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viernes, 29 de octubre de 2010

PUEBLA DE SANABRIA, ENCLAVE DEL CASTILLO DE LOS CONDES DE BENAVENTE

CASTILLO DE LOS CONDES DE BENAVENTE.

Nadie que haya visitado alguna vez Puebla de Sanabria puede desprenderse ya del influjo romántico que dimana de sus coquetas y bellísimas callejulas de talante medieval.

Como las prósperas cosechas o la calidad de un vino añejo de renombre ecuménico, Puebla de Sanabria hermosea de un año para otro, como si rociara su empedrada fisonomía con un bálsamo rejuvenecedor.
Atraídos como los zánganos que cortejan a la abeja reina del enjambre en el conglomerado panal, así llegan los visitantes de todos los puntos de la península a este municipio.

Imagen señera, destacable desde la lontananza, es el formidable castillo los condes de Benavente (S.XV), erigido bao el auspicio de Alonso de Pimentel y María Pacheco.
Su estado de conservación es impecable, por lo cual, su visita es de obligación religiosa. Son soberbias las vistas desde "El Macho" o torre del homenaje, así como una delicia es también otear el paisaje entre las atalayas y torreones que saludan a los cauces de los ríos Tera y Castro.
Tras el óbito de Isabel la Católica Ínclitos regentes moraron en el castillo, erigido sobre los cimientos de una fortaleza anterior, como fueron en el año 1506 Felipe El Hermoso y Juana La Loca.

En tiempos de Felipe IV sirvió este espléndido baluarte como muralla defensiva contra las tropelías ofensivas de las beligerantes tropas lusas.

Imprescindible es pasear, sin perder detalle de las preciosas balconadas de madera y las casas nobles blasonadas, por las callejuelas empedradas de esta idílica y concurrida villa medieval, declarada Monumento Histórico-Artístico por la encomiable y tenaz labor restauradora llevada a cabo en su patrimonio arquitectónico: conservación de los tradicionales tejados de pizarra, balcones de madera, casas nobles con fachadas blasonadas...

Conviene aparcar en las faldas del castillo, junto a la ribera del río Tera, pues aunque muchos se empeñarán en estacionar su vehículo frente a la mismísima Plaza del ayuntamiento, o harán cabriolas para atravesar el pueblo por callejuelas estrechas y llenas de viandantes, transitar por Puebla de Sanabria, en plena época estival, es un incordio. Encontrar aparcamiento, una aventura.
En la Plaza Mayor encontraremos el elegante edificio del ayuntamiento (S.XVI), de duple planta porticada, y la majestuosa iglesia de Ntra. Sra. del Azogue, patrona de este municipio.
AYUNTAMIENTO DE PUEBLA DE SANABRIA.

Puebla de Sanabria se disfraza de historias y recuerdos vetustos durante el mes de Agosto cuando sus calles acogen el animadísimo mercado medieval.
Otros monumentos emblemáticos que merecen una visita son sin duda le preciosa ermita barroca de San Cayetano y el fantástico convento de los franciscanos, del siglo XVIII.

lunes, 25 de octubre de 2010

JOYAS PAISAJÍSTICAS DE ESPAÑA: EL PARQUE NATURAL DEL LAGO DE SANABRIA.

LAGO DE SANABRIA.

Después de mi dilatado periplo revisando la cronología siniestra de venecianos, otomanos y croatas, revierto mi mirada hacia mi propio país, paradigma de belleza heterogénea y dispar, tan asombrosa y variopinta como ignota en su fuero interno.
Y hablando de joyas paisajísticas, como reza mi enunciado, es de justicia rendir homenaje a una de marchamo nacional; el fascinante lago de Sanabria, el mayor de todo el país.

Moran en las inmediaciones del Parque Natural del lago de Sanabria, doblegado por la suprema exuberancia de robles, castaños y acebos, multitud de víboras, lobos, turones, jabalíes, zorros, ciervos, desmanes de los Pirineos, abubillas, ánades reales, alcotanes...

El acceso se realiza cómodamente a través de la sensacional autovía A-52, que une las poblaciones de Benavente y Vigo. Circular por las desérticas carreteras de esta región es como caminar de puntillas sobre las nubes, en un cielo prístino y adormecido, donde la mansedumbre y la ausencia del tiempo fueran la faz preponderante.
Los atascos, las prisas y los clamores del cláxon, a modo de atropelladas y coléricas reprimendas, son aquí la nota discordante en una ceremonia de culto por el sosiego.

El lago de Sanabria es imagen señera de esta región, generosa en colorido y pueblos tradicionales, atávicos, unos 120 aproximadamente, caracterizados por sus típicas casas de piedra con tejados de pizarra.
Conviene llegar con prontitud al lago de Sanabria, pues se convierte desde primeras horas de la mañana en santuario de bañistas, transformando este centro de masiva peregrinación en arquetipo de la estampa playera del litoral mediterráneo.

Una ocurrencia de lo más sagaz sería abandonar la indolencia, en la que caemos con osada persistencia en época estival, y madrugar un poco para beneficiarnos de uno de los lugares más cómodos e idóneos para aparcar. Una zona bastante demandada y privilegiada es la zona de la entradita a la llamada popularmente "Playa de los enanos", definida en la nomenclatura oficial como "Arenales de Vigo".

Este área del lago, devorada por una lozana vegetación casi "selvática" y rocas, goza de unas espléndidas panorámicas y el volúmen de bañistas no es agobiante.
Como toda "colmena" que atrajese toneladas de turistas a su "panal", así actua este impresionante lago glaciar de la Era Cuaternaria.
Su poder de convocatoria y cofluencia incrementa de un año para otro. No faltan los chiringuitos ni los encantadores pueblecitos cercanos donde parar para degustar suculencias propias de la región. Tampoco menoscaba, ni augura el menor decremento, el negocio de embarcaciones y canoas que surcan las límpidas aguas del lago, que surge como una prodigiosa aparición entre las hermosísimas sierras de Cabrera y Segundera en el término municipal de Galende.

Desde este paisaje fascinante que atraviesan con pereza el río Tera, el Cárdena y el Segundera, se pueden trazar sensacionales rutas de trekking (senderismo), como las que conducen a la Laguna de los Peces o a la Cascada de Sotillo de Sanabria.

El lago posee una belleza deslumbrante y veleidosa que flirtea con los devaneos caprichosos de las cuatro estaciones. Luce su mejor sonrisa argentea en primavera y en verano, o se tiñe de sombras opacas en invierno, mientras observa como los valles se tiñen de blanco.

Como todo lago revestido de ínfulas y épica sonoridad, el de Sanabria tiene su propia leyenda, tejida con los renglones de una historia luctuosa hilvanada por las gentes sencillas del lugar durante generaciones.
VISTA DEL LAGO DE SANABRIA EN LA ZONA DE LA PLAYA DE LOS ENANOS.

LA LEYENDA DEL LAGO DE SANABRIA

Cuenta la leyenda que, en medio del lugar donde ahora se encuentra el lago de Sanabria, existía un pueblo llamado Valverde de Lucerna. Acaeció una noche de terrible tempestad que un peregrino cruzaba el pueblo en busca de cobijo.
Iba tocando de puerta en puerta, pero nadie le abría o le denegaban el auxilio. Finalmente llegó el rendido viajero hasta el horno del lugar, donde una mujer accedió a abrirle la puerta y compartir su cena con él, apenas unos mendrugos de pan caliente que acababa de cocinar en su modesta tahona.
Durante el conciso intercambio de palabras que mantuvieron, al amparo de la espantosa cellisca, el peregrino se identificó y dijo ser el mismísimo Dios. Encolerizado por el trato desabrido e impío recibido por parte de aquellas gentes que le había rehuído, conjuró a las fuerzas de la naturaleza y descargó un diluvio sobre el pueblo.

Valverde de Lucerna quedó anegado bajo las aguas, sin embargo, como deferencia hacia la única persona que le asisitió, salvó a la mujer y a su horno, que quedaron flotando sobre un islote que aún puede verse en el lago.
Prosigue la leyenda diciendo que, en la madrugada del día de San Juan, puede escucharse el sonido de las campanas de la iglesia del pueblo que quedó sumergida bajo las aguas del lago de Sanabria.
ISLOTE QUE SOBREVIVIÓ A LA TRAGEDIA DE VALVERDE DE LUCERNA "LEYENDA DEL LAGO DE SANABRIA".

lunes, 18 de octubre de 2010

CUEVA DE POSTONJA, EL TEMPLO DE LAS MARAVILLAS CÁRSTICAS. GLOBEDIA, 19-10-10

Es como un majestuoso templo faraónico, como aquellos que se erigieron en el Valle de los Reyes para honrar al faraón egipcio Ramsés o al fatuo Keops. Sin embargo, en éste, en vez de apoteósicos pilares, cincelados con mitologías de dioses con testas falconiformes u ovinas, reverenciamos a la madre naturaleza, y al milagroso espectáculo geológico acaecida en la descomunal cueva de Postonja.

Siempre afluye a mi imaginación un interrogante curioso y recalcitrante, que no se cansa de inquirir y sondear: ¿Cómo serían las emociones desbocadas de ese primer individuo que, por primera vez, posó sus ojos en esta maravillosa gruta eslovena?
En su interior se han hallado vestigios humanos, y herramientas precarias de piedra, así como multitud de huesos de animales ya extinguidos que tienen una antigüedad de unos 50 milenios.

Su descubrimiento, en el año 1818, se debe a Luka Cec, oriundo de esta región eslovena. Un año más tarde ya se abriría al público. Se sabe que fue morada temporal de cazadores, así como de diversas alimañas de otra era. Los primeros documentos referenciales aparecen en el siglo XIII. En el año 1369 ya se la designaba como Cueva de Postonja, en alusión a la localidad de mismo nombre ubicada a tan sólo 1 km de distancia.

Todavía es posible distinguir las firmas de los primigenios visitantes impresas en la zona más antigua de la cueva.
Quien ose adentrarse en este inconmensurable templo cárstico debe venir pertrechado con ropa de abrigo, pues la temperatura no sobrepasa los 10 grados. El fascinante recorrido, perfectamente iluminado desde el año 1884, durará una hora y media a lo largo de unos 5 kms, de los cuales, dos se realizan en unos vagones.

Se trata de una experiencia singular, amén de una notabilísima obra de ingeniería, adaptar una vía férrea, en el año 1872, al resbaladizo suelo pétreo de la cueva más visitada de Europa (más de 30 millones de visitantes desde su apertura).
Resulta un tanto estremecedor, para quienes aún conservamos una pizca de angustia claustrofobica, imaginar estas colosales galerías antes de la llegada del flujo eléctrico. Iluminadas exclusivamente con el fuego cimbreante de cirios, velas y antorchas, las sensaciones debían lindar con el asombro y el pánico.
Las enormes formaciones cársticas estarían revestidas de tintes siniestros a la luz de las teas...

La cueva de Postonja es una sobrecogedora exposición natural de estalactitas y estalagmitas que ha creado la naturaleza a lo largo de los eones. Bosques de aristas afiladas, agujas, columnas con vértices respingones o con formas grotescas o divertidas, bóvedas líticas dentadas, provistas de colmillos níveos, ambarinos o negros como el azabache.
El guía acompañante, durante el ameno recorrido, nos conducirá hasta las fauces de la gruta, donde podremos deleitarnos con la sublime "Gran Montaña" o "galería del calvario".

No menos digna de las más excelsas reverencias es también la sala de los conciertos, donde la acústica es formidable. Desde este punto se toma el tren de regreso.
Los espeleólogos afines a los deportes de cierto riesgo y descarga de adrenalina encontrarán su "media naranja" en las grietas y abismos repartidos por los 20 kms de gruta subterránea, por donde fluye el río Pivka.


CUEVA DE POSTONJA, POSTONJA, SLOVENIJA.

domingo, 17 de octubre de 2010

LOKRUM; LA ISLA ESMERALDA DEL ADRIÁTICO



ISLA DE LOKRUM AL ATARDECER VISTA DESDE DUBROVNIK
Contempla a su hermana, excelsa y agraciada, desde la lontananza, flotando como una sirena somnolienta acunada sobre las lomas del suave oleaje del Adriático.

La isla de Lokrum espera enmudecida atrapar nuestra mirada y sobresaltar nuestro corazón, vestida con su elegante manto esmeralda y su presencia selvática. La veo a tan corta distancia desde Dubrovnik, que casi tengo la sensación de escuchar una voz melíflua y engatusadora que me llama. Parece Lokrum una selva amazónica en miniatura; una exótica jungla liliputiense habitada por duendes, gnomos y hadas.

No puedo sustraerme de la sensación de que esta isla misteriosa me vigila, espera, alerta y taimada, el adevenimiento de un nuevo flujo de turistas, que caerán rendidos bajo su influjo.

La isla de Lokrum goza del protectorado de la Unesco desde el año 1979; tres años antes era considerada por los croatas "Tesooro Nacional".
El trayecto desde la zona antigua de Dubrovnik es bastante breve y se parte a primeras horas de la mañana, con alguna de las múltiples excursiones que se pueden contratar aquí.

Inmediatamente al arribar nos rodean miríadas de frondosos "centinelas", arracimados en lo que se presenta como el umbral de un esplendoroso bosque de pinos.
Es conveniente comprar un folleto explicativo, provisto de un detallado mapa, para no extraviarse o desorientarse en alguno de los senderos que discurren por la isla como arterias de un gran organismo vivo.

Como improvisados guías turísticos, nos recibirá una cohorte de pavos reales, tan acostumbrados al aluvión de la muchedumbre que, si los alimentamos, se subirán sin contemplaciones a las mesas o nos comerán de la mano si les damos una mínima confianza.

La isla, declarada Estado Benedictino en el año 1023, fue la residencia Real de Maximiliano de Habsburgo en el año 1798, a la marcha de los monjes de esta orden.
El fantástico monasterio que ocuparan, del siglo XIII, se halla en estos momentos en pleno proceso de restauración.

MONASTERIO BENEDICTINO EN LOKRUM

Muy próxima se halla también la vetusta iglesia de La Virgen de la Anunciación, (SXV-XVI).

Si caminamos de manera errática por los tentáculos forestales de Lokrum, tal vez derivemos, sin pretenderlo, en la recóndita y discreta entrada al mar destinada a los devotos del nudismo.

Los bañistas tradicionales se hallarán menos intimidados o sobrevenidos por el sofoco en la encantadora playa de Lokrum o Mar Muerto. En este precioso rinconcito de la isla gozaremos también de unas panorámicas fabulosas, con acantilados, cortados y farallones impresionantes.
PLAYA DE LOKRUM LLAMADA "DEAD SEA" O "MAR MUERTO".

La residencia de recreo de Maximiliano de Habsburgo nos regala deliciosos paseos a través del fantástico Jardín Botánico, donde nos podremos perder entre los espinosos brazos de toda suerte de cactus, chumberas e infinidad de plantas tropicales, así como una vegetación dispar y prolija.

Para vistas formidables es totalmente recomendable la extenuante caminata cuesta arriba hasta la fortaleza Real, construida durante la ocupación de Dubrovnik por parte de las tropas francesas en el año 1806.
Las panorámicas sobre la loma del monte Glavica merecen la pena.

La isla esmeralda, que se arrima a la vera de Dubrovnik como un amante celoso, nos conduce por senderos confusos hasta otra reminiscencia de época Benedictina: una vasta población de olivos centenarios. En una línea bastante más proclive a los placeres terrenales o mundanos, nos topamos con la piscina (Charlotte´s Well), construída en tiempos de Maximiliano para su uso personal y de sus invitados.

Después del trasiego por los dominios del último virrey de México, Maximiliano de Habsburgo, nada mejor que una amena despedida escuchando música en directo, sentados en una terracita con vistas a Dubrovnik y al Adriático.

miércoles, 13 de octubre de 2010

DUBROVNIK; LA JOYA DEL ADRIÁTICO.PARTE II GLOBEDIA.COM

MURALLAS DE DUBROVNIK CON LA ISLA DE LOKRUM AL FONDO.
Continúo mi periplo por la joya del Adriático y la observo desde la distancia, con el susurro de mis pensamientos contenido, para no perder detalle de esta ciudad medieval prodigiosa.

Las panorámicas de Dubrovnik, llegando desde la sinuosa carretera que conecta con la antigua Epidauro, actual Cavtat, son una maravilla. Los amantes de las alturas hallarán el cenit de su solaz en la subida al teleférico, que abre desde las 09:00-20:30 y tiene un precio de 10 euros ida y vuelta. Lo ideal es permanecer en la cúspide del monte Srd para ver el atardecer. Se pueden sacar unas fotografías extraordinarias desde la cruz en el promontorio, símbolo éste de la resistencia frente a los asedios de las huestes invasoras.

Muchos son los epítetos que se me ocurren para referirme a Dubrovnik. Todos ellos emparentados con el elogio y la lisonja. Probablemente uno de los más certeros sería: monumental. Es prolijo tanto su pertrecho arquitectónico como cultural. Parece tarea inabarcable enumerar cada uno de los rincones de esta ciudad que merecen las más altas distinciones. Podríamos comenzar por la concurrida y animadísima plaza principal o Stradun.

Aquí nos llamará la atención la Columna de Orlando (1418), obra del eximio escultor Bonino. Popularmente se habla de un sistema de medición que toma como referencia la longitud del brazo desde el codo de este soldado (Un codo de Dubrovnik= 51, 2 cms).

Para otorgar mayor pábulo a nuestras emociones, nada mejor que un agradable paseo por las murallas. El recorrido es de lo más interesante, si bien, puede resultar un poco exhaustivo para indolentes y sedentarios. El precio de los tickets es de 10 euros. Hay unas vistas sorprendentes desde la curiosa torre circular de Minceta (1464), construída por el prolífico arquitecto Juraj Dalmatinac.

Otro foco ineludible de turistas es, sin lugar a dudas, el interesantísimo monasterio franciscano, en cuyo interior encontraremos la farmacia más antigua del mundo (1317).
Aquí se expendían medicinas para los monjes. Las familias pudientes de nobles y aristócratas gozaban del privilegio de tener sus propias capillas y tumbas dentro del monasterio. Es también bastante impresionante la opulenta recolección de alhajas de oro y plata, como el brazo de San Lorenzo (S.XV). Todo ello fue donado por las familias aristócratas de ilustre abolengo anteriormente mencionadas.

Abandono este recinto sagrado para entremezclarme con el enjambre humano de Dubrovnik. Parada de rigor en la Catedral de la Asunción de María (S.XVIII), construída por el arquitecto Buffalini. Muy bonita por fuera, un tanto parco y llano su interior de blancas paredes. A falta de capital para dotarla del ornamento que merece, quedó bastante desangelada y apática. Hay que tener en cuenta que el pavoroso seísmo que dejó miles de víctimas en la ciudad, (1667), la sumió también en un terrible declive económico.

CATEDRAL DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA.

Dubrovnik es una ciudad donde la poesía y la literatura se abren paso como una suave brisa vespertina. Nombres afamados manan de su empedrado medieval como una fuente inagotable de prosa y rimas. En la alegre explanada de Gundulic, donde se pone cada día un interesante mercado al aire libre, nos topamos con la grácil efigie del poeta Iván Gundulic, conocido como “El poeta de la libertad”.

No menos emblemático fue también el trotamundos Marin Drzic (SXVI), quien difundió su prosa por media Europa. No en vano fue reconocido y aclamado como el “Moliere croata”.
Nos encontramos en una ciudad que rinde culto y goza del amparo del Santo Patrón San Blas. Por ello es menester rendir homenaje a la bonita iglesia barroca de este venerable protector. Tal vez encuentre el visitante mucho más despampanante la colosal iglesia de San Ignacio de Loyola (1725). Ubicada en un terreno desabrido, de ominosa catadura al caer la noche, resulta impactante cuando la luz de la mañana despunta sobre su imponente fachada y su interior majestuoso.

Concluyendo ya con este pormenorizado sumario de la heterogénea miscelánea cultural de Dubrovnik, me detengo unos instantes en el sobrio e interesante Palacio de los Rectores. Se puede visitar la primera planta, donde vivía el rector. Vemos una profusa colección de lienzos que captan los semblantes nobles de personajes ilustres de la época.

En la planta baja nos llamará la atención el busto de un plebeyo llamado Michaeli Prazatto. Curiosa la historia de este comerciante, que, a su muerte, legó todo su dinero al estado. En justo reconocimiento se mandó esculpir el busto que ahora se puede visitar en el Palacio del Rector.
BUSTO DEL COMERCIANTE MICHAELI PRAZATTO. PALACIO DEL RECTOR.

DUBROVNIK; LA JOYA DEL ADRIÁTICO.

VISTA DE DUBROVNIK DESDE EL TELEFÉRICO
Me han hablado muchas veces de la joya de Europa; las odas y loas grandilocuentes acerca de sus incontables excelencias. Se referían aquellos interlocutores a Praga. Dado que no he visitado jamás esta ciudad, me abstendré de entrar en arriesgadas comparaciones que irían abocadas al desatino más mayúsculo.

falta de un análisis comparativo y, con permiso de Praga, me permitiré el lujo de defenestrarla de su podio altanero para que ocupe su egregio lugar Dubrovnik: la joya del adriático.
Sucede con relativa frecuencia que, cuando un asunto se reviste de opulencias, la realidad queda menoscabada, pues era excesivo tanto boato y profusión de encomios. No es este el caso de Dubrovnik, prodigiosa ciudad medieval que establece una concordante simbiósis entre su justificadísima repercusión y su implacable belleza deslumbrante.

Nada ficticio hay en las leyendas que van de boca en boca narrando los innumerables encantos de la antigua ciudad de Ragusa, fundada por los romanos ya en el siglo VI-VII a raíz de la destrucción de la villa romana de Epidauro, ubicada en el actual emplazamiento de la vecina localidad de Cavtat.
Edificada sobre un gran peñasco, en una zona prolija en acantilados, ya existe mención de la ciudad en documentos que datan del siglo XII. Hay que remontarse hasta el siglo V para desenterrar antiquísimos vestigios de asentamientos bizantinos.

CENTRO CASCO HISTÓRICO DESDE LAS MURALLAS.

Sorprende la capacidad regeneradora de Dubrovnik, una villa medieval exquisita que superó con amargura los asedios de los sarracenos en el siglo IX; sojuzgados por los venecianos entre los años 1205-1358, sometidos después por las tropas napoleónicas y bombardeada sin tregua...
Por si fuera poco, una nueva debacle se cernía sobre la castigada ciudad... el apoteósico terremoto acaecido enel año 1667, que dejaría un dramático balance de entre 1000-5000 víctimas mortales.
Dubrovnik conoció su desarrollo económico y social a partir del siglo X, y alcanzaría su cénit 500 años después. Aterrorizados por los implacables asedios que sufrían constantemente, queda la ciudad totalmente fortificada en el siglo XIII.

Las murallas, en cuya construcción participó el ínclito arquitecto Juraj Dalmatinac, poseen una longitud de 1940 metros, y un grosor que oscila entre los 2 y los 6 metros.
Me encamino hacia el núcleo activo de Dubrovnik a través de la preciosa puerta de Pîle, con su magnífico y encantador puente levadizo construído en el siglo XV.
Otro acceso al corazón de la ciudad está en una segunda puerta, llamada Ploce. inmediatamente me apercibo de que Dubrovnik precisa de, al menos, tres o cuatro días para disfrutar sin prisas de todo cuanto nos ofrece a manos llenas.

Es una ciudad muy turística que adolece de las típicas masificaciones que hallaríamos en Florencia, Roma o Paris. Por las mañanas y hasta bien entrada la tarde se convierten estas calles en verdaderos hervideros de gente con la llegada ininterrumpida de los cruceros. Por ello, no podemos olvidar en nuestro equipaje buenas dosis de paciencia y tolerancia.

Las noches y últimas horas de la tarde, cuando Dubrovnik digiere ya la congestión matinal y se regocija en la quietud del reposo, son de lo más deleitosos los paseos por la Stradun o plaza principal, así como las animadísimas callejuelas: Ulica Kuniceva, Zamanjina o Boskoviceva, sólo por mencionar una exigua cuadrilla de un ramillete mucho más profuso.

Esta zona es idónea para sentarse a tomar algo en las terracitas exteriores. En cuanto a menesteres gastronómicos se refiere, sería recomendable dirigirse, con tiempo suficiente, al solicitadísimo restaurante Lokanda Peskarija. Por menos de 10 euros ya te sirven unas raciones suculentas de marisco, pescado, risotto, de proporciones colosales, ideadas para tragaldabas y famélicos. Ubicado en la Old Town o parte antigua de la ciudad (S.XII), normalmente habrá que esperar un buen rato para conseguir mesa.

No son centellas sirviendo, por tanto mucha paciencia y comprensión, hay muchos comensales cenando o esperando turno. Sin embargo, la espera merece la pena con creces.
Fantásticos son también los locales con terraza exterior y música en directo. Jazz, saxofonistas, cantautores, representaciones teatrales, grupos corales.... Dubrovnik se convierte en un pintoresco escenario.
Prosiguiendo unos instantes más con los inapelables designios de la manduca, habrá quienes adopten una postura mucho más conservadora y se decanten exclusivamente por la típica comida italiana: pizzas, ravioli, pasta. Encontrarán su paraíso terrenal estos comensales en las callejuelas angostas que culebrean en torno a la plaza principal o Stradun.

La zona antigua de la ciudad, donde encontramos el fantástico restaurante Lokanda Peskarija, es ideal para contratar excursiones a lugares totalmente recomendables como la isla de Lokrum, Korcula o el Parque Nacional de Mljet.

VISTA DEL ADRIÁTICO CON DUBROVNIK AL FONDO.
VISTA DE DUBROVNIK DESDE EL TELEFÉRICO



Me han hablado muchas veces de la joya de Europa; las odas y loas grandilocuentes acerca de sus incontables excelencias. Se referían aquellos interlocutores a Praga. Dado que no he visitado jamás esta ciudad, me abstendré de entrar en arriesgadas comparaciones que irían abocadas al desatino más mayúsculo.



A falta de un análisis comparativo y, con permiso de Praga, me permitiré el lujo de defenestrarla de su podio altanero para que ocupe su egregio lugar Dubrovnik: la joya del adriático.



Sucede con relativa frecuencia que, cuando un asunto se reviste de opulencias, la realidad queda menoscabada, pues era excesivo tanto boato y profusión de encomios. No es este el caso de Dubrovnik, prodigiosa ciudad medieval que establece una concordante simbiósis entre su justificadísima repercusión y su implacable belleza deslumbrante. Nada ficticio hay en las leyendas que van de boca en boca narrando los innumerables encantos de la antigua ciudad de Ragusa, fundada por los romanos ya en el siglo VI-VII a raíz de la destrucción de la villa romana de Epidauro, ubicada en el actual emplazamiento de la vecina localidad de Cavtat.



Edificada sobre un gran peñasco, en una zona prolija en acantilados, ya existe mención de la ciudad en documentos que datan del siglo XII. Hay que remontarse hasta el siglo V para desenterrar antiquísimos vestigios de asentamientos bizantinos.







CENTRO CASCO HISTÓRICO DESDE LAS MURALLAS.



Sorprende la capacidad regeneradora de Dubrovnik, una villa medieval exquisita que superó con amargura los asedios de los sarracenos en el siglo IX; sojuzgados por los venecianos entre los años 1205-1358, sometidos después por las tropas napoleónicas y bombardeada sin tregua...



Por si fuera poco, una nueva debacle se cernía sobre la castigada ciudad... el apoteósico terremoto acaecido enel año 1667, que dejaría un dramático balance de entre 1000-5000 víctimas mortales.



Dubrovnik conoció su desarrollo económico y social a partir del siglo X, y alcanzaría su cénit 500 años después. Aterrorizados por los implacables asedios que sufrían constantemente, queda la ciudad totalmente fortificada en el siglo XIII.



Las murallas, en cuya construcción participó el ínclito arquitecto Juraj Dalmatinac, poseen una longitud de 1940 metros, y un grosor que oscila entre los 2 y los 6 metros.



Me encamino hacia el núcleo activo de Dubrovnik a través de la preciosa puerta de Pîle, con su magnífico y encantador puente levadizo construído en el siglo XV.



Otro acceso al corazón de la ciudad está en una segunda puerta, llamada Ploce. inmediatamente me apercibo de que Dubrovnik precisa de, al menos, tres o cuatro días para disfrutar sin prisas de todo cuanto nos ofrece a manos llenas.



Es una ciudad muy turística que adolece de las típicas masificaciones que hallaríamos en Florencia, Roma o Paris. Por las mañanas y hasta bien entrada la tarde se convierten estas calles en verdaderos hervideros de gente con la llegada ininterrumpida de los cruceros. Por ello, no podemos olvidar en nuestro equipaje buenas dosis de paciencia y tolerancia.



Las noches y últimas horas de la tarde, cuando Dubrovnik digiere ya la congestión matinal y se regocija en la quietud del reposo, son de lo más deleitosos los paseos por la Stradun o plaza principal, así como las animadísimas callejuelas: Ulica Kuniceva, Zamanjina o Boskoviceva, sólo por mencionar una exigua cuadrilla de un ramillete mucho más profuso.



Esta zona es idónea para sentarse a tomar algo en las terracitas exteriores. En cuanto a menesteres gastronómicos se refiere, sería recomendable dirigirse, con tiempo suficiente, al solicitadísimo restaurante Lokanda Peskarija. Por menos de 10 euros ya te sirven unas raciones suculentas de marisco, pescado, risotto, de proporciones colosales, ideadas para tragaldabas y famélicos. Ubicado en la Old Town o parte antigua de la ciudad (S.XII), normalmente habrá que esperar un buen rato para conseguir mesa.



No son centellas sirviendo, por tanto mucha paciencia y comprensión, hay muchos comensales cenando o esperando turno. Sin embargo, la espera merece la pena con creces.



Fantásticos son también los locales con terraza exterior y música en directo. Jazz, saxofonistas, cantautores, representaciones teatrales, grupos corales.... Dubrovnik se convierte en un pintoresco escenario.



Prosiguiendo unos instantes más con los inapelables designios de la manduca, habrá quienes adopten una postura mucho más conservadora y se decanten exclusivamente por la típica comida italiana: pizzas, ravioli, pasta. Encontrarán su paraíso terrenal estos comensales en las callejuelas angostas que culebrean en torno a la plaza principal o Stradun.



La zona antigua de la ciudad, donde encontramos el fantástico restaurante Lokanda Peskarija, es ideal para contratar excursiones a lugares totalmente recomendables como la isla de Lokrum, Korcula o el Parque Nacional de Mljet.







VISTA DEL ADRIÁTICO CON DUBROVNIK AL FONDO.

DUBROVNIK, LA JOYA DEL ADRIÁTICO.

VISTA DE DUBROVNIK DESDE EL TELEFÉRICO



Me han hablado muchas veces de la joya de Europa; las odas y loas grandilocuentes acerca de sus incontables excelencias. Se referían aquellos interlocutores a Praga. Dado que no he visitado jamás esta ciudad, me abstendré de entrar en arriesgadas comparaciones que irían abocadas al desatino más mayúsculo.



A falta de un análisis comparativo y, con permiso de Praga, me permitiré el lujo de defenestrarla de su podio altanero para que ocupe su egregio lugar Dubrovnik: la joya del adriático.



Sucede con relativa frecuencia que, cuando un asunto se reviste de opulencias, la realidad queda menoscabada, pues era excesivo tanto boato y profusión de encomios. No es este el caso de Dubrovnik, prodigiosa ciudad medieval que establece una concordante simbiósis entre su justificadísima repercusión y su implacable belleza deslumbrante. Nada ficticio hay en las leyendas que van de boca en boca narrando los innumerables encantos de la antigua ciudad de Ragusa, fundada por los romanos ya en el siglo VI-VII a raíz de la destrucción de la villa romana de Epidauro, ubicada en el actual emplazamiento de la vecina localidad de Cavtat.



Edificada sobre un gran peñasco, en una zona prolija en acantilados, ya existe mención de la ciudad en documentos que datan del siglo XII. Hay que remontarse hasta el siglo V para desenterrar antiquísimos vestigios de asentamientos bizantinos.







CENTRO CASCO HISTÓRICO DESDE LAS MURALLAS.



Sorprende la capacidad regeneradora de Dubrovnik, una villa medieval exquisita que superó con amargura los asedios de los sarracenos en el siglo IX; sojuzgados por los venecianos entre los años 1205-1358, sometidos después por las tropas napoleónicas y bombardeada sin tregua...



Por si fuera poco, una nueva debacle se cernía sobre la castigada ciudad... el apoteósico terremoto acaecido enel año 1667, que dejaría un dramático balance de entre 1000-5000 víctimas mortales.



Dubrovnik conoció su desarrollo económico y social a partir del siglo X, y alcanzaría su cénit 500 años después. Aterrorizados por los implacables asedios que sufrían constantemente, queda la ciudad totalmente fortificada en el siglo XIII.



Las murallas, en cuya construcción participó el ínclito arquitecto Juraj Dalmatinac, poseen una longitud de 1940 metros, y un grosor que oscila entre los 2 y los 6 metros.



Me encamino hacia el núcleo activo de Dubrovnik a través de la preciosa puerta de Pîle, con su magnífico y encantador puente levadizo construído en el siglo XV.



Otro acceso al corazón de la ciudad está en una segunda puerta, llamada Ploce. inmediatamente me apercibo de que Dubrovnik precisa de, al menos, tres o cuatro días para disfrutar sin prisas de todo cuanto nos ofrece a manos llenas.



Es una ciudad muy turística que adolece de las típicas masificaciones que hallaríamos en Florencia, Roma o Paris. Por las mañanas y hasta bien entrada la tarde se convierten estas calles en verdaderos hervideros de gente con la llegada ininterrumpida de los cruceros. Por ello, no podemos olvidar en nuestro equipaje buenas dosis de paciencia y tolerancia.



Las noches y últimas horas de la tarde, cuando Dubrovnik digiere ya la congestión matinal y se regocija en la quietud del reposo, son de lo más deleitosos los paseos por la Stradun o plaza principal, así como las animadísimas callejuelas: Ulica Kuniceva, Zamanjina o Boskoviceva, sólo por mencionar una exigua cuadrilla de un ramillete mucho más profuso.



Esta zona es idónea para sentarse a tomar algo en las terracitas exteriores. En cuanto a menesteres gastronómicos se refiere, sería recomendable dirigirse, con tiempo suficiente, al solicitadísimo restaurante Lokanda Peskarija. Por menos de 10 euros ya te sirven unas raciones suculentas de marisco, pescado, risotto, de proporciones colosales, ideadas para tragaldabas y famélicos. Ubicado en la Old Town o parte antigua de la ciudad (S.XII), normalmente habrá que esperar un buen rato para conseguir mesa.



No son centellas sirviendo, por tanto mucha paciencia y comprensión, hay muchos comensales cenando o esperando turno. Sin embargo, la espera merece la pena con creces.



Fantásticos son también los locales con terraza exterior y música en directo. Jazz, saxofonistas, cantautores, representaciones teatrales, grupos corales.... Dubrovnik se convierte en un pintoresco escenario.



Prosiguiendo unos instantes más con los inapelables designios de la manduca, habrá quienes adopten una postura mucho más conservadora y se decanten exclusivamente por la típica comida italiana: pizzas, ravioli, pasta. Encontrarán su paraíso terrenal estos comensales en las callejuelas angostas que culebrean en torno a la plaza principal o Stradun.



La zona antigua de la ciudad, donde encontramos el fantástico restaurante Lokanda Peskarija, es ideal para contratar excursiones a lugares totalmente recomendables como la isla de Lokrum, Korcula o el Parque Nacional de Mljet.







VISTA DEL ADRIÁTICO CON DUBROVNIK AL FONDO.

miércoles, 6 de octubre de 2010

SPLIT; LA CIUDAD DEL PALACIO DIOCLECIANO YLA CATEDRAL DE SAN DIMAS, PARTE II

Split, la ciudad del Palacio Diocleciano y la Catedral de San Dimas(Parte II)

Algo característico de esta ciudad asediada y bombardeada sin tregua son los angostos callejones con ropa tendida
PERISTILO DEL PALACIO DEL EMPERADOR DIOCLECIANO. MÚSICA EN VIVO ANTE LA FASTUOSA CAFETERÍA LUXOR.
Abandonando el soliloquio concerniente al fatuo Diocleciano, levanto mi mirada hacia otras grandezas de Split y me postro ante la magnífica catedral de San Dimas, patrón de la ciudad.
Aunque pequeña y coqueta no es modesto ni pacato su esplendoroso conjunto arquitectónico. Baste como ejemplo el fantástico coro barroco del siglo XIII, o el altar de San Anastasio y el púlpito románico (S.XIII).
Como singularidad, hay que acercarse hasta el callejón estrechísimo "Déjeme pasar"; apenas una ranura en la pared... hay que pasar en fila de a uno
No menos asombroso es el trabajo impecable, realizado por el maestro artesano milanés Bonino, en la confección del altar del patrón San Dimas; una joya gótica del año 1427.
También se unen a este manojo de suntuosidades los preciosos capiteles corintios de las columnas en el interior de la catedral, o el refinado relieve del pórtico realizado por Buvina (1214).
Merece la pena la subida al campanario para obtener una panorámica fabulosa de la ciudad. Después, si el agotamiento no menoscaba nuestro espíritu aventurero, es idóneo un paseo por las callejuelas medievales de Split, donde veremos con frecuencia una estampa muy característica: la ropa tendida.
El obispo Gregorio impone en el siglo X el uso del idioma croata en las liturgias de todas las iglesias, desbancando así el latín
Es muy animada la Vukoviceva Ulica y aledañas. Aquí encontraremos multitud de terracitas y cafeterías. También reseñaría la zona donde se ubica la calle Zlana Vratja y por supuesto, la céntrica Narodni Trg.
Como singularidad, hay que acercarse hasta el callejón estrechísimo "Déjeme pasar"; apenas una ranura en la pared... hay que pasar en fila de a uno. Otro punto estratégico de Split es por supuesto el ayuntamiento (S.XV). Su heterogénea construcción muestra una fachada de estilo austríaco y detalles románicos y venecianos.
CALLEJON "DEJEME PASAR" -SPLIT-
No podemos pasar por delante sin detenernos a observar la impresionante efigie del obispo Gregorio (S.X), quien propugnara el lenguaje croata en las iglesias, derogando así el uso del latín.
PANORAMICA

Una encantadora ciudad medieval llamada Trogir

En el siglo III a.c los griegos la denominaban Tragurium. Similar a otras localidades como Zadar o Split, Trogir posee el casco románico-gótico mejor conservado de toda Europa central
VISTAS DE TROGIR.
En mi artículo anterior departía yo acerca de los evidentes acicates de la majestuosa ciudad de Split. Aun sometida al acoso de las bombas y la metralla, conserva su carisma y personalidad intactos.
En una dimensión mucho más abreviada pavonea su belleza, confinada dentro de un casco histórico mucho más pequeño, la villa medieval de Trogir. Bautizada por los griegos como Tragurium en el siglo III a.c, han sido estas tierras objetivo de conquista de huestes venecianas, romanas, francesas, húngaras...
PANORAMICAS DE TROGIR
El estado de conservación de esta localidad es inmejorable. Paseando por sus callejuelas angostas me convierto en un personaje de una novela medieval. Impecable como pocas, ensombreciendo a otras preciosas ciudades croatas como Sibenik o Zadar, Trogir puede enorgullecerse de poseer el casco histórico románico-gótico mejor preservado de toda Europa central.
En sus albores volvemos a toparnos con las contumaces hordas otomanas, que avasallan la ciudad en el siglo XVIII destruyéndola por completo.
En el episodio de asedios y transformaciones de Trogir es imprescindible rescatar del arcón de la memoria al infatigable Napoleón, quien entra en la ciudad entre los años 1806-1814 y la convierte en provincias ilirias. Con su caída quedarían anexionadas estas al imperio Austro-húngaro.
Trogir nos ofrece un idílico jardín de delicias arquitectónicas, amparadas por la Unesco desde el año 1997, El pulso de la ciudad, el latido vibratil de Trogir, se halla en Narodni Trg, antigua Plaza de la Señoría. Aquí se nos desviará la mirada curiosa hacia el Ayuntamiento (S.XV), o el impresionante campanario gótico, con 280 peldaños que nos llevarán a la cúspide de la torre. Las panorámicas, situados a 47 metros de altura, son excelentes.
Trogir fue declarada villa medieval protegida por la Unesco en el año 1997
Si se goza de tiempo suficiente hay que callejear por el entramado laberíntico de calles medievales y reparar en las bonitas casas de familias nobles, así como los palacios de la acaudalada familia Cipiko, ubicados en la zona occidental de Trogir.
Uno de los nombres propios que nadan en la superficie de esta ciudad rebosante de belleza lo inscribe en grafía de oro el sobresaliente arquitecto Radovan. Su pericia innegable dota a Trogir de un encanto apabullante. La estela de su arte está impreso por toda la ciudad como un sello indeleble. Probablemente su trabajo más superlativo lo encontramos en la maravillosa catedral de San Lorenzo (S.XIII). La confección de los detalles ornamentales del pórtico (1240) son fidedigna muestra de su grandeza.
El paso de los venecianos dejó diversos legados para la posteridad, entre ellos la fantástica fortaleza o castillo de Kamerlengo (1450). Podemos continuar durante horas visitando monasterios, conventos e iglesias; el conjunto arquitectónico es realmente copioso.
Mi recomendación sería no descartar en la criba iglesias como la de San Juan Bautista, la de San Nicolás o Santa Bárbara. Sobre la puerta septentrional de Trogir se erige sobre nuestras testas una efigie del santo patrón de la ciudad, Juan de Trogir. Se trata de una hermosa estatua del siglo XV realizada por el conspicuo artesano Bonino.

viernes, 1 de octubre de 2010

Split, la ciudad del Palacio Diocleciano y la Catedral de San Dimas (Parte I)


PERISTILO DEL PALACIO DIOCLECIANO. SPLIT.
Uno de los recurrentes y atractivos matices arquitectónicos que destacan en multitud de encantadoras villas en Croacia son las angosturas de las callejuelas medievales empedradas. Referentes en esta línea de excelsa belleza son ciudades como Trogir, Zadar y Split, rutilante protagonista de mi artículo matinal.


En sus épicos orígenes portuarios esta ciudad, vinculada estrechamente con el mar, fue un importante centro neurálgico allá por el siglo XIII-XV. Eran tiempos de bonanza, y su esplendor parejo al de la "limítrofe" y boyante ciudad de Salona, capital de Dalmacia entonces.


Las hordas de los ávaros-eslavos demolerían tanta fortuna, así como sus quiméricas aspiraciones de posteridad, y arrasarían Salona en el siglo VIII dejando un rastro de ruinas y desolación. Los supervivientes de la barbarie huirían despavoridos a Split en busca de refugio dentro de las murallas del Palacio Diocleciano.
INTERIOR DEL PALACIO DIOCLECIANO.
Se trata sin duda de la enseña de la ciudad. En su cavernoso interior recorro iluminadas galerías que parecen grutas subterráneas que escondieran legendarios tesoros. No hubo, por supuesto, alijos de alhajas para los denigrados esclavos, más de 10.000, que erigieron la colosal residencia del ufano emperador romano Diocleciano en el siglo IV.


Las dimensiones de este templo de soberbia y poder son de 30.000 metros cuadrados, parangón de la egolatría de su morador. Atravieso túneles y pórticos rocosos como una insignificante polilla perdida en la inmensidad de una gran jungla de piedra. En cada sala el visitante es agasajado con valiosos paneles informativos, que nos narran los avatares acaecidos en los intramuros de la antigua ciudad griega de Aspalatos, Split en la actualidad.

Es realmente interesante contemplar las diferencias de la Split contemporánea con la que concibiera el notable emperador. En el precioso y concurrido paseo marítimo encontraremos una fantástica maqueta de la ciudad, como testimonio del legado que heredarían sucesivas generaciones de croatas.


Cuatro puertas daban acceso al ampuloso palacio Diocleciano. Estaban clasificadas siguiendo un rango de importancia, siendo la de oro, que daba al mar, la más eminente. Como cabe figurarse, era ésta la puerta privada del emperador, con vistas panorámicas del puerto más relevante del Adriático en el S.III-IV, el puerto de Salona.


Llegamos a la zona donde se hallan las bodegas, el salón, el comedor... En este área del palacio nos topamos con un entramado de vigas de madera que todavía permanecen incólumes después de 1700 años, pese a las frecuentes riadas que inundaban Split en época romana.

Puede resultar un tanto brumoso y tedioso desmenuzar cronológicamente cada etapa vital del emperador, quien falleciera en el año 316. Podemos disfrutar igualmente de su portentosa obra arquitectónica desde el exterior y contemplar asombrados los formidables muros del palacio (2 metros de espesor).


De manera unánime, como un solidario enjambre de visitantes, hallaremos el patio del peristilo, plaza central del palacio Diocleciano, abarrotado. Era en este lugar bullicioso y alegre donde el emperador esperaba en su trono la llegada de las delegaciones.

Al atardecer se inviste el patio del Peristilo de arte y cultura con los músicos que tocan delante de la fantástica entrada palaciega de la cafetería Luxor. Es frecuente cada mañana toparse con legiones de diligentes guías turísticos para quienes deseen hacer un recorrido por la ciudad.


Son sobrecogedoras también las columnas de esta plaza central del palacio. Su antigüedad se estima en los 3.500 años. En época romana el patio del Peristilo estaba decorado con 16 esfinges negras de granito que pertenecieron al faraón egipcio Tutmosis (1500 a.c)


Durante sus 20 años de reinado Diocleciano se rodeó de suntuosidad, como atestiguaban en su día los suelos, totalmente cubiertos de mosaicos, y cada uno de los lujosos elementos arquitectónicos ornamentales que imprimía en su Real residencia. En el siglo VII esta pasará a convertirse en catedral.

Antes de abandonar este lugar podemos caminar hasta el anexo del Templo de Júpiter, el único recinto pagano dentro del palacio. Aquí se hallaban las guarniciones imperiales que controlaban el acceso hasta las dependencias de Diocleciano, sitas sobre las galerías subterráneas.


ASPECTO AMURALLADO DE SPLIT EN TIEMPOS DEL REINADO DEL EMPERADOR ROMANO DIOCLECIANO.


Próximo artículo: Split, la ciudad del Palacio Diocleciano y la Catedral de San Dimas (Parte II)