música, las artes escénicas, el espectáculo, el cine, el teatro...

Para tomar algo es idóneo este punto neurálgico. Es idóneo el amable y buen servicio prestado en el café bar Tbilisi, ya en la prolongación "Rustaveliana" con Rostava Str.
Las compras pueden llevarse a cabo tanto en esta zona como en la recomendable Chavchavadze Ave.
Un punto de inflexión para tornar nuestra mirada subterránea, pues subterráneos son los túneles y pasadizos que deberemos atravesar para cruzar al otro lado de la calle, como sucede también a menudo en la hermosísima ciudad de San Petersburgo.

Aquí encontraremos una jauría humana que se cruza anónima, entre mercaderes y tiendas de toda índole.

Es menester anunciar y prevenir de la necesidad de agenciarse con un mapa de la ciudad, que se puede encontrar en el Stand de información del Museo Nacional.

Toparse con información en inglés en este país es tan difícil e insólito como encontrar cachalotes en el Amazonas o babuinos en el río Tajo.
Para concluir, un "cotilleo" gastronómico: están buenísimos los lacteos, los chocolates en general, los quesos, con su sabor fuerte y el helado de cereza.
Georgia no es un país preparado para el turismo, así que: aventura y paciencia.


SAN JORGE DERROTANDO AL DRAGÓN.

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