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domingo, 24 de junio de 2012

Armenia: un país fascinante

DAVID DE SASÚN, YEREVAN.

Aterrizo en el aeropuerto de Zvarnots, ubicado a 10 kms de la fascinante capital de la arcana, ignota e "inexplorada" Armenia, con la sensación de adentrarme en regiones inhóspitas pobladas de leyendas inveteradas, esculpidas con cincel durante milenios para deleite y embrujo de generaciones venideras.

Es Armenia Tierra primigenia y cuna de civilizaciones que, narrada su atávica cronología de labios del patriarca Movses Jurenasti, egregio historiador y padre preceptor de la historia del país, nos habla del antiguo reino de los Hays, en la distante Hayasa, en una tierra agreste e indómita que daría en llamarseHayastan.
Aquella remota era, que parece exhalar sobre las perpetuas nieves de las sublimes cúspides del monteArarat el sagrado nombre de Noé, teje la truculenta biografía de los Hayks (armenios), con lágrimas de sangre, invasiones, fragorosas batallas campales y asedios constantes.

Me queda impregnada en la retina la imagen de la montaña de cimas albinas cuando la contemplo con rendida veneración desde la exigua ventanilla del avión.

EL MONTE ARARAT CONTEMPLADO DESDE EL AVIÓN ATERRIZANDO EN EL AEROPUERTO DE ZVARNOTS.
Cavilo entonces, ensimismado: "En alguna parte, entre los pliegues milenarios del monte Ararat, yace adormecido el arca de Noé y la leyenda de un diluvio universal..."

Símbolo inequívoco del país, orgullo nacional, otea la lontananza longeva, con su mirada cansada de tanto observar, a una altura de 4095 metros.
Armenia es un país de bucólicos prados pastoriles y llanuras esmeraldinas escindido por serpenteantes carreteras anfractuosas, llenas de baches me temo..., que nos transportan en un viaje de peregrinación mística a lugares tan desconcertantes y asombrosos como el observatorio de Karahunj (7.500 A.C), en la bellísima región de Sisián.
Enigmático y desconcertante trasunto del famosísimo Stonehenge inglés, no se ponen de acuerdo los expertos investigadores si su naturaleza obedece a cometidos ceremoniosos, rituales o astronómicos.


Ubicado a 1700 metros sobre el nivel del mar, reposan sus titánicos menhires, que pueden llegar a alcanzar un peso de hasta ocho toneladas, sobre una explanada desangelada en medio de ninguna parte que pareciera deportada, expatriada del mismísimo reino de los cielos.

Se masca en el ambiente ancestral y sibilino un secreto que jamás será revelado a los hombres. Me informan en un pequeño puesto de información de que sus coordenadas forman un triangulo equidistante perfecto respecto a los menhires de Stonehenge y las pirámides de Egipto.

Más misterio, más leyenda, parece auto-regenerarse en Karahunj un epicentro energético intangible pero presente, como una sensación provocada por la brisa al rozar mi rostro, como un murmullo de las piedras o las briznas verdes que alfombran la región campestre de Sisián.

Karahunj (Kar, piedra) Hunj (Canto o sonido), es un recinto gigantesco de piedras en solemne formación circular asentadas en reverente e inquebrantable silencio como vigías del tiempo.
Muchas de estas moles de granito aparecen ante mi mirada escrutadora horadadas, perforadas, reforzando así la teoría más que plausible de la finalidad astronómica.

Prosiguiendo mi ruta por la mencionada carretera, tenemos que detenernos bruscamente ante la presencia en el camino de numerosos hatos de ganado vacuno.
Hay muchísima ganadería en Armenia diseminada por las feraces praderas, que son como acuarelas de colores calmados diseñados para relajar el espíritu del viajante.

El tránsito por estos lares es reducido, prepondera la sensación del errante que yerra en tierra de ancestros, acaso viajando en una lanzadera temporal con destino a los albores de la humanidad.
Arribo a la bella Djermuk dejando ya atrás los misterios de Karahunj, perdido en un entorno bucólico de tonalidades pictóricas diversas.

Me embruja el sosiego del embalse de Kechut, que se regodea ante las faldas maternales de un desfiladero sobrecogedor por el que discurre el maravilloso río Arpá.

Su cauce me conduce, como si fuera yo un canto rodado, hasta la salubre localidad de Djermuk, famosa ciudad balnearia donde se embotella el agua mineral que le da nombre.
Es una de las más consumidas en el país.

Llegados a este trecho del periplo, no debe uno marcharse sin acercarse hasta la soberbia cascada que aparece tras el voluminoso complejo de la embotelladora.

Esta ciudad de propaladas ínfulas salutíferas es también "hábitat" de los Fedais; épicos mártires de la patria, guerreros valerosos inmortalizados en bellos bustos de piedra que jalonan el boscoso paseo junto al lago que desemboca en el río Arpá.
Es muy interesante penetrar en la galería porticada, donde hallaremos caños o fuentes de las que mana agua termal en una escala graduada que asciende hasta los 53 grados.

Armenia es una tierra sufrida y vapuleada que resurgió de sus cenizas como el Ave Fénix. Es un reino ancestral y olvidado habitado tan sólo por tres millones de personas. La diáspora exorbitante, unos 12 millones de armenios, partió a buscar mejor fortuna en otros países.

Refleja muy bien su idiosincrasia la bandera tricolor, con el rojo en memoria de las víctimas, la sangre derramada en las batallas, el azul para el mar pacífico y el naranja, en pos de la prosperidad, la bonanza, la fe inmarchitable en el progreso y el resurgir de las cenizas y el lamento.

La memoria de Armenia está sembrada de lagunas sanguinolentas que nos retrotraen a la horripilante y macabra conjunción de dos fechas execrables: (1890-1915), una cita con el horror y la muerte, la bajeza humana hasta cotas innombrables de monstruosidad.

Es el período de pesadilla en el que los turcos llevaron a cabo su apocalíptico exterminio armenio.
Las lágrimas se tornan dagas en mis ojos. Armenia es tierra de gestas y héroes, como el épico David de Sasún (FOTO DEL ENCABEZADO), quien con su "espada de luz" expulsó a los árabes según narra la leyenda, escrita por primera vez en el año 1873.

Su magnífica estatua, símbolo de Yerevan, la antigua Erebuni, fundada en el año 782 A.C, es una obra magnífica que refleja a la perfección el arrojo del pueblo armenio para arrostrar las calamidades invasoras provinientes de tierras lejanas.

Ya para concluir con esta primera etapa de un larguísimo viaje que iré desgranando día a día, recomiendo a quien desee viajar a aquel país, adquirir la maravillosa guía en castellano "Armenia, historia, naturaleza, religión y curiosidades, escrito por Zaruhi Orebelyan, 2012.
Es una guía manejable, pequeña y fantástica de tapas naranjas que se puede encontrar en la cafetería-librería ARTBRIDGE, EN YEREVAN.

OBSERVATORIO DE KARAHUNJ, EN LA REGIÓN DE SISIÁN.

NOTA DEL AUTOR:

La información recopilada en mis crónicas viajeras no habría sido posible sin la inestimable colaboración de mi amiga y guía acompañante de viaje ANI ANTONIAN.

MI RECOMENDACIÓN PARA VIAJAR A ARMENIA SERÍA CONTACTAR CON LA MARAVILLOSA AGENCIA UBICADA EN YEREBAN, ARTINTOUR.

ARTINTOUR

ARMENIA, YEREVAN.
37/22 MOSKOVYAN STR.
WWW.ARTINTOUR.AM

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