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viernes, 1 de octubre de 2010

Split, la ciudad del Palacio Diocleciano y la Catedral de San Dimas (Parte I)


PERISTILO DEL PALACIO DIOCLECIANO. SPLIT.
Uno de los recurrentes y atractivos matices arquitectónicos que destacan en multitud de encantadoras villas en Croacia son las angosturas de las callejuelas medievales empedradas. Referentes en esta línea de excelsa belleza son ciudades como Trogir, Zadar y Split, rutilante protagonista de mi artículo matinal.


En sus épicos orígenes portuarios esta ciudad, vinculada estrechamente con el mar, fue un importante centro neurálgico allá por el siglo XIII-XV. Eran tiempos de bonanza, y su esplendor parejo al de la "limítrofe" y boyante ciudad de Salona, capital de Dalmacia entonces.


Las hordas de los ávaros-eslavos demolerían tanta fortuna, así como sus quiméricas aspiraciones de posteridad, y arrasarían Salona en el siglo VIII dejando un rastro de ruinas y desolación. Los supervivientes de la barbarie huirían despavoridos a Split en busca de refugio dentro de las murallas del Palacio Diocleciano.
INTERIOR DEL PALACIO DIOCLECIANO.
Se trata sin duda de la enseña de la ciudad. En su cavernoso interior recorro iluminadas galerías que parecen grutas subterráneas que escondieran legendarios tesoros. No hubo, por supuesto, alijos de alhajas para los denigrados esclavos, más de 10.000, que erigieron la colosal residencia del ufano emperador romano Diocleciano en el siglo IV.


Las dimensiones de este templo de soberbia y poder son de 30.000 metros cuadrados, parangón de la egolatría de su morador. Atravieso túneles y pórticos rocosos como una insignificante polilla perdida en la inmensidad de una gran jungla de piedra. En cada sala el visitante es agasajado con valiosos paneles informativos, que nos narran los avatares acaecidos en los intramuros de la antigua ciudad griega de Aspalatos, Split en la actualidad.

Es realmente interesante contemplar las diferencias de la Split contemporánea con la que concibiera el notable emperador. En el precioso y concurrido paseo marítimo encontraremos una fantástica maqueta de la ciudad, como testimonio del legado que heredarían sucesivas generaciones de croatas.


Cuatro puertas daban acceso al ampuloso palacio Diocleciano. Estaban clasificadas siguiendo un rango de importancia, siendo la de oro, que daba al mar, la más eminente. Como cabe figurarse, era ésta la puerta privada del emperador, con vistas panorámicas del puerto más relevante del Adriático en el S.III-IV, el puerto de Salona.


Llegamos a la zona donde se hallan las bodegas, el salón, el comedor... En este área del palacio nos topamos con un entramado de vigas de madera que todavía permanecen incólumes después de 1700 años, pese a las frecuentes riadas que inundaban Split en época romana.

Puede resultar un tanto brumoso y tedioso desmenuzar cronológicamente cada etapa vital del emperador, quien falleciera en el año 316. Podemos disfrutar igualmente de su portentosa obra arquitectónica desde el exterior y contemplar asombrados los formidables muros del palacio (2 metros de espesor).


De manera unánime, como un solidario enjambre de visitantes, hallaremos el patio del peristilo, plaza central del palacio Diocleciano, abarrotado. Era en este lugar bullicioso y alegre donde el emperador esperaba en su trono la llegada de las delegaciones.

Al atardecer se inviste el patio del Peristilo de arte y cultura con los músicos que tocan delante de la fantástica entrada palaciega de la cafetería Luxor. Es frecuente cada mañana toparse con legiones de diligentes guías turísticos para quienes deseen hacer un recorrido por la ciudad.


Son sobrecogedoras también las columnas de esta plaza central del palacio. Su antigüedad se estima en los 3.500 años. En época romana el patio del Peristilo estaba decorado con 16 esfinges negras de granito que pertenecieron al faraón egipcio Tutmosis (1500 a.c)


Durante sus 20 años de reinado Diocleciano se rodeó de suntuosidad, como atestiguaban en su día los suelos, totalmente cubiertos de mosaicos, y cada uno de los lujosos elementos arquitectónicos ornamentales que imprimía en su Real residencia. En el siglo VII esta pasará a convertirse en catedral.

Antes de abandonar este lugar podemos caminar hasta el anexo del Templo de Júpiter, el único recinto pagano dentro del palacio. Aquí se hallaban las guarniciones imperiales que controlaban el acceso hasta las dependencias de Diocleciano, sitas sobre las galerías subterráneas.


ASPECTO AMURALLADO DE SPLIT EN TIEMPOS DEL REINADO DEL EMPERADOR ROMANO DIOCLECIANO.


Próximo artículo: Split, la ciudad del Palacio Diocleciano y la Catedral de San Dimas (Parte II)

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