Páginas vistas en total

miércoles, 13 de octubre de 2010

VISTA DE DUBROVNIK DESDE EL TELEFÉRICO



Me han hablado muchas veces de la joya de Europa; las odas y loas grandilocuentes acerca de sus incontables excelencias. Se referían aquellos interlocutores a Praga. Dado que no he visitado jamás esta ciudad, me abstendré de entrar en arriesgadas comparaciones que irían abocadas al desatino más mayúsculo.



A falta de un análisis comparativo y, con permiso de Praga, me permitiré el lujo de defenestrarla de su podio altanero para que ocupe su egregio lugar Dubrovnik: la joya del adriático.



Sucede con relativa frecuencia que, cuando un asunto se reviste de opulencias, la realidad queda menoscabada, pues era excesivo tanto boato y profusión de encomios. No es este el caso de Dubrovnik, prodigiosa ciudad medieval que establece una concordante simbiósis entre su justificadísima repercusión y su implacable belleza deslumbrante. Nada ficticio hay en las leyendas que van de boca en boca narrando los innumerables encantos de la antigua ciudad de Ragusa, fundada por los romanos ya en el siglo VI-VII a raíz de la destrucción de la villa romana de Epidauro, ubicada en el actual emplazamiento de la vecina localidad de Cavtat.



Edificada sobre un gran peñasco, en una zona prolija en acantilados, ya existe mención de la ciudad en documentos que datan del siglo XII. Hay que remontarse hasta el siglo V para desenterrar antiquísimos vestigios de asentamientos bizantinos.







CENTRO CASCO HISTÓRICO DESDE LAS MURALLAS.



Sorprende la capacidad regeneradora de Dubrovnik, una villa medieval exquisita que superó con amargura los asedios de los sarracenos en el siglo IX; sojuzgados por los venecianos entre los años 1205-1358, sometidos después por las tropas napoleónicas y bombardeada sin tregua...



Por si fuera poco, una nueva debacle se cernía sobre la castigada ciudad... el apoteósico terremoto acaecido enel año 1667, que dejaría un dramático balance de entre 1000-5000 víctimas mortales.



Dubrovnik conoció su desarrollo económico y social a partir del siglo X, y alcanzaría su cénit 500 años después. Aterrorizados por los implacables asedios que sufrían constantemente, queda la ciudad totalmente fortificada en el siglo XIII.



Las murallas, en cuya construcción participó el ínclito arquitecto Juraj Dalmatinac, poseen una longitud de 1940 metros, y un grosor que oscila entre los 2 y los 6 metros.



Me encamino hacia el núcleo activo de Dubrovnik a través de la preciosa puerta de Pîle, con su magnífico y encantador puente levadizo construído en el siglo XV.



Otro acceso al corazón de la ciudad está en una segunda puerta, llamada Ploce. inmediatamente me apercibo de que Dubrovnik precisa de, al menos, tres o cuatro días para disfrutar sin prisas de todo cuanto nos ofrece a manos llenas.



Es una ciudad muy turística que adolece de las típicas masificaciones que hallaríamos en Florencia, Roma o Paris. Por las mañanas y hasta bien entrada la tarde se convierten estas calles en verdaderos hervideros de gente con la llegada ininterrumpida de los cruceros. Por ello, no podemos olvidar en nuestro equipaje buenas dosis de paciencia y tolerancia.



Las noches y últimas horas de la tarde, cuando Dubrovnik digiere ya la congestión matinal y se regocija en la quietud del reposo, son de lo más deleitosos los paseos por la Stradun o plaza principal, así como las animadísimas callejuelas: Ulica Kuniceva, Zamanjina o Boskoviceva, sólo por mencionar una exigua cuadrilla de un ramillete mucho más profuso.



Esta zona es idónea para sentarse a tomar algo en las terracitas exteriores. En cuanto a menesteres gastronómicos se refiere, sería recomendable dirigirse, con tiempo suficiente, al solicitadísimo restaurante Lokanda Peskarija. Por menos de 10 euros ya te sirven unas raciones suculentas de marisco, pescado, risotto, de proporciones colosales, ideadas para tragaldabas y famélicos. Ubicado en la Old Town o parte antigua de la ciudad (S.XII), normalmente habrá que esperar un buen rato para conseguir mesa.



No son centellas sirviendo, por tanto mucha paciencia y comprensión, hay muchos comensales cenando o esperando turno. Sin embargo, la espera merece la pena con creces.



Fantásticos son también los locales con terraza exterior y música en directo. Jazz, saxofonistas, cantautores, representaciones teatrales, grupos corales.... Dubrovnik se convierte en un pintoresco escenario.



Prosiguiendo unos instantes más con los inapelables designios de la manduca, habrá quienes adopten una postura mucho más conservadora y se decanten exclusivamente por la típica comida italiana: pizzas, ravioli, pasta. Encontrarán su paraíso terrenal estos comensales en las callejuelas angostas que culebrean en torno a la plaza principal o Stradun.



La zona antigua de la ciudad, donde encontramos el fantástico restaurante Lokanda Peskarija, es ideal para contratar excursiones a lugares totalmente recomendables como la isla de Lokrum, Korcula o el Parque Nacional de Mljet.







VISTA DEL ADRIÁTICO CON DUBROVNIK AL FONDO.

No hay comentarios: