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jueves, 29 de septiembre de 2011

Un madrileño en Nueva York un 11 de Septiembre de 2011 (I)

TIMES SQUARE UN 11/09/11

Contra todo pronóstico inicial, aparezco en "la ciudad que nunca duerme" un 11 de Septiembre de 2011.

Nunca entró en mis planes cruzar el océano para convertirme en liliputiense entre titánicas moles de hormigón y cemento y miles de taxis que parecen federaciones chinas a cuatro ruedas.

Nueva York siempre fue para mí como un incordioso compromiso ineludible; "una visita a La Meca al menos una vez en la vida".

Otra vez contra todo pronóstico, a mi regreso a Madrid, me traje conmigo una carga inesperada de nostalgia y melancolía: ya no quería reconciliarme con la monotonía del tráfago madrileño y mis quehaceres laborales. Tanto y de manera tan sorpresiva fui cautivo del embrujo inexplicable de esta ciudad faraónica de luces de neón sonámbula.

Nueva York es una ciudad a la que regresaría una y otra vez, aunque ello contravenga mis inamovibles "estatutos" turísticos, basados en la huida de la redundancia y la búsqueda de nuevos destinos diferentes, nunca repetidos.

Exuda esta ciudad un talante y personalidad vernáculos que enganchan como una ambrosía opiácea, . Cuando conoces Nueva York ya no te quieres marchar, y cuando te marchas ya sólo sueñas con poder regresar...

Llegué a la urbe de los rascacielos y los musicales de Broadway un 11 de Septiembre envuelto en un maremagnum de ondeantes banderas patrias, desfiles y zarabandas conmemorativas. La muchedumbre parecía embriagada con la evocación de una efemérides luctuosa, que surje, plasmada como un recuerdo espectral, con colores destellantes que salpican enormes pancartas y pantallas refulgentes de neón que convierten Times Square en un grandilocuente espectáculo emotivo de solidaridad humana.

Una marabunta de almas compungidas que desemboca en el verdadero epicentro neurálgico de la ciudad se funde en un latido compartido y un suspiro retenido, donde anidan todavía recuerdos extremadamente aciagos de una tragedia insoportable y de hondura insondable.

Desde mi comfortable y seguro refugio madrileño me torpedeaban con advertencias y premoniciones sensacionalistas que esculpían un retrato neoyorquino "quasi" apocalíptico: vigilancia extrema, la ciudad sitiada en estado de alerta máxima, la posibilidad más que fidedigna de un inminente ataque terrorista, cacheos e interrogatorios marciales propios de la época nazi....

Veo a mi llegada patrullas policiales a cada paso que doy, es cierto, pero los fornidos agentes de la ley que custodian cada punto estratégico considerado como "posible objetivo de los desaforados fanáticos de siempre" parecen relajados, distendidos; nada que ver con el fotograma "pre-bélico" profetizado en los rotativos españoles.
En mi caso, amén del batallón de turistas que descendíamos de un avión aquel día tristemente célebre en el aeropuerto JFK, los cacheos, interrogatorios y filtros de entrada discurrieron con toda normalidad y celeridad.

En ningún momento me sentí "cobaya de laboratorio" ni observado como si pudiera ser yo un posible lunático encomendado a "vaya usted a saber qué misión divina".


HOMENAJE AL CUERPO DE BOMBEROS EN TIMES SQUARE -11/09/11-

Mi primera impresión de esta ciudad megalómana atañe a sus hechuras inconmensurables y a las extensísimas avenidas, que parecen huir hacia el infinito, o a sus rascacielos altísimos, que rayan con sus antenas y azoteas inalcanzables los flecos añiles del cielo y los faldones almidonados de las nubes.

24.000 taxis amarillos, enseña distintiva de Nueva York, recorren las calles rectilíneas. Me quedo estupefacto cuando me revelan que están valorados en 500.000 $, pues son ya símbolo de la ciudad.

Observados desde las alturas parecen motas de polvo doradas dotadas de motilidad; logran su propósito: ser perfectamente visibles a cualquier distancia. De ahí el color amarillo de su carrocería.

Diez años después de los abominables atentados terroristas del 11-S el recuerdo de las 4.500 víctimas parece muy presente en el ánimo soliviantado de los neoyorquinos.
Me sorprende negativamente una imagen cotidiana que contrasta con el boato que dimana de los rascacielos, las luces de neón o el majestuoso Puente de Brooklyn, o incluso con el maravilloso "museo de fachadas al aire libre", que encuentro allá donde se posa mi mirada indagadora.

Basura, bolsas enormes como grotescos grumos malolientes, quedan abandonadas en las aceras, frente a los bellísimos edificios y casas de estilo victoriano con sus majestuosas y románticas escaleras de emergencia en sus fachadas.
No menos impactante me resulta el aspecto anacrónico de los vagones del metro. Aparte de extremadamente ruidosos, adolecen de una cierta precariedad que vuelve a contrastar con el flamante traje de gala de Nueva York.

Uno tiene la sensación de atravesar un patatal en una calesa decimonónica, tal es la intestabilidad de estos trenes.

Mejor agarrarse bien a las barras si no queda ningún asiento libre.

Todos los caminos parecen revertir en Times Square. El paisaje urbano circundante me abruma con sus fúlgidas luces de neón; los enormes cartelones publicitarios o que anuncian estrenos televisivos o de nuevos músicales recién aterrizados en Broadway. Por todas partes hay monitores y pantallas gigantes que orlan las fachadas con sus imagenes cambiantes.

Cuando sobreviene el ocaso, es una gozada contemplar Nueva York iluminada como un faro celestial con millones de ojos diminutos que escrutaran el universo. Una buena manera de entregarse a este deleite es tomando un autobús turístico nocturno.

Un guía acompañante, generalmente un parlanchín en busca de propinas y dotes para la comicidad, nos irá revelando la historia, anécdotas y curiosidades de la ciudad.
Desafortunadamente, estas explicaciones tan interesantes no se pueden seguir en otros idiomas por medio de auriculares, como es cosa habitual en la mayoría de municipios de España menos rimbombantes que la glamurosa Nueva York.

FIN DE LA PRIMERA PARTE.

PRÓXIMAMENTE: UN MADRILEÑO EN NUEVA YORK UN 11 DE SEPTIEMBRE DE 2011 (II)

HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DEL 11-S EN TIMES SQUARE CON EL LEMA: "NEVER FORGET" (NUNCA OLVIDAREMOS)

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