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martes, 5 de julio de 2011

Costa Rica: San José

TEATRO NACIONAL DE SAN JOSÉ, COSTA RICA.


Mi primera impresión al descender del avión y contemplar el singular e impecable aeropuerto enmoquetado de San José, enclavado en un entorno paisajístico selvático, es de calma y asombro ante un panorama demasiado perfecto y armonioso, como si el paisaje hubiese sido concebido por un delineante primoroso enamorado de la naturaleza.
Un voluminoso torrente de taxis del color de la hemoglobina recorre una ciudad de talante levemente precario que anhela avanzar hacia el futuro, sin desasirse de sus orígenes ni desprenderse de sus huellas de identidad vernáculas e inveteradas.


Me recuerda San José, de manera somera, tiznada de matices y "peros", a la ciudad de Colombo, allá en Sri Lanka, con sus viviendas maltrechas y sus calles y carreteras pobladas de baches, inmundicia, fisuras y socavones, Descubro en multitud de fachadas tonalidades de fantasía y colores encendidos imposibles de soslayar.


CENTRO URBANO DE SAN JOSÉ.


Las calles anónimas, impersonales: Calle 5, Avenida 2, se dirigen como kilómetricas veredas rectilíneas hacia el "caldero hirviente" de la ciudad: la animadísima y populosa Avenida Central, la Plaza de las Artes o la Plaza de la Cultura , donde me topo de improviso con la colosal y espectacular presencia de la verdadera gema rutilante de San José: el alucinante Teatro Nacional, de estilo neoclásico e inaugurado en el año 1897.
Fue declarado Monumento Nacional en el año 1965. Por ello, considero ineludible visitarlo y, de paso, saborear un delicioso café costarricense, como el suculento Britt, en la preciosa cafetería de hermosísimos techos cubiertos de pinturas.
Http://www.cafebritt.com/inicio (WEB DE LOS CAFÉS COSTARRICENSES BRITT).


Prosiguiendo con nuestra ruta de exploración por San José resulta también imprescindible adentrarse en los dominios sagrados de la fascinante iglesia anglicana de Nuestra Señora de la Merced.



IGLESIA ANGLICANA DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED.




Se trata de una preciosa estructura de bellísimas columnas ornamentales irisadas de reminiscencias bizantinas techada en madera.
Como un rostro antagonista y disidente, que huyera de la belleza neoclásica del Teatro Nacional y denostara las excelencias de la mencionada iglesia anglicana, presenta timorata y desigual batalla por la estimación del visitante la anodina y neutral Catedral, una enorme mole de piedra prescindible que alberga en su interior modernidad y relumbres de "gran teatro".


Otros aspectos que llaman poderosamente la atención paseando por el centro urbano de esta ciudad amable y tranquila son los vendedores ambulantes de lotería, que son como un enjambre vocinglero y pertinaz. A este gremio de mercaderes se unirán también vendedores de toda suerte de enseres, pasta dentrífica, champú o comida casera....


Las calles de San José están plagadas de mendigos y, en ocasiones, descubriremos entre el gentío predicadores recitando letanías. La religión está muy presente en la vida de los ciudadanos, que asisten de manera multitudinaria a las misas vestidos de punta en blanco y abarcando todo rango de edades.


Esta devoción impregna también los contenidos de algunos programas de televisión, donde podemos encontrarnos con algún mesías que alecciona a centenares de feligreses llevados al paroxismo en un estado similar al trance en lo que parece prácticamente un "reality-show" de talante teológico.
Algunas reseñas de identidad propia que hallaremos por toda Costa Rica son la expresión: "Pura Vida", que es algo así como una coletilla o comodín polivalente para iniciar una agradable conversación o finalizarla o también para manifestar nuestra satisfacción o agrado ante cualquier situación.


En áreas gastronómicas encontramos el GALLO PINTO, una exquisitez de esta tierra a base de judías negras y arroz que algunos amalgaman con salchichas, tortilla, huevos, bacon o ensaladas....


También llama la atención, de una manera muy positiva, el asombroso mimo por la protección del medio ambiente que observa juiciosamente el costarricense. Aunque llueve constantemente y no carecen de bosques, frutos o alimentos, mantienen una estrecha vigilancia y cuidado de los recursos naturales que les brinda la naturaleza, insistiendo en campañas de advertencia para no derrochar ni una gota de agua más de la necesaria.


CENTRO URBANO DE SAN JOSÉ.

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