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martes, 27 de marzo de 2012

Granada, cuna de la Alhambra (I)



IGLESIA DE SANTA ANA Y SAN GIL. MONUMENTO NACIONAL DESDE EL SIGLO XVI.
Mi primer "aterrizaje" en esa Granada tan llorada y añorada por el plañidero y defenestrado Boabdil me dejó hace más de un lustro un reflujo en el alma que obró los milagros del hechizo y me conminó a regresar casi diez años después, fascinado como entonces.

Es imposible no caer prendado de los encantos copiosos y agradecidos de la vetusta Lliveris musulmana, Lliverir romana, Granada cristiana.

Escindida por dos torrentes fluviales como los ríos Darro y Genil, Granada es hervidero de turistas y nativos de lo más hospitalarios y agradables, donde el tiempo se desliga del bullicio y el apremio de una urbe tan caótica y presurosa como mi Madrid.

Incluso en los ademanes yh la cadencia vocal, el granadino se me antoja repantingado en la mesura, la mansedumbre y moderación, disfrutando del momento, sin abalanzarse hacia el siguiente.
Granada Dimana calma, serenidad, contemplación de la vida y disfrute, sin agobios ni atropellos.
Es, sin duda, una ciudad hermosísima de cualidades inextricables que invoca al espíritu del viajero conquistador y curioso para que transite errabundo y emocionado por sus pedregosas, escarpadas y angostas callejuelas, que conforman intrincados laberintos que parecen diseñados para confundir al caminante, perdido en una hornada de travesías y pasajes cada vez más exiguos y constreñidos.

Las caminatas peregrinas por este enmarañado sistema arterial son en mi opinión cita ineludible para mirar de frente el semblante más veraz de esta ciudad que resuena a: Alhambra, tapeo, zocos, arte mudéjar, taraceado, cuevas de sacromonte y palacios nazaríes...

Es una delicia confundirse entre el gentío ambulante y amistoso que se arracima como el zángano a la abeja reina en torno a la encantadora ribera de la Carrera del Darro, que fluye paralela de la mano del río de idéntico nombre.
Las propuestas para el paseo distendido son innumerables, inagotables:

Plaza Nueva, con su tropel desplegado de fabulosas y egregias casas señoriales de aristocráticas fachadas y porte ilustre, la Plaza del Carmen, donde se erige el Ayuntamiento, la populosa Calderería Vieja, o la Nueva, con sus comercios y teterías, la calle Zalacatín o la Alcacería, o aventurarse a través de la calle Oficios, junto a la catedral, hacia un dédalo de zocos y mercaderes.

Por supuesto, el Albaicín, con sus cármenes magníficos; enormes viviendas o propiedades familiares con grandes huertos en su interior.

Punto álgido de la ciudad, donde se hacinan "feligreses" autóctonos y visitantes cada noche, es el Mirador de San Nicolás.

LA ALHAMBRA CONTEMPLADA DESDE EL MIRADOR DE SAN NICOLÁS.

Desde este "altozano" privilegiado se puede gozar del regalo lumínico de Granada enfundada en su traje de gala nocturno. La panorámica es soberbia, con sus luces lejanas titilando como luciérnagas.

El semblante trasnochador de La Alhambra, cuando arriba el atardecer, embellece aún más su esplendor arrebatador.

Sierra Nevada nos espera con sus techumbres albinas observándola desde el Mirador de San Cristobal,ubicado en la plaza de idéntico nombre.

Descendiendo nuevamente a las llanuras, que parecen escudriñar envidiosas a los mencionados miradores, nos envuelve el ajetreo trafagoso en la imprescindible Gran Vía de Colón nada más traspasar la hermosa verja de hierro forjado, que es zaguán y antesala de la magnífica catedral (SXVI-XVIII).

En su fachada permanece indemne y perpetua la huella del insigne Diego de Siloé. Trabajaron en su construcción también Enrique de Egas y Alonso Cano.

En su interior nos abraza la blancura del templo, bellamente ornado con detalles barrocos áureos. Desde aquí uno puede errar a la deriva surcando la calle Oficios con destino a los zocos comerciales hiperpoblados.

CATEDRAL DE GRANADA.

Veremos por todas partes la típica cerámica fajaluza, con sus hermosísimos diseños decorativos que rebosan en platos, jarrones, tazas, vasijas....

También toda suerte de artículos de taraceado: relojes, mesas, tableros de ajedrez, cajitas de música, espejos, bandejas... todo ello tallado en madera por expertos artesanos.

Se caracteriza este estilo por su diseño de enmarañadas figuras geométricas doradas y negras.
Sin abandonar la larguísima calle Gran vía de Colón, parada obligatoria en la fantástica heladería "Los italianos", fundada en el año 1936.

Tiene siempre una clientela pertinaz y copiosa.

Los amantes de los edificios egregios disfrutarán a espuertas en el entorno circundante a la calle Santa Ana, donde se puede uno acercar a la oficina de turismo y, de paso, rendir pleitesía a la interesante y bonitaiglesia de Santa Ana y San Gil, obra del celebérrimo Diego de Siloé.

Después un paseíto hasta la calle de los Reyes Católicos, donde desembocamos en la Plaza de Isabel la Católica para toparnos de bruces con el soberbio púlpito que acoge las estatuas de la reina concediendo audiencia a Cristobal Colón para concederle los navíos y las provisiones que le llevarían a las Indias.

El monumento fue erigido en 1892 por Mariano Benlliure.


MONUMENTO A ISABEL LA CATÓLICA CONCEDIENDO AUDIENCIA A CRISTOBAL COLÓN.
Detengo momentáneamente mi travesía granadina ante los pies del actual Tribunal Superior de Justicia y antigua Cancillería Real.

Es un edificio insigne que dimana el halo sublime de Diego de Siloé nuevamente. Se encuentra a pocos metros de la ribera del Darro, cruzando la animada y amplia calle Santa Ana.

Antes de concluir con esta primera entrega de mi crónica viajera por Granada, algunos apuntes de caracter eclesiástico, pues las iglesias de esta ciudad de reminiscencias nazaríes son realmente recomendables.
Mi primera propuesta despega en la Plaza de la Universidad, donde nos topamos con la mole impactante dela iglesia de los santos Justo y Pastor (1799).

En la calle San Juan de Dios nos espera la basílica de idéntico nombre, con su fachada preciosa y ornamentada, obra del arquitecto José de Bada y Navajas.

Y una más... La preciosa parroquia de San Pedro y San Pablo, que nos recibe en su fachada con las imágenes "hornacinadas" de los dos santos.

Comer, tapear en Granada es un deleite, vaya uno donde vaya. Es muy animada: la ribera del Darro, aledañas a Reyes Católicos u Oficios, en torno a la Catedral, Gran Vía de Colón, la Calderería vieja y la Nueva, Plaza Nueva, la encantadora Plaza de la Romanilla, la calle San Gil... el listado es inagotable...

Se come muy bien en el Mesón Andaluz, en la calle Cetti Meriem, muy cerquita de la Calderería Nueva. Hay buen ambiente, atienden con amabilidad y diligencia, se puede comer de todo y los precios son económicos.

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