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domingo, 2 de octubre de 2011

Un madrileño en Nueva York un 11 de Septiembre de 2011 (II)

PANORÁMICA DESDE EL OBSERVATORIO DEL RASCACIELOS TOP OF THE ROCK

Se me antoja Nueva York como una inconmensurable urbe materna que acogiera en su seno a miles y miles de almas extraviadas que yerran sin rumbo, buscando un lugar donde habitar, un lugar al que pertenecer.

Confundidos entre el gentío nativo y foráneo, los rascacielos y las irradiaciones lumínicas, que son como sistemas solares en llamas, las personas se convierten en meras motas de polvo que pululan en círculos, sometidos a una perpetua ceremonia de arrobo y atracción.

Es imposible perderse en Nueva York, aunque suene ello a pura contradicción, dadas sus dimensiones astronómicas. Las calles son rectilíneas y bien delimitadas y siempre hay a nuestro alrededor afables desconocidos dispuestos a ayudar y preguntarnos adonde vamos.

Si el idioma se tornara un escollo insalvable, podemos recurrir a cualquiera de los numerosísimos hispanos que viven en "La Gran Manzana".

Con el fin de no extraviarse ni exasperarse, cuando nos adentremos en las tórridas grutas subterráneas del Subway (Metro), conviene previamente tener claro si nuestro destino está ubicado en la zona Norte (Uptown) o sur (Downtown), pues dependiendo de una zona u otra hay que acceder por una taquilla o estación determinada.

Los trenes marcados como "Express" no se detienen en algunas estaciones, se las pasan de largo. Los únicos que sí paran en todas son los designados como "locales·.
La isla de las colinas, que es lo que significa en realidad Manhattan y como la denominaban los primigenios nativos de la isla, fue hace algo más de 4 siglos el hábitat de cientos de especies de animales y plantas en el exiguo reducto boscoso del actual Central Park.

CENTRAL PARK, MANHATTAN .

En próximos artículos me sumergiré de la mano de mis escasos pero apreciadísimos lectores en este inmenso remanso de paz, que alberga en su interior lagos, un zoológico para niños, estatuas fantásticas como la de Beethoven o la de Alicia en el País de las Maravillas o el idílico Strawberry Fields, un homenaje póstumo de Yoko Ono a su celebérrimo esposo, John Lennon.

Retornando al bullicio contemporáneo de Manhattan me sorprendo al divisar entre el tumultuoso tráfico, de preponderante pigmentación amarilla, numerosas limusinas, que pese a su glamour inherente no son ni mucho menos vehiculos exclusivos para divas de la gran pantalla, celebridades, magnates y empresarios todopoderosos... de hecho, cualquiera puede parar una y darse un lujo recorriendo la ciudad en un coche con el carisma y la prestancia de una limusina. No resulta especialmente caro.
La ciudad que nunca duerme, como proclamaba a los cuatro vientos el insigne y siempre atildadísimo Sinatra, cuenta en su relativamente reciente cronología con la primera calle iluminada del mundo: la 14th Str, nada del otro mundo, pero emblemática gracias a este detalle histórico.

Emblemático es también el toro, ubicado en el distrito financiero de Wall Street; una estatua de aspecto hostil y torvo que simboliza a las finanzas, el poder económico, la bolsa de valores... hacer una foto junto al astado es, dicho de paso, un ejercicio de paciencia y tolerancia.

ESTATUA DEL TORO EN EL DISTRITO FINANCIERO DE WALL STREET

Para concluir con esta crónica, nada mejor que una exégesis etimológica de la denominación "La Gran Manzana".

Me cuenta una guía local, para mi total estupor, que cuando llegaba un artista, un músico, a la ciudad en busca de fortuna, si conseguía un contrato decía todo ufano que "le habían dado una manzana", (de área, zonal, se sobreentiende, nada que ver con el fruto ponzoñoso que le ofrendaba la malvada bruja a Blancanieves).
Si el contrato abarcaba algo mucho mayor y altisonante, como una gira local en torno a Manhattan, actuaciones aquí y allá, entonces el músico había conseguido el lote completo, le habían dado "La Gran Manzana".

LA GRAN MANZANA ILUMINADA POR LA NOCHE

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